Inteligencia Artificial, Necedad Natural
La Inteligencia Artificial tiene las mismas características de otros avances científicos contemporáneos. Se supone que bien empleada va a mejorar muchos aspectos de nuestra vida, por ejemplo en la sanidad o el confort, pero si se usa sin conocimiento o con mala intención, se convierte en un elemento de discordia y desinformación. En el caso de la Historia, tal vez porque la cosa todavía está en mantillas, aún no se puede considerar como una fuente fiable. En mi experiencia, cuando he probado a consultar algún dato que no encontraba en otros sitios, la IA no me lo ha dado, o me lo ha dado mal, así que la tengo aparcada hasta que perfeccione su fiabilidad, algo que según parece no va a tardar en ocurrir.
[–>[–>[–>Entre sus peligros ya se sabe que lo peor son las manipulaciones que afectan a las personas para buscar fraudes económicos, engaños intencionados, o imágenes falsas que pueden arruinar vidas en todos los sentidos; pero además hay otras actuaciones menores, hechas seguramente con inocencia, que también están haciendo un daño difícil de corregir a la verdad histórica. Me refiero, por ejemplo, a los retoques sobre viejas fotografías de acontecimientos o monumentos desaparecidos.
[–> [–>[–>En las últimas semanas he visto una imagen supuestamente mejorada de un primero de mayo fechado a principios del siglo XX en la Montaña Central con los manifestantes portando banderas que llevan el águila del Imperio austrohúngaro y otro retrato de falangistas en formación luciendo camisas de color verde.
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Supongo que estos desatinos son errores provocados por la propia IA. Sin embargo, tienen menos justificación los ataques que sufren otros monumentos conocidos, que sí son intencionados. Por ejemplo, la antigua iglesia de San Juan de Mieres que puede encontrarse en Internet con una segunda portada románica añadida en un lateral y hasta un cruceiro gallego a su lado, donde debería estar un palo de la luz. O, en otra fantasía, con unos personajes idealizados delante de una fachada que no se parece nada a la real y a la que se ha añadido una falsa lápida con su nombre para que podamos identificarla.
[–>[–>[–>Supongo que a quienes se divierten con estos retoques no les importa nada el rigor, ni piensan en que todo se replica luego en el corta-pega, de manera que dentro de 20 años algunos estudiosos, al encontrar las mismas fotografías en varios sitios las van a dar por buenas. Aún es peor cuando algunos periodistas con prisa aceptan lo primero que ven en la pantalla de su ordenador sin contrastarlo, recuperando errores que se cometieron hace muchos años y vuelven a publicarse como ciertos.
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Con motivo del accidente ocurrido recientemente en la mina de Cerredo, diarios importantes como «ABC» o «La Voz de Galicia» ampliaron la información puntual del suceso con un resumen de las catástrofes acaecidas en la historia de la minería española. Pero en esta ocasión, junto a las confirmadas incluyeron una más: «otro de los episodios más trágicos ocurrió en 1963 y la localidad asturiana de Langreo se vistió de luto cuando el Pozo Santa Eulalia de Langreo explotó debido a la acumulación de grisú, dejando 21 fallecidos». Incluso la prestigiosa «National Geographic» se hizo eco de la misma información: «1963: pozo Santa Eulalia (Langreo, Asturias). Los accidentes se repiten. Una explosión masiva de gas y escombros dejó 21 muertos».
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[–>Evidentemente, esta tragedia nunca existió. Sin embargo, he rastreado la referencia hasta encontrar dónde se pudo haber publicado por primera vez y creo haber dado con ella en «El libro de oro en Asturias: un siglo en imágenes y noticias», editado por «La Voz de Asturias» en 1998 en forma de anuario para recoger las principales noticias que hasta entonces había publicado este periódico. La reseña es breve: «1963. Mieres. 7 de enero. Una explosión en el pozo Santa Eulalia causa la muerte a 21 mineros».
