Sesión de descontrol
La sesión de control volvió a retratar una de las paradojas más llamativas de la política española. Gabriel Rufián, siempre dispuesto a combinar la provocación con la aritmética parlamentaria, desafió a la oposición preguntándole si dispone de los números necesarios para presentar una moción de censura. La respuesta es conocida de antemano. No los tiene. Y tampoco parece existir voluntad entre los socios nacionalistas del Gobierno para facilitar una operación de ese calibre. PNV y Junts han elevado el tono de sus críticas ante los escándalos que cercan al Ejecutivo, pero continúan sin mostrar disposición a abrir la puerta a una alternativa parlamentaria.
[–>[–>[–>Sin embargo, el verdadero asunto no consistía en la dichosa moción. Lo relevante era conocer si Pedro Sánchez está dispuesto a someterse al escrutinio político sobre la posibilidad de un adelanto electoral. Esa es la cuestión que sobrevuela desde hace semanas y que, según diversas interpretaciones, gana espacio incluso entre formaciones que sostienen al Gobierno. No se trataba de derribar al Ejecutivo en una tarde parlamentaria, sino de obligarlo a definirse ante una demanda creciente de clarificación democrática. Pero el debate quedó enterrado bajo el ruido habitual. Acusaciones cruzadas, consignas para consumo de las respectivas parroquias y una estrategia gubernamental orientada a evitar que la discusión se desplazara hacia el calendario electoral.
[–> [–>[–>Mientras tanto, la Cloaca socialista, eje vertebrador de la corrupción, sigue rezumando sus desechos y Rodríguez Zapatero pidiendo que crean en él sin ofrecer, a cambio, explicaciones sobre los delitos que se le imputan. En concreto, de las joyas no dijo ni mu. Cualquier llamamiento a la confianza exige transparencia, rendición de cuentas y respuestas convincentes. La política no puede limitarse a pedir crédito moral cuando las dudas se acumulan de esta manera. El juez Calama sostiene que con su declaración de ayer no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad que pesan sobre él y derivan de distintas pruebas.
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