Más de la mitad de los inquilinos en España son personas nacidas en el extranjero
En los últimos cinco años, España ha acogido la llegada de tres millones de extranjeros a un mercado inmobiliario que no se ha construido al mismo ritmo. Por razones obvias de ingresos, arraigo familiar y acceso al crédito, esta nueva población accede … principalmente vía alquiler, un segmento del mercado cada vez más tensionado que en este periodo ha perdido más de la mitad de su oferta. Para que nos hagamos una idea de la situación, se estima que actualmente algo más de 10 millones de personas viven como inquilinos en nuestro país, de las cuales 5,2 millones -es decir, más de la mitad- nacieron en el extranjero.
Estos son los datos que se obtienen de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) 2025 del INE, cruzando el régimen de tenencia de la vivienda con el país de nacimiento de los residentes. El resultado es que, en efecto, los nacidos en el extranjero acaparan la mayor parte del mercado de alquiler nacional, ocupando el 52% del stock. Cabe señalar también que esta cifra se vería incluso suavizada por los menores de familias extranjeras que ya nacieron en España, ya que entre los mayores de 16 años que viven en alquiler, los nacidos fuera alcanzan el 58%.
Por comunidades autónomas, la proporción es especialmente elevada en Baleares y la Comunidad Valenciana, donde casi dos de cada tres inquilinos nacieron fuera de España. También superan el 50% en Aragón, Madrid, Navarra, Murcia, Cataluña, País Vasco y Canarias. Las comunidades con menor porcentaje de inquilinos nacidos en el extranjero son Extremadura, Asturias y Andalucía, todas por debajo del 40%. Si nos centramos en el lugar de origen, los nacidos en países de la Unión Europea representan el 6,7% de los inquilinos, mientras que los nacidos en el resto del mundo son el 46%.
Entre los residentes en edad de trabajar –de 18 a 64 años– los nacidos en el extranjero representan ya el 61,5% de los alquileres. La proporción es aún mayor en los hogares de alquiler con niños, donde el responsable del hogar nació fuera de España en el 67,1% de los casos. En cuanto al alquiler protegido, o por debajo del mercado, los nacidos en el extranjero suponen el 33,2% de este parque de viviendas, pese a que representan el 18,5% de la población. Es decir, tienen prácticamente el doble de probabilidades de vivir en este régimen de tenencia.
Los jóvenes, el daño colateral del sistema
Una de las conclusiones que se pueden sacar de los datos es que España sigue siendo un país de propietarios. A finales de 2025, más del 80% de su población autóctona residía en vivienda propia, con o sin hipoteca. Esta cifra, sin embargo, tiene el riesgo de ofrecer una imagen demasiado cómoda para todos los nacidos en el país, al ocultar al que es sin duda el colectivo más afectado por la escasez de vivienda: los jóvenes no emancipados.
La propia ECV estima que 6,78 millones de jóvenes de entre 17 y 34 años aún viven con sus padres, lo que equivale a nada menos que el 70% de ellos. Esta cifra se elevaría hasta el 75% en el caso de los nacidos en España, ya que muchos de los nacidos en el extranjero en esa franja de edad son inmigrantes que han llegado siendo adultos y no tienen hogar familiar. El grupo menos independiente, sin embargo, es el de los jóvenes nacidos en España pero de familias inmigrantes, entre los que el 86% sigue viviendo con sus padres, perteneciendo en muchos casos a hogares con menores ingresos y menor riqueza acumulada.
«Ha estado subconstruido durante los últimos 15 años», resume Ferran Font, director de Estudios des piso.com. Preguntado por ABC sobre la crisis de acceso a la vivienda de los jóvenes, asegura que el problema no se explica sólo por la falta de pisos disponibles, sino también por el cambio demográfico. «Ha faltado inmuebles que ahora mismo, en el conjunto de España, son aproximadamente 900.000» para poder dar respuesta a la demanda existente, apunta.
Font señala que esta falta de vivienda se ha agravado en los últimos años porque la creación de nuevas viviendas ha crecido mucho más rápido que la construcción. «La gran mayoría de estos hogares no se crean por el nacimiento o la emancipación de los jóvenes, sino que provienen en gran medida de la inmigración», explica. El resultado es que estas nuevas familias tienden a establecerse donde hay empleo, especialmente en las grandes capitales, donde encuentran mercados ya saturados.
«Los jóvenes no tienen capacidad de ahorro y les resultará difícil adquirir una primera vivienda si no es después de haber heredado, ya sea un capital o un inmueble», advierte Font. En su opinión, ambos acaban coincidiendo en los mismos barrios de entrada al mercado, donde el desequilibrio entre oferta y demanda se traslada «de forma cada vez más clara».
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