el cantante tira de sus grandes éxitos en un abarrotado parque de los Hermanos Castro
Habían pasado once años desde la última vez que estuvo aquí, más de treinta de compuso una canción, «Por bandera», que hoy todavía vale, y quedaba lejos el chiquillo, dijo, que soñó con ser artista desde su soledad. Pero Alejandro Sanz volvió al aquí y ahora y su público de Gijón, un público que es amplio y generoso, lo reconoció con el cariño y la alegría que desprenden esos amigos que vuelven después de haber dado la vuelta al mundo, llenos de historia y listos para hacer de sus cuentos una fiesta interminable.
[–>[–>[–>La segunda fecha de la nueva gira en España de uno de los iconos de la balada pop en castellano llegó este viernes a Gijón para dejar al público satisfecho, queriéndose fuerte, como pidió, atentos al Alejandro Sanz confesional de sus momentos de pasarlo mal y no sentirse bien, divertidos en los pasajes más latinos y entregados en cuerpo, alma y gargantas a los clásicos: «Amiga mía», «Mi soledad y yo», «Deja que te bese», «Cuando nadie me ve», «No es lo mismo»…
[–> [–>[–>El concierto había arrancado cuando pasaban siete minutos de las diez de la noche, con la luz estival todavía acariciando a los curiosos sin entrada apostados junto al Piles. Dentro, con un montaje dominado por dos video-walls inmensos y un par de pantallas laterales, Sanz –gorra, gafas de sol, guitarra española– y su banda abrieron con un «Puxa Asturies» y«Desde cuándo», canción de 2009 que sirvió para calentar. «Capitán Tapón», de lo más reciente del repertorio que sonaría, con la salvedad de las ultimas del EP «¿Y ahora qué?», motivo de esta gira, llevaron al primer clásico, «Por bandera». El himno pacifista regaló al cantante la oportunidad de ondear la de Asturias entre ovación y griterío y dejar en la letra guiños a la comunidad local.
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Envuelto según los arreglos en un ambiente más latino, o más pop-rock de baladista clásico, la comunión perfecta con el público llegó a partir de «Mi soledad y yo». Alejandro Sanz no sé cansó de agradecer al público la suerte dedicarse a esto, se quitó el disfraz de malote y cantó con ese quejío pop tan suyo que ahora, con los años, está muy cerca del peligro. Pero el cantante sabe salir vivo de esos precipicios vocales y acaba por hacer de ese permanente último round, una especie de estar a punto de besar la lona en cada agudo, un éxito constante, una salvación que todos aplauden, quieren, entienden.
[–>[–>[–>Poco más necesitaba a partir de ese momento Alejandro Sanz para llevar el concierto dentro del bolsillo, pero a la generosidad del público respondió con la suya. Hubo largos momentos de confesarse con ellos sobre los momentos complicados de estos últimos años cuando presentó «Hoy no me siento bien» pero también un llamamiento al triunfo del amor y de la música, «qué grande es la música». Y para subir la apuesta, dos matrimonios oficiados desde el escenario a dos parejas en primera fila, Abel y Alejandra, con petición de mano y anillo en directo, y Luisa y su pareja. No es León XIV, bromeó, pero ofició y bendijo como si lo fuera.
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Sobre el escenario, un par de vientos, una trombonista y un trompeta, le pusieron alma y calor a la noche. Hubo algún intento intranscendente de complacer a lo más joven con rap y un sonido de piano y guitarras eléctricas listo para arropar sus baladas.
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[–>Para el final dejó una traca insuperable: «Y si fuera ella», «Lo ves» y así hasta llegar a un «Corazón partío» que dejó afónica hasta a la presidenta de Extremadura, María Guardiola, fan incondicional del cantante y visita sorpresa ayer entre el público de Gijón.
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