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O coopera o le pegamos un tiro

O coopera o le pegamos un tiro
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  • Publishedjunio 14, 2026



En España a finales de 1981, cuando ETA Siguieron marcando el pulso del miedo y los secuestros ocuparon los titulares con inquietante frecuencia, un caso paralizó a todo el país. No era un empresario ni un político ni un militar, era el padre de la mayor estrella española del momento: Julio Iglesias. El 29 de diciembre de 1981, apenas dos días después de regresar de Miami tras pasar la Navidad con su hijo, el doctor Julio Iglesias Puga, el popular ‘Papuchi‘, desaparecido en Madrid.

Anatomía de… Reconstruye uno de los secuestros más sorprendentes de la historia reciente de España. Un caso que desconcertó a la Policía durante días, mantuvo en vilo a la familia Iglesias y acabó convirtiéndose en un operación antiterrorista contrarreloj. El secuestro que cambió la vida de Julio Iglesias y, para muchos, también significó El fin de ETA Político-Militar.

Todo empezó con una trampa cuidadosamente diseñada. El Dr. Iglesias se encontraba en su consultorio de la maternidad O’Donnell cuando recibió la visita de un supuesto periodista alemán interesado en realizar un documental sobre la infancia de Julio Iglesias. Como se informó Julia Higueras, biógrafa del médicoel periodista era un joven «bien vestido y muy educado». Pero eso no fue suficiente para convencer a un hombre acostumbrado a hacer las cosas a su manera. Mábel Galaz, periodista Quien siguió el caso para El País, recuerda que Papuchi «hablaba cuando quería, no cuando le decían que hablara».

Entonces apareció una segunda parte del plan. Una periodista «muy guapa y joven»según la descripción de Higueras. La estrategia funcionó. Como resume Mamen Mendizábal, los secuestradores «conocían sus debilidades». Y es que, según Galaz, «sabían que le encantaba gustar y era muy coqueto».

Porque Papuchi era mucho más que el padre de Julio Iglesias. Prestigioso ginecólogo, médico célebre, personaje popular y habitual de la prensa del corazón, a sus 66 años seguía cultivando una imagen de conquistador nato. Mábel Galaz lo define claramente: «Era un mujeriego y no le importaba que lo vieran.«.

Mientras tanto, su hijo se había convertido en una figura internacional. En 1981, Julio Iglesias era probablemente el artista español con mayor proyección internacional. Un año antes ya había recibido amenazas de secuestro y había reforzado la seguridad de sus hijos. Julia Higueras recuerda que entonces «había un clima de amenazas en España». Su padre, sin embargo, rechazó cualquier protección. Pensé que nadie se fijaría en él.

Estaba equivocado. El 29 de diciembre reaparecieron los supuestos periodistas. Incluso habían enviado un TELEVISOR como regalo para ganarse su confianza. Le sugirieron llevarlo a unos estudios donde grabarían la entrevista. Papuchi aceptó y se subió al auto.

el secuestro

La emboscada se cerró en medio del camino. Cuando el doctor Iglesias señaló que se estaban desviando del camino correcto ya era demasiado tarde. Julia Higueras denuncia que los secuestradores «Le apuntaron con una pistola con silenciador en el estómago«. Entonces escuchó las palabras que, según el biógrafo, le dirigieron sus captores: «Esto es un secuestro. O coopera con nosotros o te dispararemos.«.

Luego llegaron las pastillas, la cinta, la campera y el baúl. El secuestrado recuerda poco más. Un golpe en la cabeza le hizo perder el conocimiento. Cuando despertó, cualquier rastro de los falsos periodistas había desaparecido. Comenzó un cautiverio que duraría 20 dias.

Las primeras alarmas saltaron entre su novia Begoña y un amigo con el que había quedado para almorzar. A las ocho de la tarde se reportó oficialmente la desaparición. Sin embargo, la familia intentó contener la información durante las primeras horas. Finalmente fue Isabel Preysler, ya casada con el marqués de Griñón pero todavía muy unida a su exsuegro, quien comunicó la noticia a Julio Iglesias.

La reacción de Julio Iglesias

La reacción fue devastadora. Fernán Martínez, ex directivo y el hombre de mayor confianza del cantante desde hace años, asegura que Julio Iglesias Sr. Fue «la persona más importante en la vida de Julio Iglesias. Era un compañero, un amigo, un médico, un consejero, un psiquiatra». Julia Higueras añade que el cantante «se puso firme» ante él. El respeto era absoluto.

Mientras la familia vivía horas de angustia, la investigación avanzaba a ciegas. Nadie reivindicó el secuestro. Nadie pidió dinero. Nadie reclamó la acción. Durante más de una semana, la Policía creyó que se trataba de una operación de delincuencia común.

El 6 de enero de 1982, ocho días después de la desaparición, Carlos Iglesias envió un mensaje público a los captores: «Por favor contactame o a mi hermanoLa familia, recuerda Mábel Galaz, hacía «llamadas constantes» sin recibir respuesta.

la revelación

La clave apareció donde menos se esperaba. La Policía investiga simultáneamente el secuestro del empresario vasco Jose Lipperheide cuando se detuvo Jesús Urrutia. Encontraron armas en su casa. En su coche, un sofisticado sistema preparado para ocultar a las personas secuestradas.

