Hago armarios eléctricos y manejo radiales, taladros y máquinas elevadoras
Paula Bermúdez es la única mujer electricista en su empresa y de las pocas que ejercen en Asturias. Nunca se imaginó en este oficio dominado por los hombres, pero es «muy chévere». «Me gusta muchísimo y me ha cambiado la vida y la mentalidad», afirma esta colombina, de 34 años, que llegó hace tres al Principado y se instaló en Ferrera, en el concejo de Siero.
[–>[–>[–>Tras estudiar Montaje y Mantenimiento de Sistemas de Automatización Industrial en el CIFP de Cerdeño, Paula Fernanda Bermúdez Triana se quedó en la misma empresa en la que hizo las prácticas: en Electroastur, compañía ubicada en el polígono de Meres (Siero), donde trabaja desde hace año y medio. Es «cuadrista», se dedica a hacer armarios eléctricos, y está encantada tanto con la empresa como con los compañeros, todos hombres.
[–> [–>[–>«La gente piensa que ser electricista es poner focos, pero hay muchas áreas dentro de la profesión. Yo, por ejemplo, hago armarios eléctricos y manejo radiales, taladros, máquinas elevadoras… Todos los días se presentan cosas nuevas y diferentes. Puedo montar hoy un armario y mañana otro completamente diferente con los mismos componentes», explica.
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Paula Fernanda Bermúdez, electricista / LNE
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Su mensaje para otras mujeres
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Bermúdez tiene un lema con el que anima a otras mujeres a seguir sus pasos: «Querer es poder». «Venimos de una cultura en la que las mujeres no pensamos en este tipo de trabajos, pero es un área en la que podemos estar también. No somos conscientes muchas veces de hasta dónde podemos llegar», afirma. Paula se siente una más en Electroastur. «Obviamente, no tengo la misma fuerza que ellos, pero nosotras tenemos otras habilidades, somos muy meticulosas. Tenemos que apoyarnos mutuamente, hombres y mujeres. Yo me siento muy respaldada en la empresa, que también ha dedicado tiempo en formarme para llegar hasta aquí», señala.
[–>[–>[–>De técnico de control ambiental a «chispas»
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La joven, madre de una adolescente de 14 años, se formó en su país como técnico de control ambiental. Pero a su llegada a España, no pudo homologar el título. Necesitaba trabajar y pensó en la electricidad por sus oportunidades laborales. «Siempre fui muy manitas y desde pequeña me causó curiosidad. Al principio, fue complicado porque era algo que desconocía, pero me acabó gustando muchísimo», cuenta.
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Su familia está ahora orgullosa de ella, pero al principio, reconoce, tenían sus temores. «Mi papá me decía que tuviese cuidado con la corriente… Pero mis padres siempre han sabido que yo soy de las que no me rindo cuando quiero conseguir algo». Y Paula Bermúdez no solo consiguió cruzar la meta, sino también derribar las barreras de género. Hoy en su empresa guía a los practicantes y, afortunadamente, alguna chica se ha cruzado en su camino. «Es muy chévere que otras mujeres se interesen por la electricidad y no tengan reparo a ensuciarse las manos y a coger una radial», remata.
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