Villas termales de España: historia y tradición milenaria
Hay algo que el estrés, la contaminación y las pantallas no han podido borrar del mapa, por mucho que lo hayan intentado. Bajo los pies de decenas de pueblos españoles, a veces apenas a unos metros de profundidad, el agua lleva siglos brotando caliente, mineral y cargada de propiedades que los romanos ya conocían y que hoy la ciencia respalda con sus estudios.
Son las villas termales, esos municipios donde el principal recurso no es un castillo ni una playa, sino el subsuelo mismo, generoso y terapéutico. España, con decenas de balnearios en funcionamiento y una red oficial que agrupa más de 70 corporaciones locales, es uno de los países con mayor riqueza hidrotermal del mundo, aunque no siempre lo haya sabido vender. Eso, por suerte, está cambiando.
Una tradición con miles de años de historia

España cuenta con decenas de balnearios en funcionamiento y una tradición termal que se remonta a la época prerromana. Aunque fue el imperio romano con su ingeniería el que dio forma a estas instalaciones en su versión más completa y definitiva, legando con variantes su modelo a todas las culturas próximas o a aquellas que la sustituyeron.
Así, las originarias termas pasaron a convertirse en caldas, mientras que para la civilización islámica fueron hammam y alhamas. Estas instalaciones balnearias eran utilizadas sin distinción por las tres culturas de la España medieval: la islámica, la judía y la cristiana. La huella es tan profunda que el Fuero de Cuenca, datado entre 1189 y 1190, ya regulaba el uso de los baños públicos y las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio incluían disposiciones sobre los baños medicinales.
La nobleza tampoco fue ajena a esta costumbre. Los baños termales se convirtieron en un símbolo de estatus y lujo entre la alta sociedad y la realeza. El verdadero punto de inflexión moderno llegó con el Real Decreto de Fernando VII del 29 de junio de 1816, que creó el Cuerpo de Médicos de Baños, con funciones administrativas, analíticas y clínicas en los balnearios españoles.

Con la llegada de la Ilustración, el interés por la ciencia y la medicina renovó el estudio de las propiedades curativas de las aguas termales. Se realizaron numerosos estudios y análisis químicos que confirmaron sus beneficios para la salud. Este período vio la construcción de nuevos balnearios y la restauración de algunos antiguos, estableciendo las bases del termalismo moderno.
Durante los siglos XVIII y XIX se consolidaron algunos de los primeros balnearios modernos españoles, como el Balneario Paracuellos de Jiloca en Aragón. A diferencia de otros países europeos, en España la tradición termal nunca se interrumpió completamente. Localidades como Archena, en la Región de Murcia, mantuvieron el uso continuado de sus aguas desde época romana, pasando por el período musulmán hasta la actualidad.
El proyecto que pone orden en el mapa

La Sección de Entidades Locales con Aguas Minerales y Termales surgió en 2001 de la inquietud de una serie de municipios termales de toda España, ante la necesidad de vertebrar en torno a las aguas minerales y termales su desarrollo local y socioeconómico, ya fuesen aguas minero-medicinales, minerales naturales, minero-industriales o termales.
Esta sección, también conocida como Red de Villas Termales, nació al amparo de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) con el fin de promocionar las entidades locales con aguas minerales y termales. En la actualidad, más de 70 corporaciones locales de toda España forman parte de esta red.
La amplitud del término Villa Termal recoge todos aquellos municipios que cuentan entre sus recursos con un balneario o bien un manantial de aguas mineromedicinales y que deciden enfocar su desarrollo económico a su comercialización de una forma sostenible con el medio que les rodea y con la población local. El proyecto va, sin embargo, bastante más allá de una simple etiqueta turística.
La red tiene un objetivo claro: hacer de los municipios termales destinos prósperos y sostenibles para sus habitantes, así como atractivos y saludables para quienes los visitan.
Uno de los impulsos más recientes llegó de la mano de los fondos europeos. En mayo de 2025, la FEMP presentó los resultados de su proyecto desarrollado en el marco del programa «Experiencias Turismo de España», una iniciativa desarrollada en colaboración con la Secretaría de Estado de Turismo que actualmente sigue creciendo a través de nuevas vías de colaboración entre la FEMP y el Estado.
El proyecto ha permitido «sentar las bases de un modelo de villa termal cimentado en la sostenibilidad ambiental, social y económica, y en la capacidad de generar experiencias saludables, regeneradoras y profundamente conectadas con el territorio», según explican sus responsables. Los resultados técnicos incluyen el diseño y puesta en marcha de un Plan de Turismo Termal, el impulso de una plataforma de formación online con contenidos adaptados a todos los municipios de la red y la creación de un Catálogo Digital de Experiencias Turísticas Termales, disponible en la web villastermales.es.
A ese catálogo se suma un Sistema de Inteligencia Turística diseñado específicamente para estos destinos, que permitirá medir indicadores clave, mejorar la planificación, facilitar la toma de decisiones y reforzar su posición en el mercado desde el conocimiento y la innovación.
El factor demográfico ocupa también un lugar central en la agenda. Buena parte de estas Villas Termales se encuentran afectadas por la despoblación, un mal que sufre gran parte del medio rural español y contra el que, en este caso, se puede actuar utilizando las herramientas que vienen de la mano de las aguas. El presidente de la red de Villas Termales ha subrayado la relevancia del termalismo en la vida económica de los municipios y el papel de los balnearios como oferta turística de salud física y mental de las personas que los eligen como destino.
Qué se puede hacer en una villa termal