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Cuando este libro fue saliendo por fascículos aquel 1998 la Inteligencia Artificial aún estaba en mantillas por lo que el error inicial fue sencillamente humano y resulta inexplicable porque se supone que quienes se encargaron de la publicación solo tuvieron que recopilar las informaciones hojeando los ejemplares del periódico. Sin embargo, he revisado en la hemeroteca todos los diarios regionales de ese mes de enero y no veo nada que pueda causar esta confusión ni siquiera en la propia «Voz de Asturias». Eso sin comentar la ubicación en Mieres del pozo Santa Eulalia, que realmente se encuentra en Langreo donde era conocido popularmente como El Praón o El Cabritu.
[–>[–>[–>Pero si la Inteligencia Artificial mal empleada está haciendo daño a nuestro patrimonio, peor aún es la «Necedad Natural», tanto de aquellos que destruyen en beneficio propio, como de los que con su desidia contribuyen a este desastre.
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En 2008, cuando se estaba rehabilitando el conjunto minero de la bocamina del Grupo Mariana fueron robadas las letras de bronce que lo identificaban, colocadas entre el anagrama de la empresa y la fecha de su construcción, 1920, aunque según escribió Diego Ruiz de la Peña en un artículo para la revista de la Sociedad Minera para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero De Re Metallica en 2011, en realidad la bocamina puede ser cinco años anterior. Para lo que nos ocupa, eso es lo de menos; el caso es que, las letras nunca aparecieron y el patrimonio minero anotó otra baja.
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Más recientemente, los necios tan vuelto a actuar por partida doble en el caso del robo de la guirnalda en el monumento a Teodoro Cuesta. En agosto de 2024 dos individuos, envalentonados por con la seguridad que les da la legislación cojitranca que protege actualmente estos casos, arrancaron con fuerza y a plena luz del día el ornamento de bronce con el que nuestros antepasados quisieron honrar al mejor poeta de este pueblo. En una bonita performance, acompañaron sus tirones a la cadena con cortes de manga a los vecinos y viandantes que les afeaban su acción entre los que se encontraba un agente de la Policía Nacional fuera de servicio.
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Los esforzados ladrones eran viejos conocidos de las fuerzas de seguridad y la Policía Local de Mieres recuperó la pieza rápidamente en una chatarrería de Lada en una acción que mereció el aplauso del concejal de Seguridad Ciudadana Francisco García, quien según la prensa destacó la «rápida actuación del cuerpo municipal a la hora de identificar y detener a los ladrones, además de felicitarles por la intensa investigación».
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La segunda parte de este triste episodio vino cuando la guirnalda rescatada fue entregada bajo custodia al Consistorio mierense; un error que se ha repetido en otras ocasiones con idéntico resultado en diferentes épocas y con corporaciones de todos los colores. Uno de los rasgos de identidad de este pueblo es el desapego por su patrimonio, al que nunca se le ha dado importancia. No existe en el Ayuntamiento ni un espacio adecuado ni nadie que pueda asumir la responsabilidad de cuidar las piezas que por diferentes circunstancias llegan hasta allí, lo que demuestra la urgencia de que alguien se tome en serio la organización de un Museo del Pueblo de Mieres.
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Ha sucedido con las nobles piedras románicas de la antigua iglesia de San Juan que acabaron tiradas en la calle y con los lienzos que Urbina preparó para engalanar las calles en las Semanas Santas de otra época, que fueron maltratados sin tener en cuenta su valor. Por eso, no sorprende saber que dos años después de que Teodoro Cuesta fuese humillado en La Pasera, la pieza recuperada por la Policía Local se haya perdido sin que nadie sepa cómo.
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En 2014 dediqué una de estas historias a contar el lamentable estado en que se encontraba la capilla de Villarejo, sobre Santullano, afectada por unas grietas que amenazaban su estructura. La titulé «Déjala que caiga» y como era de esperar, la capilla -que no era cualquier cosa-, acabó cayendo y ahora solo es una ruina. Entonces también dije que la maleza del entorno impedía ver el busto del maestro Benjamín Iglesias que allí había. El busto fue rescatado y se llevó hasta el Ayuntamiento, pero la placa del monumento desapareció.
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No me atrevo a asegurar que el busto del querido enseñante siga guardado, pero lo que sí puedo suponer es que, si todo este bronce acaba en la misma chatarrería, el emprendedor perista que la regente debe de estar encantado con nuestra paciente villa.
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