El azul tiñe el corazón de Oviedo con las camisetas de los 1.600 participantes en la carrera solidaria por el autismo
Oviedo es una ciudad cuyo color distintivo es el azul marino, pero este domingo se tiñó de esa gama con una tinta mucho más intensa y especial. No fue en el tono habitual de sus banderas, sino en el de las camisetas de un torrente de solidaridad que inundó el corazón de la capital asturiana gracias a los 1.600 participantes que se calzaron las zapatillas deportivas para la IV edición de la carrera AutismOviedo – Memorial Iván Cervero. La prueba, organizada por el club de atletismo inclusivo Ceactivo, logró congregar a un total de 1.600 personas inscritas en sus cuatro categorías, que pasaron a lo largo de la mañana por la plaza de la Catedral para dar visibilidad al Trastorno del Espectro Autista (TEA) en una jornada marcada por el calor, en términos físicos, de las temperaturas y el emocional, con el compromiso social.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>«Rompimos moldes, llegamos al tope», celebraba emocionada Laura Moro, vicepresidenta de la asociación y una de las artífices del evento junto a su esposo y presidente del colectivo, Isra Pazos, tras comprobar que este año se batió un nuevo récord de participación en la suma de las modalidades de la prueba, dejando atrás los 1.500 del pasado curso. Moro destacó la “gran acogida” de la categoría adaptada, que fue de las que más subió en corredores, y recordó que el éxito de esta convocatoria tiene un beneficio directo y tangible, ya que la recaudación íntegra se destinará a la escuela deportiva del club.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>«Todo irá para ella, que necesita mucho apoyo; queremos visibilizar que la diversidad tiene derecho a disfrutar del deporte y que la inclusión real es posible«, reiteró la organizadora y madre de un chico con TEA sobre la carrera, que desde este año se dedica a Iván Cervero, hermano del icónico jugador del Real Oviedo, Diego Cervero, que tristemente falleció en 2025 en un accidente laboral en el extranjero.
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Minutos antes de que el cronómetro empezara a contar segundos, los bordillos de la plaza de la Catedral se convirtieron en improvisados bancos para los últimos estiramientos de tobillo y los preparativos de los corredores. El ambiente caluroso también obligaba a muchos a echar mano de los abanicos para combatir los 27 grados que marcaba el mercurio, aunque de vez en cuando las nubes y una brisa intermitente daban una tregua al público de toda edad y condición que se sumó a la cita, muchos de ellos familias al completo con carricoche incluido. «Venimos cada año porque correr con ellos te hace entender que todo apoyo cuenta para su futuro», comentaba Jorge Castaño, un padre que ajustaba en el último momento los dorsales de sus dos hijos, Illán y Marcos.
[–>[–>[–>La expectación alcanzó su punto álgido frente a la línea de salida de la marcha popular de dos kilómetros. «Están nerviosos, se notan los nervios», advertía el speaker a través del micrófono, captando el sentir del lineal de niños y niñas que copaban las primeras filas. Tras una cuenta atrás coreada por toda la plaza desde el número diez, la tinta azul que se mencionaba al principio de estas líneas se desbordó e inundó el recorrido las principales arterias de la capital con cerca de un millar de personas que avanzaron a un ritmo pausado en una categoría donde la velocidad es lo de menos y lo que reina es la diversidad y la fraternidad.
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La marcha popular fue el corazón del evento, pero no hay que olvidar que hubo otras secciones. La AutismOviedo volvió a desplegar su abanico inclusivo con la prueba de 10 kilómetros para los corredores más experimentados, las carreras infantiles para los más pequeños y la citada categoría adaptada para mayores de 14 años y de 750 metros de itinerario, consolidando la filosofía de Ceactivo que aúna deporte e inclusión.
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[–>Ocio y divulgación en la plaza de la Catedral
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Mientras los caminantes completaban su recorrido -un trayecto que le llevó aproximadamente media hora al adaptado a todos los ritmos- la plaza de la Catedral siguió con su dinámica matutina de centro de ocio y divulgación. Sobre el escenario, una monitoria de un centro deportivo lideraba una sesión de zumba donde medio centenar de personas lo daban todo al ritmo de la música.
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Alrededor, la red de apoyo al autismo y otras patologías se hacía visible a través de los stands de centros pedagógicos y psicológicos, además de los de asociaciones como “El ángel de Javi”, “Carlitos Mis Ganas Ganan” o la Fundación Quinta, mientras un equipo de fisioterapeutas que atendía a los corredores de pruebas previas.
[–>[–>[–>A su regreso a la explanada de Alfonso II el Casto, los participantes fueron recibidos con el avituallamiento reglamentario para una rápida recuperación de energía con bollos preñaos, empanada, galletitas de banana, manzanas y plátanos que los corredores compartieron mientras comentaban las anécdotas de la carrera. “Cada año lo pasamos mejor”, comentaba Mercedes González con su marido Esteban Gracia y su hija, Carlota, mientras degustaban unos panes con chorizo.
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En el plano estrictamente competitivo de los 10 kilómetros, el esfuerzo y la técnica volvieron a brillar sobre el asfalto ovetense. En la categoría masculina, Fernando Canellada, del Club Oriente Atletismo, cruzó la meta en primera posición en 00:31:11, mientras que, en la categoría femenina, el oro fue para Nadine López Aira, del Universidad de Oviedo, que firmó un tiempo de 00:38:42, cerrando así una edición en la que, más allá de los cronómetros, quien volvió a ganar la carrera fue la solidaridad y la inclusión.
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