La paradoja del sentido de la vida
Creo que el filósofo Gustavo Bueno despreciaba a los que buscaban la felicidad. O más bien, consideraba que el estudio de la felicidad no competía ni a la filosofía ni a la antropología. Entre otras cosas porque no hay una definición. La idea de felicidad puede ser diferente para la etología, la sociología , la psicología o la filosofía.
[–>[–>[–>Sin embargo, con el permiso de Bueno, Russell escribió un libro breve y claro con el nombre «La conquista de la felicidad». Realmente ese debería ser el papel de los filósofos, ayudarnos a entender el mundo y a nosotros mismos, a saber vivir. Es una paradoja. Porque todos los seres que sobreviven a la presión del medio lo hacen porque saben vivir. Sin embargo, nosotros estamos obligados a aprender a hacerlo porque por encima de los motores principales ( supervivencia y procreación) se impone la necesidad de tener un propósito, darle sentido a la vida. Y a eso se dedican los filósofos, también los profetas y forjadores de religiones.
[–> [–>[–>Hace años se propuso un modo de categorizar a los países con un indicador que midiera la felicidad. The World Happiness Report promovida por Gallup encuesta anualmente a miles de personas en 160 países, la pregunta central es: imagina una escalera con peldaños numerados del 0 (abajo) al 10 (arriba). La parte superior representa la mejor vida posible para ti, y la parte inferior, la peor. ¿En qué peldaño te encuentras actualmente? Los seis países más felices son los nórdicos, en ese grupo se cuela Costa Rica. España ocupa un discreto puesto 41 con un 6,54 puntos frente a los 7,77 de Finlandia.
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En la pregunta está implícito que no se tiene siempre la misma opinión sobre cómo se ha vivido. Sin embargo, Aristóteles cree que o se es feliz siempre o no se es, que la felicidad contingente, la que depende de situaciones o posesiones, no es propiamente felicidad. Laurie Santos es una profesora de Yale que hace unos años propuso un seminario sobre la ciencia de la felicidad. No esperaba gran respuesta: desbordó las previsiones. Ahora dirige el laboratorio de la felicidad, tiene cursos masivos en internet y es frecuente huésped de conferencias y entrevistas. Hace unos días en el New York Times decía que hay dos tipos de felicidad, la hedonista, una satisfacción de los sentidos, como una buena comida o una experiencia sexual plena; y la más humana o espiritual que llamó, usando el término de Aristóteles, eudaimonia: vivir una buena vida. Aristóteles dice que » ser eudaimon está relacionado con el bienestar», pero él mismo reconoce que no está claro qué es o cómo se consigue ese bienestar. Para los más podría ser una vida de placer, el hedonismo. Un estadio superior sería una vida política, de participación y compromiso con los otros. En lo más alto está el filósofo, una felicidad que tiene que ver con el conocimiento y que celebra al ser humano como ser único y racional.
[–>[–>[–>Gustavo Bueno había adoptado una forma de vestir que repetía. En eso era como el psicólogo y premio Nobel Herbert Simon. Solo tenía tres trajes, comía siempre lo mismo y nunca se mudó de casa. Trataba de no tomar decisiones innecesarias. En eso estimaba la base de la felicidad. Hay personas que añoran aquellos tiempos en que solo había un canal, cuando el televisor reunía a la familia y era el nexo de unión del país, millones viendo el mismo programa. Ahora las opciones son tan variadas que decidir qué ver nos paraliza y angustia. Lo mismo con la elección de pareja. Paulos, un matemático, calculó el número ideal de citas que uno debe tener antes de decidirse por una y a partir de ahí considerarla la mejor opción. Es la actitud que Simon denomina satisficiente ( combinar satisfacción con suficiente) frente a la maximizadora, la búsqueda angustiosa y casi siempre inútil de lo mejor. Pero él que fue tan conformista en las cosas ordinarias de la vida, no lo fue en su dedicación principal, en el desarrollo de una teoría sobre la toma de decisiones y el impulso de la psicología cognitiva y la inteligencia artificial.
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Fluye, recomienda Mihaly Csikszentmihalyi, un término que él acuño. Nos dice que uno desperdicia demasiada energía preguntándose cómo vivir, energía que debería usar en vivir. Somos los únicos seres que nos planteamos ese dilema como somos los únicos que nos sabemos mortales y en nuestra naturaleza no está aceptarlo. Laurie Santos dice que la premisa para ser feliz es encontrar sentido a la vida, tener un propósito. Como si hubiera otro más allá de estar vivo y reproducirse. Los que lo encuentran, como Simon, lo hacen despojándose de las decisiones pequeñas para centrarse en lo que realmente le interesa. Pero cómo saber lo que a uno le interesa realmente, lo que le va hacer sentirse bien habitándose, siendo uno mismo. Creo que la búsqueda de esa respuesta está el éxito actual de las filosofías orientales.
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