no hay nutricionista que sepa más de alimentación que una abuela”
La investigadora Ana Canelada, especialista en salud pública, presentó en Oviedo días atrás junto al demógrafo Michel Poulain el primer mapa de la tasa de longevidad en España, en el que a simple vista se aprecia que el Norte gana por goleada al Sur en población de avanzada edad y centenarios. Canelada es una experta en las denominadas «Blue Zone» , las cinco regiones del planeta con mayor concentración de centenarios. Su tesis la dedicó a estudiar una de ellas, la de Cerdeña, concretamente el pueblo de Villagrande, un territorio de pastores, en el que demostró que el envejecimiento saludable tiene mucho que ver con el máximo aprovechamiento de los recursos, con la alimentación tradicional… Un territorio, además, que comparte similitudes con el norte de España. La especialista valora ahora la posibilidad de realizar un estudio en Asturias, que está dentro de ese «corredor de longevidad» –un concepto más amplio y actualizado que el de las «blue zones»–, con el objetivo de hallar modelos que ayuden a mejorar y optimizar las políticas en salud pública y nutrición.
[–>[–>[–>-¿Se puede considerar Asturias una tierra de centenarios, una zona de alta longevidad en España?
[–> [–>[–>-No está al máximo nivel, pero sí está entre las zonas que podrían estudiarse perfectamente como un modelo exportable al resto de España. No solo por sus hábitos, que son muchos y muy buenos, sino también porque la disparidad entre el Norte y el Sur indica que probablemente hay más recursos en salud pública, medicina, hospitales y atención social aquí. Habría que estudiar bien el porqué.
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-¿Qué explica que Asturias se englobe en las regiones más longevas?
[–>[–>[–>-Fue, históricamente, una España más privilegiada. Son territorios que han tenido más riqueza, más relevancia histórica y también capacidad para asentar sus tradiciones y su cultura. El aspecto cultural es muy importante. Se piensa, por ejemplo, en los pastores sardos como personas analfabetas, y no era así. Sabían leer y escribir, hacían poesía, practicaban el «canto a tenore», que es Patrimonio de la Humanidad, parecido al gregoriano que imita la naturaleza. También hacían poesía improvisada y juegos muy sofisticados. Iban en grupo durante los seis meses de transhumancia, no estaban solos, y tenían sus espacios preparados para pasar el invierno con los animales.
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-¿Asturias comparte características con esa zona de Cerdeña?
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[–>-Exactamente. Cerdeña está muy bien documentada y guarda similitudes con el norte de España. Son territorios que han tenido protagonismo histórico. Hay que pensar no solo en la riqueza territorial, sino también en el aspecto cultural, social, en la riqueza del entorno y en la inteligencia de la gente para utilizar todos los recursos disponibles al cien por cien. Creo que ese puede ser el caso de Asturias, de Galicia y, por supuesto, de Castilla y León, que ahora mismo está al máximo nivel de longevidad.
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-Ser tierra de centenarios o población muy longeva tiene pros y contras, entiendo.
[–>[–>[–>-Exactamente. Por un lado, significa ser ejemplo de un buen modelo de sociedad, algo fundamental. De ahí parte, por ejemplo, el Estudio Renace, impulsado por la Sociedad de Médicos de Familia y que es pionero. Es un registro Nacional de Centenarios de España que busca avanzar en la comprensión de la longevidad poblacional desde una perspectiva integral e identificar los perfiles que se pueden asociar con el envejecimiento saludable. Al mismo tiempo los médicos de familia son conscientes de que a partir de ahora van a tener una avalancha de personas muy longevas o centenarias.
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-¿Y qué hacer?
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-La clave es orientar la medicina hacia la prevención y no solo hacia la curación. La prevención debe empezar lo antes posible para que la sociedad pueda mantenerse con personas que sepan cuidarse a sí mismas. El problema es que la gente joven ha perdido contacto con la forma de cuidarse. No saben seleccionar los alimentos, no saben ir a un mercado. La mayoría entra en un supermercado y cree en toda la publicidad que encuentra en las estanterías, cuando ni siquiera una cuarta parte de la alimentación del supermercado se salva. Los mercados están desapareciendo o se están convirtiendo en espacios turísticos y gourmet.
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-¿Qué papel debe desempeñar el médico de familia?
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-Hay que dar herramientas para que la gente se cuide. Con las nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento, se podrá dar más calidad de vida. Los médicos de familia conocen muy bien la situación: esa presión de la industria alimentaria, que muchas veces va en contra de la salud, y el contexto social de los jóvenes, enganchados a las redes sociales y viviendo en un mundo irreal.
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-¿Si los jóvenes se cuidan peor, se va camino de poblaciones menos longevas?
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-Efectivamente. Para evitarlo tiene que haber una labor del médico, pero con apoyo del resto de la sociedad, de quienes hacen las políticas sociales, de los políticos y de todas las personas que planifican la vida en comunidad. No es un trabajo solo de los médicos. Tiene que ser interdisciplinar.
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-Y de la población.
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-Hay que concienciar a la población de que debe cuidarse, porque, si no, la sanidad pública colapsa. Hay que pasar de una medicina que interviene a una medicina que previene, pero con la ayuda del paciente. Eso es muy importante.
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-¿Es mejor un territorio por tener más centenarios?
