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Sociología del aplauso interminable

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  • Publishedjunio 10, 2026


Si la IA no se equivoca, el récord de aplauso en concierto lo tiene Plácido Domingo (80 minutos, Viena, 1991). Pero ese es otro asunto, al que mueve no tanto el fervor del trance musical como la voluntad de marcar el peso del homenaje. En el caso del aplauso al Papa Prevost en el Congreso, el íter debió de ser el siguiente: el PSOE quiere apuntarse el tanto político, augurable por la sintonía en cuestiones clave (Trump, la IA, el rearme, la paz, la emigración), el PP trata de evitarlo. En esa puja Sánchez pretende marcar el gol en la tanda de aplausos, Feijóo intenta impedirlo con un marcaje pegajoso, sin ser el primero en bajar las manos. Ambos se miran por el rabillo del ojo sin dejar de aplaudir. Un análisis detallado de la imagen revelará si tras el minuto 7 el aplauso se va desflecando por el fondo, por los flancos o los capitanes mantuvieron la formación, hasta ordenar descanso.

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