La crisis de la mediana edad es un momento de reinvención
Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), autor de, entre otras obras, «Mapa de soledades» y «Abril o nunca», participa hoy en una conversación con Ángela García Domínguez. Será a las 20.15 horas, en la carpa Atalaya.
[–>[–>[–>Hablará de «Mapa de soledades», un ensayo de ese fenómeno, la soledad.
[–> [–>[–>Solemos llamar soledad a un conjunto de experiencias a veces placenteras, a veces involuntarias… En cada época se viven soledades de manera diferente. Ahora no es que la gente sea peor. Es el propio sistema, con sus modelos del hombre hecho a sí mismo, lo que genera esta experiencia colectiva de desarraigo.
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¿Vamos demasiado a nuestra bola?
[–>[–>[–>Por ejemplo, se acusa a los jóvenes de no involucrarse en su barrio. Pero claro, si tienen que vivir en un piso precario, o tienen un sueldo precario y tienen que cambiar cada poco de trabajo, ¿cómo van a hacer amigos en la oficina? Existe la idea de que el Estado tiene que favorecer el bienestar en mayores pero hay cosas que no puede proporcionar. Pueden dar comida, cobijo… pero no estás dando vínculos. Estas tareas siguen reposando en el individuo.
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¿Hay una soledad positiva?
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[–>Y no siempre coincide con una voluntaria. A veces queremos estar solos pero no nos viene bien. Pero sí, hay soledades positivas. Cualquiera que hace alpinismo, que le gusta el arte, leer en casa o entregarse a Dios, seguro que tienen experiencias muy plenas.
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También departirá de «Abril o nunca», una novela sobre el duelo de un padre divorciado que pierde a una hija.
[–>[–>[–>Es un hombre de mediana edad que no puede dejar atrás el recuerdo de su hija y cae en un foro de internet que predica que es posible viajar en el tiempo en la cabeza de uno.
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¿Y lo es?
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Lo hacemos todo el tiempo. Siempre estamos reescribiendo la memoria. Cuando alguien va a terapia por algo de su pasado, es para reescribirlo.
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Subyace la crisis de los cuarenta.
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Los varones de mediana edad a menudo tienen relaciones amistosas que tienden a la superficialidad. Tienen dificultades para compartir y escuchar emociones. Se abre ahí la posibilidad de una quiebra, de buscar otro camino. Es un momento de vaivén y duda. La crisis de la mediana edad es un momento de reinvención.
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¿Ha subido el estándar de exigencia de la felicidad?
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Es más difícil serlo porque antes no era el objetivo. Las familias querían sobrevivir, transmitir moralidad. No deberíamos aspirar a ser felices. El ser humano tiene siempre ansia de más, de crecer. Y eso nos ha convertido en una especie exitosa. No estamos conformes con el mundo tal y como es. La felicidad implicaría cierto pasotismo.
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¿Cómo ha cambiado el concepto de la paternidad?
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Antes normalizábamos la figura del padre ausente. Los hombres no hemos estado tan educados para educar. En la distinción tradicional de roles, hemos entendido que la mujer era lo pasivo, lo íntimo. Y el hombre, lo activo, lo ejecutivo.
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«Narrativa del colapso» se llama el hilo temático en el que participa.
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Es raro escuchar voces autorizadas que nos manden mensajes de esperanza para el futuro.
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