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-No se trata de ser mejores o peores personas. Lo que demuestra es que se ha sabido mantener una fuerte identidad cultural. Eso es muy importante y la gente joven la está perdiendo. La cultura antigua es sabia. Hoy no hay un nutricionista que sepa más que una abuela o una bisabuela. Ellas sabían perfectamente cómo alimentar a la familia. Antes, los médicos no estudiaban nutrición porque no tenían que preocuparse de eso: la familia transmitía las recetas de generación en generación y utilizaba los recursos al máximo.
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-¿Hemos dejado de hacer caso a nuestros mayores, quizás?
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-Todo lo que ahora la ciencia de la alimentación llama fitonutrientes y que está tan de moda ya lo sabían ellos antes. Sabían cómo combinar los alimentos. Tenían una inteligencia en el uso de los recursos que se ha perdido completamente. Eso estaba muy arraigado aquí, en el Norte. En el sur podía haber cultura y tradiciones, pero no siempre los mismos recursos.
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-¿El clima influye en la longevidad?
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-La gente suele pensar que el clima frío es sano, pero yo creo que cada persona está genéticamente adaptada al lugar del que procede. Si no hablamos de temperaturas extremas, no podemos establecer claramente una causalidad con el clima. Okinawa y Costa Rica tienen climas moderados; Icaria, en Grecia, tiene clima mediterráneo; y Cerdeña, en algunas zonas, tiene un clima extremo. En invierno, en Villagrande y en el resto nevaba y hacía mucho frío. Ahora ha cambiado por el cambio climático, pero mi marido, que es de allí, contaba que los niños se quedaban con las madres durante seis meses y salían con la nieve a los campos con los animales.
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-Pero son longevos.
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-Sí. Pero los pastores sardos, que son los hombres más longevos del planeta y continúan siéndolo, no estaban allí en invierno: estaban en la costa con los animales. Por tanto, no podemos decir que la causa sea el clima. Lo que sí creo es que Asturias, todo el norte de España ha tenido una serie de ventajas. Es complejo, porque son muchos factores. Pero, ciertamente, el clima frío parece mejor que el muy caluroso. En sitios donde hace mucho calor no creo que en el futuro se dé tanta longevidad.
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-¿Asturias o Galicia podrían llegar a certificarse como una «blue zone»?
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-Creo que las «blue zones», como modelo clásico, van a desaparecer. Son lugares muy aislados, propios de un momento histórico concreto, que se descubrieron y han servido como modelo. Pero ese modelo tan claro, de identidad cultural en sitios muy aislados y con costumbres muy marcadas, no se va a repetir.
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-¿Entonces?
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-Es importante no obsesionarse con pensar en certificar Galicia o Asturias como «blue zone», sino hablar de «living blue zone», como ha señalado Michel Poulain. Es decir, lugares donde ya hay longevidad y donde esa longevidad puede servir como modelo para la sociedad.
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-¿Hay un patrón claro entre mujeres y hombres, quiénes son más longevos?
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-En general, en todo el mundo viven más las mujeres. Hay distintos ratios, pero la media suele ser de cinco, seis o siete años más. En Japón, por ejemplo, la diferencia llega hasta nueve años, porque las mujeres llevaban vidas más tranquilas y regulares, muchas como amas de casa, mientras que los hombres salían, bebían y fumaban más. Aunque Japón tiene una de las expectativas de vida más altas del mundo, allí hay una clara ventaja femenina. También puede influir el consumo de productos fermentados de soja, altos en fitoestrógenos, que protegen a la mujer después de la menopausia.
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-¿El mundo va a tener cada vez más centenarios o menos?
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-Curiosamente, Jay Olshansky, uno de los grandes estudiosos de la longevidad en Estados Unidos, ha dicho que, por primera vez, los hijos van a vivir menos que los padres, al menos allí. En Europa tenemos que intentar que no sea así.
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-¿Dónde está el límite de la esperanza de vida?
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-Durante el último siglo la esperanza de vida aumentaba unos tres años cada diez o veinte años. El límite genético seguramente está en torno a los 120 años. Jeanne Calment, una francesa de la Provenza, llegó a los 122. Era una mujer muy despierta, bastante díscola, de una familia acomodada, que creció en un ambiente muy protegido. A la gente le encantan los consejos de dieta y ella era famosa porque le gustaba el chocolate negro.
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-¿Estamos obsesionados con vivir cuantos más años mejor, pero a veces olvidamos las condiciones? ¿Es mejor calidad que cantidad?
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-Por supuesto. Siempre es mejor calidad que cantidad. Los ingleses hablan del «healthspan», es decir, el tiempo que vives con buena salud. No es tan importante la longevidad como vivir los años que vivas en buen estado. Además, la longevidad solo tiene sentido si puedes aportar a la sociedad: los centenarios de las «blue zones» siempre aportaban a las otras generaciones y estaban integrados en la comunidad.
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-Para terminar, ¿cuál sería la receta para una vida longeva y con calidad?
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-Como dijo Michel Poulain, y como decía María Branyas: ser feliz, disfrutar de las cosas, amar al prójimo, cultivar el amor y el respeto por los mayores y por los niños. Hay que respetar las dos etapas más vulnerables de la vida. Si una sociedad respeta a los niños y a los mayores, es una sociedad que va hacia adelante con moral, como debe ser.
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