Pravia despide a Luciano Álvarez, reputado dentista residente en Salinas y fan incondicional de los Porsche
La iglesia de Santa María la Mayor de Pravia se quedó pequeña este viernes para despedir a Luciano Álvarez, el conocido dentista de 54 años, natural de Villarigán y muy vinculado a la villa, que falleció tras sufrir un accidente de tráfico en Soto de Barco sobre las cinco de la madrugada. Amigos, familiares y conocidos se congregaron en un funeral marcado por el dolor, el respeto y una notable pasión compartida: el motor.
[–>[–>[–>Durante la ceremonia, oficiada por el sacerdote Gaspar Muñiz, las muestras de afecto, los abrazos y las lágrimas contenidas reflejaron el profundo impacto que ha dejado la pérdida del profesional. En su homilía, el párroco no quiso pasar por alto una de las grandes aficiones del fallecido, destacando su «buen gusto por los coches». Tras los ritos de despedida con el agua bautismal y el incienso, la emoción se trasladó al exterior del templo.
[–> [–>[–>Un momento del acto en la iglesia de Pravia. / Christian García
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El homenaje continuó a las puertas de la iglesia de una forma muy singular. Apasionado confeso del automovilismo y fiel seguidor de Porsche, Álvarez fue despedido por una gran presencia de vehículos de todas las marcas y modelos, entre los que destacaba una nutrida representación de la firma alemana. Sus compañeros de afición quisieron rendirle así un último tributo sobre ruedas, reflejo de la huella que dejó entre sus vecinos.
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Brillante trayectoria y pasión por el motor
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Quienes compartieron vida con él coincidieron en que era una persona profundamente local, muy unida a Pravia y extremadamente querida. Tras licenciarse como el número uno de su promoción en la Universidad de Santiago de Compostela y ejercer durante unos años en Vigo, decidió regresar a su tierra natal para abrir su propia clínica en la calle Reina Adosinda, aunque actualmente residía en Salinas. El alcalde de Pravia, David Álvarez, se sumó al dolor colectivo mostrando sus condolencias ante lo que definió como «una pena muy grande» para todo el municipio.
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Varios vehículos de la marca Porsche ante la iglesia de Pravia para despedir a los fallecidos. / Christian García
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A nivel personal, sus amistades más cercanas recuerdan con cariño su gran afición por los coches de lujo y de colección. Formaba parte activa de un club de entusiastas de Porsche, marca de la que poseía varios modelos y de la que esperaba estrenar una nueva adquisición la próxima semana.
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La fatalidad quiso que el siniestro se produjera a bordo de un utilitario sencillo, un Ford Ka, con el que se desplazaba habitualmente a su clínica por comodidad y ahorro de combustible. Desde su entorno más íntimo lamentan con impotencia esta paradoja, convencidos de que la robustez de los deportivos que tanto amaba habría cambiado el trágico desenlace. Álvarez, que estaba soltero y no tenía hijos, deja dos hermanos y un vacío hondo en la sociedad praviana.
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