Tuve que pedirle a la frutería de al lado que me dejase meter cervezas en su nevera
La del sábado fue una noche histórica para Avilés. Y lo fue gracias al concierto de «El último de la fila», el más multitudinario de los que se han celebrado en la ciudad, con 20.000 almas cantando y bailando al ritmo de Manolo García. La gran fiesta montada por los catalanes en el pabellón de La Magdalena, que se consagra como el gran «conciertódromo» de la comarca -y, quizás, uno de los más importantes de Asturias- dejó una dulce resaca en la ciudad. Ya se sabía que los hoteles iban a estar llenos, tal y como había publicado este periódico hace meses, pero lo que pocos sospechaban es que la cita iba a tener tal impacto en la ciudad. “Fue un día espectacular. No hubo ningún problema y la gente se portó fenomenal”.
[–>[–>[–>Por proximidad, el barrio de Versalles fue el que más sintió la dimensión del concierto: los vecinos padecieron restricciones del tráfico y los inconvenientes lógicos de ver duplicada su población durante unas horas (según las estadísticas municipales, viven 9.000 personas). Pese ello, en la mañana de este domingo, la resaca del recital era más que dulce. “Es la primera vez que acabo la jornada con más vasos de los que tenía al empezar, imagina lo bien que se portó la gente”, ríe Marta Isabel Rodríguez, del bar Fonsagrada, con unas palabras compartidas tanto por sus compañeros de sector como por los parroquianos.
[–> [–>[–>“Teníamos suministros preparados, pero nos hemos quedado casi sin nada. Tuvimos la terraza llena durante toda la tarde y el comportamiento de la gente fue ejemplar”, asegura Vanesa Duarte, del bar Onde Vane, que destaca la importancia de eventos como el macroconcierto de «El último de la fila». “Fue increíble todo lo que generó. Todos los bares estuvimos hasta arriba”, asegura.
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Vanesa Duarte / N. M.
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Versalles celebra el tirón del macroconcierto
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Marta Isabel Rodríguez, del bar Fonsagrada, confirma los elogios a los asistentes de su compañera hostelera. “La gente fue muy educada, el trato con ellos fue buenísimo. No hubo ningún incidente”, detalla la avilesina, que ya se recupera del sobreesfuerzo para atender a miles de clientes. “Fueron todos muy formales. No se generó ningún problema ni hubo ninguna discusión. El ambiente que se generó no pudo ser mejor”, indica antes de pedir un deseo: “Ojalá haya todos los años un concierto así. El año pasado fue el de «La Raíz» y también fue genial, espero que sigan con la misma tónica”.
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marta isabel rodriguez / N. M.
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“Las calles estaban a rebosar de gente y, sin embargo, no hubo ni suciedad ni ninguna discusión”, asegura Paco Álvarez, vecino de la zona, que festeja que el barrio se llene por eventos como los macroconciertos de La Magdalena. “Eso da vida a la zona”, afirma. Él no tuvo problemas a la hora de dejar el coche, pero cree que, de haberlos tenido, “son dos días al año”. “Hay que pensar en el bien común. Para una zona que, de normal, no tiene tanto movimiento, días como los de este sábado le vienen como agua de mayo”, sentencia.
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Hostelería llena y buen ambiente en el barrio
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Tal fue el volumen de gente que hubo durante la tarde del sábado en Versalles que Gloria Patricia Molina tuvo que pedir ayuda a una frutería cercana. “Les pedí que me guardasen cerveza en los congeladores, porque aquí no dábamos abasto”, asegura la propietaria de un negocio que solo lleva unas semanas abierto. “Me quedé encantada con la gente, no hubo ningún jaleo. Por ganas yo me hubiese quedado sirviéndoles toda la noche”, asegura la hostelera, que destaca la capacidad de consumo de los asistentes al concierto. “Bocadillos, refrescos, cervezas… Hicieron buen gasto”, señala.
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Gloria Patricia Molina / N. M.
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Esa capacidad de consumo no solo se hizo notar en Versalles, la zona más cercana al concierto. En el centro de Avilés, tras el evento, la sensación por la calle, por el volumen de gente, era “de estar en plenas fiestas de San Agustín”. “Ha sido un fenómeno muy positivo para la ciudad. Vino muchísima gente, incluso de otras comunidades, y la ciudad se puso increíble, como si estuviera en fiestas”, subraya Jorge Tovar, dueño de la Vinetoca Syrah, en la calle Alfonso VII. “Este tipo de conciertos hacen ciudad y animan a que la gente venga y conozca la villa, que falta nos hace. Ha sido muy positivo para todos”, añade.
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El impacto llega también al centro de Avilés
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En la misma línea se expresa Miguel Villabrille, dueño del Plaza’s, el Don Floro y el Bello Otero, todos entre Galiana y la plaza del Carbayedo. “Hay que valorar el concierto de una manera súper positiva. En mis tres negocios he tenido un impacto muy claro, tanto de noche como en el tardeo, en las comidas y en las cenas, y esto se convierte en caja”, explica el hostelero, que cree que conciertos como el de «El último de la fila» “dan prestigio a la ciudad y nos ponen en el foco”. “Estas cosas influyen para que luego la gente nos tenga en cuenta a la hora de hacer turismo familiar o con los amigos”, sostiene.
[–>[–>[–>El sector del taxi también se frotó las manos con todo lo que generó el concierto de El Último de la Fila. “No hemos calculado aún el impacto exacto, pero puedo decirte que las llamadas se multiplicaron por cinco”, asegura Carlos Peláez, presidente de Radio Taxi Avilés, que detalla que “muchas de las llamadas las orientamos a la espera en las paradas habilitadas por el Ayuntamiento para el evento, para poder gestionar con más agilidad los servicios”.
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Aunque el regusto dejado por el concierto es netamente positivo, también hubo quien propuso algunas mejoras de cara a próximas citas, como el concierto de Aitana, programado para este viernes, día 26. Habilitar más salidas en el recinto del pabellón, mejorar la higiene en los servicios y más agentes de policía para regular el tráfico al final del concierto fueron algunas de las quejas más recurrentes de los asistentes.
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