El Papa de todos en la España de siempre
Ya se ha ido el Papa y nos ha dejado su mensaje eterno a la España de siempre. Políticos aprovechados han querido apropiarse de sus palabras cuando las palabras del Pontífice han sido las palabras del Evangelio. Siempre exigente este catolicismo recalcitrante que se empeña en su mismo mensaje impopular de hace dos mil años cuando en pleno imperio romano, erigido en gran parte gracias a la fuerza, a la opresión y a la esclavitud, se alzó desde el amor a todos, incluso a los que mas daño hacen, contra la fuerza, la opresión y la esclavitud. No había más que verle exigir en Canarias a las mafias que trafican con seres humanos: – ¡deténganse! , o reclamar en el Congreso el respeto a la vida humana desde su origen hasta su ocaso, o exponer la necesidad de discrepar sin humillar al otro, o reunirse con las víctimas de pederastia y exigir a los obispos vigilancia y reparación. Todo dicho con una calidez y una autoridad que solo poseen algunos privilegiados, que en su humildad, además, esparcen el bien solo con su ejemplo como si no se percataran.
[–>[–>[–>Viaje de contrastes. La autoridad, humildad y bondad de León XIV, la respuesta de los españoles, el entusiasmo, fe, fervor popular compatible con una multitud ingente y al mismo tiempo ordenada en Madrid, a la que el Papa pidió que su religiosidad no fuera la de los museos, el mismo calor impregnado de arte y elegancia en Barcelona con el espectáculo perfecto de la Sagrada Familia, una Barcelona en la que el Papa pidió a los catalanes que fueran constructores de unidad y el mismo calor en Canarias. donde León defendió a los pobres y abandonados porque la dignidad humana es la misma tras cualquier frontera.
[–> [–>[–>Y luego, los personajes públicos. Unos reyes impecables y unos políticos fascinados por el carisma papal, alguno, como Sánchez, hasta contagiado de pronto por su amor a los niños. No es mucho pedir, cree una, que sean ahora un poco consecuentes e intenten aplicar en lo que puedan el mensaje de Su Santidad. Sí, lo sé, amigo lector, de ilusión también se vive.
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