Lo hacían con mucha discreción
Veinticuatro horas los 365 días del año. Así funcionaba el «supermercado de la droga» de Versalles desmantelado por la Policía Nacional. La operación se saldó con la detención de siete personas integradas en una organización que llevaba meses operando en la ciudad. Los camellos operaban desde dos pisos de la calle Pelayo, donde se pasaba heroína y cocaína, y también tenían un punto de venta en La Magdalena, que fue desmantelado por la Policía Nacional el mes pasado.
[–>[–>[–>La investigación, liderada desde la Comisaría de Avilés, permitió destapar una estructura perfectamente organizada y dividida en tres niveles de actuación. En la cúspide se situaba una pareja residente en La Magdalena, con numerosos antecedentes, encargada de la adquisición de las sustancias y de la gestión de los beneficios económicos. En un segundo escalón se integraban un hombre de La Magdalena y una mujer de La Carriona, que asumían la custodia y el transporte de la droga, mientras que un tercer grupo se encargaba de la venta directa al consumidor final desde los dos inmuebles situados en Versalles.
[–> [–>[–>La red había diseñado un sistema de turnos para garantizar una actividad ininterrumpida. Durante el día operaba un piso alquilado exclusivamente para el narcotráfico, abierto entre las 09.30 y las 21.30 horas. Allí uno de los detenidos manipulaba la sustancia, elaboraba cocaína base, preparaba las dosis y facilitaba incluso espacios para el consumo inmediato dentro de la vivienda. Cuando este punto cerraba sus puertas, el negocio continuaba sin interrupción en un segundo inmueble situado a apenas 50 metros.
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El relevo nocturno se realizaba desde una vivienda propiedad de la Fundación San Martín, donde una pareja mantenía la venta de droga hasta la mañana siguiente. Según la Policía, las transacciones se efectuaban incluso a través de las ventanas del bajo y a la vista de los vecinos. En ese inmueble residía además uno de los investigados junto a su pareja e hijos menores de edad, pese a tener en vigor una orden de alejamiento respecto a ella.
[–>[–>[–>Los agentes también detectaron que la organización aprovechaba la cercanía de la Unidad de Tratamiento de Toxicomanías (UTT), situada a solo 200 metros, para captar clientes entre algunos usuarios que acudían a recibir tratamiento con metadona. Tras las detenciones, practicadas el pasado 9 de junio, la Policía intervino 105 dosis de cocaína, 28 dosis de heroína, dinero en efectivo y abundante material destinado a la manipulación y distribución de estupefacientes. Los siete arrestados ya han sido puestos a disposición de la autoridad judicial.
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Calle Pelayo, donde fueron desmantelados los narcopisos / Mara Villamuza
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Incredulidad vecinal
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La noticia de la desmantelación de los narcopisos, ubicados en las inmediaciones de la parroquia de Cristo Rey, pilló de imprevisto a los vecinos de Versalles. Braulio Martín, vecino del barrio de toda la vida, rechaza que la zona pueda considerarse conflictiva. «Versalles es un barrio normal, no diría que es una zona peligrosa. Llevo toda la vida viviendo aquí y lo que está pasando es que hay mucha gente nueva y se está perdiendo un poco la identidad que preservábamos los clásicos. Siempre hay alguna disputa, pero esto es algo puntual», explicaba ayer, tras saber de la operación policial.
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[–>Susana Torres, vecina de la zona, apuntó que el malestar por los movimientos sospechosos se percibía más en otros puntos cercanos que en el entorno inmediato de Versalles. «Escuché muchas quejas de la gente de La Magdalena, pero en esta zona nunca vimos nada alarmante. Puede haber algún movimiento sospechoso a altas horas, pero nada escandaloso, todo lo que hacen se lleva con mucha discreción», afirmó.
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En la misma línea se expresaba Manuel Gión, también residente en la zona, que considera que la convivencia ha atravesado momentos peores. «El mayor problema que hubo aquí recientemente eran los chavales con los patinetes eléctricos, era un peligro ir por las aceras. Afortunadamente, desde que la ley reguló ese tema, la cosa fue a menos y se ha recuperado la normalidad. El barrio cambió, pero no es peligroso», sostuvo.
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