Las joyas de Zapatero
La situación judicial de Zapatero atraviesa su momento más delicado. Lo que hace apenas unas semanas parecía una investigación circunscrita a determinadas sospechas sobre su entorno y su presunta relación con el llamado «caso Plus Ultra» ha derivado en un escenario mucho más comprometido para el expresidente que un día se declaró «contador de nubes» y predicaba un socialismo ajeno al lucro personal.
[–>[–>[–>El último movimiento del juez Calama, al abrir una pieza separada para investigar posibles delitos fiscales y de contrabando relacionados con las joyas halladas en el registro de su despacho, añade una nueva dimensión a un escándalo que ya no puede calificarse de episódico. Entretanto, su defensa parece orientada a cuestionar el origen de algunas de las pruebas y de las sospechas iniciales que dieron pie a la investigación. Como si el problema fuera el dedo que señala la luna y no la luna misma.
[–> [–>[–>Sin embargo, cuando una instrucción judicial acumula indicios por vías distintas, la discusión sobre el punto de partida pierde fuerza. El debate deja de ser cómo empezó todo para centrarse en qué explicaciones pueden ofrecerse sobre los hechos que han ido surgiendo durante la investigación. Ahí radica la principal dificultad para Zapatero.
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La tasación preliminar de las joyas intervenidas, cifrada en torno a 1,3 millones de euros cuando el propio portavoz del expresidente las valoró en treinta o cincuenta mil, ha llevado al magistrado a considerar que existe base suficiente para analizar si se cumplieron las correspondientes obligaciones fiscales y aduaneras. El juez subraya que el origen de esas piezas, que causan estupor, no está justificado por el momento, extremo que deberá aclararse de inmediato.
[–>[–>[–>Una investigación no equivale a una condena. Pero también es cierto que cada nueva resolución judicial incrementa la presión política sobre el que fue presidente del Gobierno. La cuestión ya no es únicamente jurídica, es también de credibilidad pública.
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