El desgaste de Friedrich Merz abre dudas en la CDU
La fotografía política alemana ha cambiado rápidamente en los últimos meses. El partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) se consolida como primera fuerza en las encuestasla satisfacción con el Gobierno cae a niveles mínimos y Friedrich Merz tiene los peores índices de popularidad conocidos para un canciller en ejercicio. Nadie dentro de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) habla abiertamente de un sustituto, pero el creciente nerviosismo que recorre el partido refleja hasta qué punto la situación empieza a preocupar incluso a sectores que hace apenas un año celebraban su llegada al poder.
Los datos publicados esta semana por el instituto demográfico Infratest dimap muestran la magnitud del desgaste. Sólo el 13% de los alemanes se declara satisfecho con el trabajo del Gobierno y sólo el 16% aprueba la gestión del canciller. Al mismo tiempo, la CDU y su aliado bávaro, la Unión Social Cristiana, cayeron hasta el 23% de la intención de voto, mientras que el AfD amplió su ventaja y alcanzó el 27%. Son cifras que alimentan una sensación cada vez más extendida en Berlín de que el Ejecutivo no ha logrado convencer a una parte importante del electorado de que hay un rumbo claro para el país.
Gran parte del problema radica en la economía. Durante la campaña electoral, Merz hizo de la recuperación económica una de sus principales promesas. Sin embargo, el pesimismo sigue dominando el estado de ánimo de los ciudadanos y Sólo el 13% de los encuestados considera positiva la situación económica actualmientras que el 38% teme que su situación personal empeore durante el próximo año. Por primera vez en años, la economía ha desplazado a la inmigración como principal preocupación de los alemanes, una señal especialmente preocupante para una canciller que llegó al poder prometiendo precisamente un cambio de tendencia en ese ámbito. A esto se suma la creciente frustración con la capacidad del Gobierno para cumplir con las expectativas generadas durante la campaña. Merz ha defendido repetidamente la necesidad de llegar a compromisos dentro de la gran coalición, pero Muchos electores perciben una distancia cada vez mayor entre las promesas electorales y las decisiones adoptadas por la Cancillería. Este sentimiento de desencanto se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento de AfD y, por tanto, una mayoría de quienes votarían hoy por la formación ultra lo harían por decepción hacia los demás partidos y no por convicción ideológica.
El desgaste también alcanza a la política exterior, uno de los ámbitos en los que Merz había intentado construir su propia imagen desde su llegada al poder. La derrota de Alemania el miércoles en la votación para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue interpretada en Berlín como un golpe simbólico para una canciller que aspiraba a reforzar la presencia internacional del país. Las críticas a la gestión de la candidatura también se mezclaron con cuestionando ciertas posiciones del Gobierno sobre temas como la guerra de Gaza y desde las filas socialdemócratas incluso comenzaron a escucharse reproches sobre la necesidad de aplicar criterios más coherentes en materia de derecho internacional.
Por otro lado, Merz tiene menos margen político que otros cancilleres que atravesaron momentos de impopularidad al inicio de sus mandatos. El AfD no sólo sigue siendo la fuerza líder en las encuestas, sino que sigue creciendo en varios estados del este del país y en regiones como Sajonia-Anhalt, donde se celebrarán elecciones regionales en septiembre, la posibilidad de nuevos avances de la extrema derecha condiciona cada vez más las decisiones estratégicas de la CDU.
La acumulación de problemas también ha reactivado una discusión que hasta hace poco parecía cerrada en el seno de la Unión conservadora. En las últimas semanas ha habido especulaciones sobre un posible sustituto en la Cancillería y sobre el papel que podría desempeñar el presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst. Aunque ninguno de los principales líderes conservadores ha respaldado públicamente estas hipótesis, el simple hecho de que la discusión haya trascendido la esfera pública es significativo. En Berlín son pocos los que consideran viable un cambio de canciller ya que las dificultades parlamentarias, la oposición del Partido Socialdemócrata o la ausencia de un mecanismo político claro hacen que esta posibilidad sea un escenario remoto. Sin embargo, el debate refleja el creciente malestar dentro de sectores de la Unión y aunque por ahora nadie cuestiona abiertamente el liderazgo de Merz, la combinación de una economía que sigue generando incertidumbre, una coalición desgastada, una sonada derrota diplomática y unas encuestas cada vez más adversas han abierto una fase incómoda para un canciller que llegó prometiendo estabilidad y que ahora se enfrenta al reto de demostrar que sigue teniendo el control de la situación.
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