La pregunta que muchos se hacen al escuchar «villa termal» es casi automática: ¿qué se puede hacer además de disfrutar de sus aguas? La respuesta es mucho más amplia de lo que suele imaginarse. Los balnearios y termas permiten disfrutar de una actividad de tradición milenaria, pero también de monumentos, fiestas, museos y actividades culturales de todas las villas.
Los balnearios y centros termales han incorporado avanzadas técnicas de hidroterapia, spa y wellness, atrayendo a turistas tanto nacionales como internacionales. Y las aguas termales son ahora una parte integral del turismo de salud, ofreciendo no solo tratamientos terapéuticos, sino también experiencias de relajación y rejuvenecimiento.
Desde el punto de vista estrictamente terapéutico, las aguas mineromedicinales actúan de forma diferente según su composición. Las aguas sulfuradas están indicadas en reumatología, dermatología y afecciones respiratorias crónicas, así como en estados de agotamiento psicofísico. Las aguas bicarbonatadas tienen usos principalmente digestivos, alcalinizan la orina y también el pH gástrico. Las cloruradas, por su parte, estimulan la secreción gástrica y el peristaltismo intestinal. Y las aguas sulfatadas se recomiendan para procesos reumáticos, dermatológicos y respiratorios crónicos.

A estas propiedades del agua se suman, en la mayoría de las villas, actividades de senderismo por entornos naturales, gastronomía local, turismo cultural y, en muchos casos, una arquitectura modernista y de estilo «belle époque» que convierte al propio balneario en un monumento.
La oferta de las villas termales y los balnearios da respuesta a una demanda cada vez mayor, provocada por las patologías de la vida urbana y el interés por el medio natural y la vida saludable. La combinación de un entorno natural impresionante, una rica herencia cultural y las propiedades curativas de las aguas termales hacen de nuestro país un destino ideal para quienes buscan mejorar su salud y bienestar a través del termalismo.
El programa de termalismo social del IMSERSO, el más extenso de Europa, garantiza además que este tipo de turismo no sea exclusivo de unos pocos. Cada año, miles de mayores acceden a estancias subvencionadas en balnearios de toda la red.
Un mapa termal de norte a sur

La riqueza del termalismo español no se concentra en un único punto del mapa, sino que se reparte en un mosaico de villas termales que cubren prácticamente toda la geografía peninsular, cada una heredera de una tradición distinta según el territorio que la rodea.
En el norte, Galicia aporta el grupo más numeroso de la red, con 24 municipios repartidos entre sus cuatro provincias, aunque más de la mitad se concentran en la provincia de Ourense. Aquí la tradición termal está directamente ligada a las vías romanas que atravesaban el interior gallego camino de Asturica Augusta. La antigua Vía Nova pasaba muy cerca de Lobios y los soldados o viajeros que la recorrían ya hacían parada en sus aguas calientes.

