VISITA DEL PAPA | Vecinos del barrio de Lucero desafían el calor durante horas para recibir al Papa León XIV en Cedia: “No lo volveré a ver tan cerca”
Minutos antes de que el Papa León XIV llegara al Centro de Acogida CEDIA 24 Horas de Cáritas Madrid, en el barrio de Lucero, los protocolos quedaban en un segundo plano. También las vallas, los agentes desplegados en la zona y la expectación mediática que acompañaba la visita. De lo que se hablaba era de los nervios de la espera.
[–>[–>[–>Ángela llevaba horas conviviendo con ellos. A sus 90 años, la vecina de Latina había llegado a las tres de la tarde para asegurarse un buen sitio junto a las vallas. El cansancio no parecía hacer mella en ella. “No lo voy a olvidar nunca, no lo volveré a ver tan cerca”, aseguraba mientras esperaba la llegada del Pontífice. Sería la primera vez que vería a un Papa tan de cerca.
[–> [–>[–>Ángela, vecina de Latina, esperando la llegada del Papa al centro 24 Horas CEDIA / María Saiz
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Como Ángela, decenas de vecinos comenzaron a concentrarse frente al centro desde primera hora de la tarde. Algunos incluso llegaron alrededor de la una, cuando el movimiento de policías, voluntarios y trabajadores empezó a alterar la rutina habitual del barrio de Lucero. Con el paso de las horas, la expectación fue creciendo al mismo ritmo que el calor.
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El calor, otro de los protagonistas de la jornada
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Mercedes, junto con sus amigas Begoña y Manuela, habían encontrado refugio a la sombra después de varias horas de espera. Natural de Córdoba y residente en Madrid desde hace más de dos décadas, no quiso dejar pasar la oportunidad. “No podía esperar a la misa de mañana. Allí voy a estar muy lejos y esta era mi oportunidad de verle más de cerca”, explicaba. Vive en Aluche y la cercanía del acto terminó de convencerla. “Me quedaba al lado. Llevo aquí desde las tres y antes estaba más cerca, pero con este calor y con el sol de cara no iba a aguantar tanto tiempo”.
[–>[–>[–>A pocos metros de las vallas enfrente del centro, Miguel observaba de reojo a su madre, Encarna. A sus 86 años, ella tampoco había querido perderse la cita. Permaneció de pie durante buena parte de la tarde sin intención de abandonar su posición privilegiada. “Ha tenido suerte porque se ha puesto al lado de una mujer que le resguarda del sol”, bromeaba su hijo. Encarna asentía. Estaba dispuesta a esperar “el tiempo que haga falta”.
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Decenas de madrileños, esperando la llegada del Papa al CEDIA de Lucero / María Saiz
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La espera tenía algo de acontecimiento histórico y algo de reunión vecinal. Muchos asistentes se conocían entre sí. Otros compartían comentarios sobre el recorrido papal, intercambiaban rumores sobre la llegada de la comitiva o debatían si León XIV aparecería en un vehículo oficial o en el papamóvil. Sagrario y Carmen, vecinas de la zona, seguían la discusión con atención desde la calle de la Alhambra. “Hasta que no lo veamos, no lo sabemos”, zanjaban entre risas después de escuchar versiones contradictorias.
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[–>El saludo del Papa, lo más buscado
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Cada coche que aparecía al fondo de la calle provocaba el mismo movimiento. Los móviles se levantaban, las conversaciones se interrumpían y decenas de miradas buscaban una señal que confirmara la llegada. Después llegaba la falsa alarma y el murmullo regresaba.
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Hasta que esta vez sí era él. Los aplausos rompieron la espera cuando la comitiva de León XIV apareció frente al centro. Durante unos segundos, los vecinos no cesaban los gritos para captar una fotografía o un saludo del Pontífice antes de que accediera al interior del CEDIA 24 Horas, donde mantuvo un encuentro con usuarios y trabajadores de la institución.
[–>[–>[–>La visita apenas duró unos minutos para quienes observaban desde el exterior, todos ellos también esperaron a la salida. «Con todo lo que llevo esperando un poco más no es nada, me ha hecho muchísima ilusión», asegura Mercedes. Ella, como el resto de vecinos, comentaban lo que habían visto, revisaban las fotografías en sus teléfonos y compartían la sensación de haber asistido a una jornada poco habitual para el barrio.
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Por unas horas, Lucero dejó de ser un rincón discreto del sur de la capital para convertirse en una de las paradas más simbólicas de la visita de León XIV a Madrid. Y aunque el protagonismo era del Pontífice, buena parte de las conversaciones acabaron girando en torno al centro que había venido a visitar y a las personas que cada día encuentran allí refugio, acompañamiento y una nueva oportunidad.
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