¿Podemos decir que los monjes han ganado a los hombres fuertes?
Una de las mejores frases que ha pronunciado Gabriel Rufián en el Congreso fue: «Vox es el PP con el último cubata». Lo mismo se podría decir de Podemos y el PSOE. O de la antigua Esquerra respecto a la vieja Convergencia. Y también de Trump y el Partido Republicano. De cubata en cubata se llega a la prioridad nacional, a la amnistía, al «procés» o a bombardear Irán. En el caso de la legislatura estadounidense, el acuerdo de paz con lo que queda del régimen de los ayatolás podría marcar un punto de inflexión. Lo que parecía una genialidad a las tantas de la madrugada, ha resultado ser una mala idea porque enfrente Trump no se ha encontrado a una mafia como la venezolana ni a un sátrapa como Saddam Hussein. Irán es una dictadura soportada sobre una aristocracia religiosa ilustrada, que prohíbe a las mujeres exhibirse en público pero que cultiva científicos suficientemente preparados para derrocar con drones a los supermisiles. Eso lo sabía el departamento de Estado, la CIA y la plutocracia de Washington. Y lo sabía Trump antes de tomarse ese último cubata que le sirvió Netanyahu, más preocupado en no ir a la cárcel que en consolidar el estado judío. Y salió mal, muy mal. El acuerdo es un repliegue en toda regla y los monjes, sin gritar ni gesticular, sin amenazar ni pujar a doble o nada, les han ganado la batalla a los hombres fuertes. Seguirán oprimiendo a los suyos porque el mundo no puede resistir que cierren el estrecho de Ormuz, algo que ni la IA, por ahora, puede arreglar.
[–>[–>[–>En las semanas previas al acuerdo, Trump ha sido más Biden que Trump. Sin ruedas de prensa, sin el «Sálvame de Luxe» de la tarde en la Sala Oval. Sin exabruptos. La diplomacia se ha vuelto a imponer. Las reglas. Veremos si es flor de un día o un punto de inflexión. Sería una buena noticia para la humanidad, aunque sea una mala noticia para los trumpistas y para los que han hecho de oponerse a Trump su última razón de ser política. Lástima.
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