A ese sustrato romano se suma, en Caldas de Reis (Pontevedra), la antigua Aquae Calidae, un topónimo que delata su origen y que además se cruza con el Camino de Santiago, por lo que durante siglos los peregrinos aprovechaban sus manantiales para reponerse antes de seguir hacia Compostela. Más al sur, Mondariz-Balneario representa una tradición distinta y más reciente: la del siglo XIX, cuando sus aguas mineromedicinales empezaron a embotellarse y a distribuirse por toda España, convirtiendo el agua de manantial en un producto de consumo y a la villa en un destino de referencia para la burguesía de la época.

En el centro de la península, el termalismo adopta formas muy distintas según el territorio. En Vega de Tirados (Salamanca), por ejemplo, el Balneario de Ledesma se asienta junto a la Ruta de la Plata, la antigua calzada romana que unía Mérida con Astorga. Sus aguas eran ya conocidas y aprovechadas por los viajeros que recorrían ese trazado hace dos mil años. En Baños de Montemayor, en el extremo norte de Extremadura y también sobre la Vía de la Plata, la tradición romana es especialmente palpable, ya que se trata de uno de los pocos lugares de Europa donde se conservan termas originales de época romana, con su hipocausto, en pleno uso.
En Olmedo (Valladolid), la historia termal se entrelaza con la vida monástica medieval. El manantial de Sancti Spiritus, conocido desde época romana, quedó integrado en un convento del siglo XII y durante siglos su uso quedó asociado al recogimiento religioso antes de convertirse en balneario moderno. Y en Trillo (Guadalajara), la tradición es la del termalismo ilustrado del siglo XVIII. El Real Balneario Carlos III, fundado por impulso directo de la Corona en 1778, refleja el momento en que la monarquía española empezó a promover científicamente el uso de las aguas minerales.

La costa mediterránea completa el cuadro con una diversidad notable, marcada sobre todo por la herencia de Al-Ándalus. En Chiclana de la Frontera (Cádiz), el Balneario Fuente Amarga conserva en su arquitectura, con sus arcadas y anchos pasillos, el recuerdo del legado hispanomusulmán de la zona, aunque su uso documentado como balneario moderno arranca en 1803. En Andalucía oriental, Lanjarón, La Malahá y Alhama de Almería comparten ese mismo sustrato andalusí, al pie de Sierra Nevada y las Alpujarras, una zona donde el agua siempre ha sido un recurso casi sagrado, vinculado a fiestas y rituales que todavía se celebran.
En la Región de Murcia, Archena, Mula, Fortuna y Alhama de Murcia forman un eje termal donde la continuidad entre culturas es la verdadera protagonista. El Balneario de Archena, en el Valle de Ricote junto al río Segura, acumula más de dos mil años de historia, y en Fortuna, en el conocido hoy como Balneario de Leana, íberos, romanos y árabes encontraron sucesivamente en sus aguas un lugar de descanso, salud y culto, hasta el punto de que la propia palabra Alhama procede del árabe al-hamma, «baño caliente».

La Comunidad Valenciana aporta una tradición más ligada al paisaje natural. En Cofrentes, las aguas termales tienen origen volcánico, mientras que en Chulilla, Montanejos y Benassal brotan directamente en cauces de río, dentro de parajes que durante generaciones han sido punto de encuentro para los pueblos del interior valenciano.
Y en Cataluña, Caldes de Malavella, Caldes d’Estrac, La Garriga, Sant Hilari Sacalm y El Vendrell combinan dos capas históricas: la romana, visible en el propio nombre de Caldes (de Aquae Calidae), y la del siglo XIX, cuando estas villas se convirtieron en lugares de veraneo termal para la sociedad barcelonesa, dejando un legado de arquitectura modernista que todavía define su paisaje urbano.
Cada villa termal nos descubre, a través de su agua, la historia de las civilizaciones que pasaron por ella, desde los castros y las calzadas romanas hasta el Al-Ándalus, pasando por los monasterios medievales y el esplendor balneario del siglo XIX.
Más información:
Villas Termales | Federación Española de Municipios (FEMP)
Villas Termales nace al amparo de la Federación Española de Municipios (FEMP) con el fin de promocionar las entidades locales con aguas minerales y termales.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí