ECONOMÍA ESPAÑOLA | Christopher Pissarides, premio Nobel de Economía: «España lo está haciendo muy bien; los españoles no tienen demasiados motivos para quejarse»
El economista chipriota-británico Christopher Pissarides (Nicosia, 1948), Premio Nobel de Economía en 2010, participó este jueves en Zaragoza en el congreso El mundo que viene, organizado por la Fundación Ibercaja con motivo del 150 aniversario de la entidad. Considerado una de las máximas autoridades mundiales en mercado laboral, desempleo y productividad, ha dedicado buena parte de su carrera académica a analizar cómo los trabajadores y las empresas se adaptan a los cambios tecnológicos.
[–>[–>[–>Profesor emérito de la London School of Economics, Pissarides es una de las voces más influyentes en el debate sobre inteligencia artificial, transformación económica y competitividad europea. En esta entrevista advierte de que Europa está perdiendo terreno frente a Estados Unidos y China, reclama una mayor integración económica y defiende que la revolución tecnológica debe adaptarse a los valores sociales europeos.
[–> [–>[–>El título de su conferencia habla de un nuevo orden económico. ¿Qué cambios están impulsando esta nueva etapa?
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Hay dos factores principales. El primero es el cambio geopolítico que estamos viendo, especialmente desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y el cambio de orientación de la política estadounidense. Eso está teniendo un impacto importante en cuestiones como las cadenas de suministro o la energía. Las empresas están replanteándose cómo organizar sus actividades. El segundo factor es la tecnología, especialmente la IA. Todo ello está cambiando la forma en que se organiza el trabajo.
[–>[–>[–>¿Estamos ante una transformación comparable a la Revolución Industrial?
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Sí, aunque yo la veo como parte de una misma revolución digital. Desde la llegada de los ordenadores en los años setenta y ochenta, pasando por internet, la robotización y ahora la inteligencia artificial, estamos viviendo distintas fases de una misma transformación tecnológica.
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[–>La inteligencia artificial genera entusiasmo, pero también preocupación. ¿Cuál cree que será su impacto real sobre el empleo?
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Genera entusiasmo y preocupación porque es una tecnología capaz de hacer cosas que antes solo podían hacer los seres humanos con su cerebro. La cuestión es qué queremos que haga. Hoy gran parte de la demanda procede de los gobiernos y la defensa, pero mañana puede orientarse a otros usos. Todo dependerá de quién influya más en su desarrollo. Hasta ahora han sido los investigadores de Silicon Valley. La pregunta es si Europa, África y Asia quieren seguir esa dirección o apostar por una diferente.
[–>[–>[–>¿Qué empleos están más en riesgo con la IA: los trabajos manuales o las profesiones cualificadas de oficina?
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Los empleos manuales llevan décadas transformándose por la automatización. Lo novedoso es que ya estamos viendo efectos sobre los primeros escalones de las profesiones cualificadas. Un abogado sénior puede utilizar inteligencia artificial para realizar tareas que antes encargaba a abogados júnior. Ese es el único impacto negativo que ya estamos observando claramente en los mercados laborales.
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Europa lleva años arrastrando problemas de productividad. ¿Qué debería hacer?
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Adoptar la tecnología a las necesidades europeas y desarrollarla para mejorar la productividad. También necesitamos reorganizar nuestras empresas. Tenemos algunas de éxito, productivas y capaces de competir en el mundo, pero existe mucha ineficiencia en las organizaciones europeas, incluido el sector público. Hay que encontrar un equilibrio entre lograr más eficiencia y conservar nuestros valores. Desde luego, no me gustaría ver a las empresas europeas avanzar en la dirección en la que lo están haciendo las estadounidenses. Aunque eso pudiera aumentar su productividad, no merece la pena pagar el precio de renunciar a nuestro modelo social
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¿Cuál cree que es hoy la principal debilidad de Europa?
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Que no tiene un modelo de adaptación a las tecnologías de automatización, especialmente a la IA, ni una estrategia clara para utilizarlas como base de desarrollo de un mercado verdaderamente unitario. Europa sigue estando demasiado fragmentada. Aunque existe cierta cooperación, no se está desarrollando una estrategia conjunta. Seguimos pensando demasiado en términos nacionales.
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Si tuviera que aconsejar a una persona joven que está eligiendo sus estudios y su carrera profesional, ¿qué habilidades le recomendaría desarrollar?
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No hay duda de que el conocimiento científico seguirá siendo importante, pero no de una forma excesivamente especializada o profunda. No queremos que todos los jóvenes se conviertan en científicos, pero sí que tengan conocimientos básicos de ciencias, especialmente de matemáticas, que es el lenguaje que entiende la ciencia y la ingeniería. Para eso también necesitamos compañías más grandes. Por supuesto, tenemos grandes necesidades en lo que podríamos llamar habilidades blandas (soft skills), especialmente en sectores como los cuidados, la salud o la hostelería.
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España sigue teniendo una de las tasas de paro más altas de Europa, incluso en periodos de crecimiento. ¿Qué reformas considera necesrarias?
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Aunque pueda parecer sorprendente, el mercado laboral tarda mucho en adaptarse a una nueva situación, incluso cuando ya se han llevado a cabo reformas. Por lo que sé, la mayoría de las que España necesitaría para ser más flexible ya se han planteado, pero hace falta buena parte de una generación para adaptarse completamente. Sospecho que existe una mayor duración en los puestos de trabajo, lo que contribuye a ciertas rigideces. Aun así, el desempleo está descendiendo y debería seguir bajando. También serán necesarios ajustes en educación y en la adaptación a las nuevas tecnologías para acercarse a niveles más parecidos a los de otros países europeos.
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¿Cómo se ve España desde fuera? ¿Cuál es su diagnóstico?
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No sigo la economía española con tanto detalle, pero España parece un país de renta alta, con niveles de vida crecientes. Con la excepción del desempleo, especialmente el juvenil, diría que España lo está haciendo muy bien. Creo que los españoles no tienen razones de peso para quejarse. Yo soy griego, y ojalá la economía griega funcionara tan bien como la española. En términos per cápita, España está ya en un nivel similar al italiano.
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Muchas empresas dicen que no encuentran los trabajadores cualificados que necesitan. ¿Cómo explica esta aparente contradicción?
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No es una contradicción, sino una cuestión relacionada con el sistema educativo . Si existiera un modelo de formación profesional dual más desarrollado, las empresas probablemente se quejarían menos. Además, cuando una empresa dice que no encuentra personal preparado, no hay que creérselo del todo: la formación básica corresponde al Estado, pero la especializada deberían proporcionarla las propias compañías. En países como Alemania o Estados Unidos las empresas asumen mucho más ese papel.
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España depende cada vez más de la inmigración para cubrir vacantes. ¿Qué papel jugará en una Europa envejecida?
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Con la caída de la natalidad en Europa habrá una presión migratoria creciente. Necesitamos una política europea de inmigración, aunque no será fácil alcanzarla. Una parte de la inmigración será positiva porque permitirá cubrir empleos para los que no hay suficientes europeos disponibles. Al mismo tiempo, Europa debe gestionar cuidadosamente este fenómeno para evitar tensiones sociales y decidir qué tipo de inmigración necesita.
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Pero en buena parte de Europa ganan terrenos los discursos contrarios a la inmigración.
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No es fácil. Necesitamos pensar de forma más racional cuáles son las necesidades de nuestras sociedades. La gran mayoría de los inmigrantes se integra y presta servicios que de otro modo no podrían realizarse. Habrá problemas puntuales, pero eso no debería destruir toda la política migratoria. Me preocupa escuchar a políticos hablar de inmigración como si se tratara de una guerra. Es un enfoque terrible.
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¿Conoce la realidad de Aragón?
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No. Solo he visto muchos olivos de camino desde Madrid hasta aquí. Me ha sorprendido lo grandes que son los olivos aquí. Son mucho más grandes que en Grecia. He odio hablar de Aragón y Zaragoza desde un punto de vista histórico, no económico. Es mi primera visita.
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Esta región está viviendo una gran ola de inversiones en automoción o infraestructuras tecnológicas.
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Esa es la dirección que debería tomar la industria. China ha demostrado que apostar por el vehículo eléctrico y las renovables puede transformar una economía. Si Aragón está invirtiendo en esa dirección, debería seguir atrayendo proyectos. Tiene mucho suelo, buen clima y condiciones para convertirse en un polo de desarrollo de nuevas industrias.
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¿Cómo valora el impacto de los centros de datos?
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Son necesarios y generan actividad desde la fase de construcción. También exigen energía y agua, lo que plantea desafíos importantes. Son una gran oportunidad, pero con interrogantes que deben resolverse mediante innovación y nuevas tecnologías. Resulta muy difícil decir no a inversiones de este tamaño.
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¿Qué errores habría que evitar para que esas inversiones tengan un efecto duradero?
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Hay que combinar los centros de datos con el desarrollo de más industrias digitales. Si Amazon o Microsoft invierten aquí, también deberían contribuir a la economía local. Lo importante es adaptar esas grandes tecnologías a las necesidades del territorio y aprovechar su presencia para impulsar nuevas actividades económicas.
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Aragón también está atrayendo inversiones chinas como CATL. ¿Cómo ve la relación entre Europa y China?
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Económicamente puede ser positiva para Europa. Lo importante es asegurarse de que las empresas chinas se integren en la economía local, contraten trabajadores del territorio y respeten las normas europeas. Los gobiernos deben ser prudentes y supervisar estas inversiones, pero bien gestionadas pueden aportar beneficios importantes.
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