Esta novela es un homenaje a mi abuela Ana María
«Soy muy territorial. Cuando encuentro paz en un lugar, me siento vinculado a él. Reivindico el cuidado de los espacios naturales y ese modo de vida conectado con el entorno». Así lo dijo ayer en el Club Abraham Agüera, autor de «La Primera Santa», una novela que transporta al lector al norte de la península ibérica del siglo VII para adentrarse en los mitos, las creencias y la espiritualidad que rodearon los albores de la Reconquista. El acto estuvo presentado por Francisco Daniel Piquero, coordinador del club de lectura de novela negra de La Corredoria.
[–>[–>[–>La novela narra la historia de Anna, la guardiana de la Cueva de Covadonga, un personaje que sirve al autor para explorar la convivencia entre las antiguas tradiciones paganas y la irrupción del cristianismo en Asturias. «Antes del Cristianismo ya había mujeres que cuidaban, protegían y velaban por los lugares sagrados», explicó el autor de una historia marcada por un profundo componente emocional.
[–> [–>[–>«Desde niño me gustó leer y escribir. Mi madre descubrió que la lectura me calmaba y yo disfrutaba imaginando historias sobre aquello que leía», señaló. También confesó que La Primera Santa es mucho más que una novela histórica. «Es un homenaje a mi abuela, Ana María, a quien he perdido recientemente, y también a todas las abuelas», señaló visiblemente emocionado. El escritor evocó los veranos de su infancia en Peruyés, localidad que aparece reflejada en la novela. Allí, de la mano de su abuela, conoció un universo poblado por xanas, cuélebres y relatos transmitidos oralmente de generación en generación. «Mi abuela era profundamente religiosa, pero también respetaba mucho las tradiciones populares. Esa dualidad me marcó profundamente», explicó. «Muchas leyendas que escuché de niño hacían referencia a Covadonga y a la huida de los musulmanes tras la batalla, relatos que terminaron despertando mi interés por ese periodo histórico», indicó. Asimismo, reivindicó la estrecha relación con el territorio y la naturaleza que caracterizaba a las comunidades de aquella época. Durante el coloquio, Piquero subrayó el realismo de los escenarios que aparecen en la novela.
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