Durante los interrogatorios surgió una frase inesperada a cambio de la libertad de su esposa. Joaquín de Domingo Martorell, responsable del operativo policialRecuerda en el programa de laSexta que el detenido le preguntó: «¿Te interesa el Padre Iglesias?«.

Al principio el comisario pensó que se trataba de un miembro de ETA. Luego vino la revelación. «¿No conoces a Julio Iglesias?» les preguntó el detenido. Y luego, la confesión: «¡Lo tenemos!«.

Esa respuesta cambió por completo el rumbo de la investigación. El secuestro fue obra de ETA político-militaruna organización que nadie imaginaba detrás de una operación de estas características.

la mazmorra

Mientras tanto, Papuchi sobrevivió encerrado en un zulú. Sólo una cama dura, un armario sin fondo, una palangana con agua y un balde para hacer sus necesidades. El médico llegó a sentirse atrapado en el «corredor de la muerte».

Según el biógrafo, incluso «pensó en quitarse la vida«Los secuestradores apenas le hablaban. Tenían frío, le tiraban comida y la recogían por la noche», cuenta Higueras.

La investigación se aceleró nuevamente gracias a una llamada telefónica. Los terroristas contactaron con Jesús Urrutia sin saber que estaba bajo control policial. La conversación permitió organizar una entrega clandestina. Esa noche apareció la prueba de vida.. Joaquín de Domingo Martorell recuerda que los etarras «llevaban una carta y la corbata del médico».

Los investigadores sabían que se estaban acercando. La pista definitiva surgió de un detalle aparentemente insignificante: una licencia de conducir falsa. La dirección conducía a Trasmoz, un pequeño pueblo de Zaragoza al pie del Moncayo. Allí, en una casa ocupada por una familia vasca, se podría esconder al rehén.

el asalto

En la madrugada del 17 de enero de 1982 comenzó el asalto. El GEO recibió la orden. El pueblo celebraba las fiestas de San Antón. Hubo hogueras, vecinos bailando y comparsas cantando en las calles. Los agentes tuvieron que retirarse y esperar. A las tres de la mañana regresaron. Todavía quedaban algunos jóvenes cantando «Asturias patria querida». Cuando descubrieron la presencia policial comenzaron a gritar. Hidalgo explica que Tuvieron que «neutralizar» a esos niños para evitar que la operación colapse.

Entonces llegó el momento decisivo. Explosivos en la puerta. granadas paralizantes. Nueve hombres irrumpieron en la casa simultáneamente. Arturo Hidalgo avanzó escaleras arriba. Detectó una sombra y disparó dos tiros intimidantes. En la casa había terroristas armados. En una habitación encontró a uno de los guardias junto a un arma.

Sólo quedaba una puerta. La del rehén. La policía irrumpió de repente. Dentro encontraron al doctor Iglesias intentando encender la luz. Arturo Hidalgo recuerda que el líder del equipo le dijo: «Doctor Iglesias, ¡enhorabuena! Estás libre«.

La respuesta del secuestrado fue inesperada: «Maldita sea, pareces astronautas.Joaquín de Domingo Martorell recuerda otra frase pronunciada apenas unos segundos después, cuando entraba en la habitación con el comandante Carlos Holgado: “Joder, tardaste tanto”. Todo terminó en apenas unos instantes.

Debajo del fregadero de la cocina apareció un zulú con 40.000 cartuchos, armas y pruebas que vinculaban la casa con otros secuestros. Los detenidos formaban parte del primer comando familiar de ETA.

Sin embargo, Papuchi siguió desconfiando de quienes acababan de salvarle la vida. Joaquín de Domingo Martorell recuerda que no confiaba en ellos porque, a su juicio, estaban «mal vestidos». «¿Cómo vas a ser policía si te pareces a ti?«, vino a decirle. Tampoco dejó de preguntar «¿por qué su hijo no ha pagado antes?» La respuesta fue sencilla: nadie había pedido rescate.

La noticia de la liberación llegó a Miami. Según informa laSexta, era el entonces presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Soteloquien llamó personalmente a Julio Iglesias para informarle que su padre se encontraba a salvo.

¿Qué pasó después?

Días después, la familia organizó una multitudinaria comparecencia ante la prensa. Todo fue preparado cuidadosamente. Fernán Martínez recuerda cómo se planificaron hasta el último detalle las imágenes de la llegada de Papuchi a Miami. «Esta es una foto de prensa, ya está todo hecho, celebrado», explica. Y resume la filosofía que guió aquella estrategia mediática: «¿Para qué hacer una mala foto si puedes hacer una buena?».

Pero las consecuencias fueron profundas. Mábel Galaz sostiene que El secuestro cambió para siempre a la familia Iglesias-Preysler. Los hijos de Julio se mudaron a Miami. La seguridad fue reforzada. El cantante se aisló aún más. Papuchi, sin embargo, acabó regresando a España. Julia Higueras recuerda que extrañaba su vida anterior. Con el tiempo se recuperó, volvió a su estado de siempre y recuperó las ganas de disfrutar.

Nunca supo por qué lo secuestraron.. Quizás esa sea la última paradoja de una historia que durante veinte días mantuvo a todo un país conteniendo la respiración.

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