Así se vive en Gibraltar y La Línea los días previos al derribo de la Verja: «A mí me hacen reina»
En Gibraltar hay cosas que ocurren muy rápido. Uno se puede casar en 24 horas, como en Las Vegas. Allí todavía recuerdan las bodas de dos de las parejas más de moda de los sesenta: John Lennon y Yoko Ono, en 1969, y Víctor Manuel y Ana Belén, en 1972.
[–>[–>[–>Pero hay otras cosas en el Peñón que van muy despacio, que se cuentan en lustros, décadas o incluso siglos. Hace 322 años que los británicos tomaron militarmente este punto estratégico, el más al sur de Europa y puerta de entrada del Mediterráneo.
[–> [–>[–>Cinco son los años que han estado negociando Reino Unido y su colonia con la Unión Europea y España un tratado para ver cómo hacer encajar al territorio en el espacio de libertad de movimiento Schengen y la Unión Aduanera tras el Brexit. Lo anunciaron el 11 de junio de 2025 y el texto, de mil páginas, entrará en vigor en los próximos días, antes del 15 de julio.
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Y 13 fueron los años que los gibraltareños pasaron literalmente encerrados en el pequeño territorio de siete kilómetros cuadrados, después de que el dictador Francisco Franco ordenara, en 1969, el cierre de la frontera. Que nada ni nadie entrara ni saliera por la Verja. La frontera que los propios británicos habían levantado en el istmo de tierra para adueñarse de aún más territorio se convertía en una jaula para decenas de miles de personas. Fue un castigo porque los “llanitos”, como se llama a los habitantes de Gibraltar, habían votado por abrumadora mayoría a favor de quedarse en Reino Unido en un referéndum convocado por su Gobierno. “Nos quedamos como británicos”, titulaba entonces el diario local Gibraltar Chronicle.
[–>[–>[–>Aquella etapa traumática no la olvidan en la colonia ni en el lado español, en la ciudad de La Línea de la Concepción. “Yo tenía cinco o seis años cuando cerraron. Mi madre estaba conmigo a un lado, pero mi tía estaba en el otro. Tengo fotos en las que se nos ve hablando con nuestros primos a través de la Verja, como en las del muro de Berlín”, recuerda Lorenzo Pérez Periañez, empresario linense y portavoz del Grupo Transfronterizo que aúna a empresarios y sindicatos del Campo de Gibraltar y Gibraltar. “Aquellos 13 años fueron muy duros. Un familiar mío, cuando su padre en España se puso malo, se echó al agua para pasar al otro lado y le disparaban”, afirma Alfie Bassadone, representante de la Cámara de Comercio de Gibraltar. Había otra forma de llegar a España en aquella época que era una locura, recuerda la profesora Jenique Berllaque: ir en un ferri a Tánger y, desde allí, a Algeciras. Ella, gibraltareña con familia española, lo hacía con su familia.
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“A mí me hacen reina”
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El Tratado sobre Gibraltar es un texto muy técnico casi indescribrable para el común de los mortales. Pero su traducción en el día a día la tienen clarísima las 15.000 personas que cruzan la Verja a diario. En pocas semanas podrán pasar libremente de uno a otro lado.
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[–>Para los gibraltareños y británicos de Gibraltar, de pronto el mundo se hace mucho más grande y accesible. Antes ya podían entrar en España, por supuesto. Algunos de ellos, de hecho, tienen casas grandes con piscina en la comunidad de lujo gaditana de Sotogrande, algo impensable en la angosta colonia británica. Pero había restricciones, controles de pasaportes y colas. Si se producía cualquier conflicto diplomático, por ejemplo porque las autoridades gibraltareñas acosaban a un pescador español o había roces entre sus patrulleras y las de la Guardia Civil, de pronto los controles podían hacerse más exhaustivos y la cola, interminable.
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Esos atascos los sufren también los más de diez mil españoles o residentes en España que cada día cruzan al otro lado para trabajar. Por ejemplo Yasmine, una joven marroquí que trabaja en la piscina de un hotel de lujo en Gibraltar pero vive en La Línea. “¿Seguro que van a tirar la Verja? Llevan un año diciendo lo mismo”. Las colas las padece también Daniela, otra camarera española en Gibraltar. “Cuando tiren la Verja, a mí me hacen reina. Ahora tengo que venir en patinete porque el paso es más rápido. En coche o andando es una hora”.
[–>[–>[–>GIBRALTAR, 12/04/2024.- Una mujer cruza este viernes el aeropuerto de Gibraltar cuando Reino Unido y España se reúnen en Bruselas para llegar a un acuerdo sobre el peñón. / A.Carrasco Ragel / EFE
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Esos trabajadores están en el epicentro de la campaña que han emprendido los gobiernos progresistas de España, Reino Unido y Gribaltar para vender a sus poblaciones y a la oposición la necesidad de llegar a un acuerdo entre las partes. Lo llaman “zona de prosperidad compartida”: cuantas menos barreras físicas haya, más crecerá la economía de ambos lados. La de Gibraltar entró en zona de incertidumbre tras la salida de su metrópoli de la UE. Una frontera «dura» con España mataba sus posibilidades. La del Campo de Gibraltar, maltratada por el desempleo y la falta de inversión, espera que el dinero gibraltareño se refleje en crecimiento económico en la zona, mientras teme una subida drástica de los precios de la vivienda por el influjo de gibraltareños.
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Un IVA en Gibraltar
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Para llevar las negociaciones a buen puerto ha habido que forzar centenares de piezas de un puzle que no terminaban de encajar. Por ejemplo, los bajísimos impuestos que se cobran en el Peñón. ¿Cómo evitar la competencia desleal de empresas que apenas pagan tasas, en lo que fue considerado un paraíso fiscal? ¿Y cómo lograr que las mercancías del lado español compitan con la suerte de duty free que es Gibraltar?
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Para solucionarlo se ha creado una impuesto en Gibraltar similar al IVA. Comenzará en un 15 % e irá subiendo gradualmente. Algunos llanitos expresan su preocupación por el aumento del coste de la vida que esto les va a suponer. Gibraltar ha ido también alineando sus políticas fiscales para empresas y grandes fortunas hasta conseguir que tanto la UE como España la saquen de sus respectivas listas de paraísos fiscales.
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Y luego están las pensiones de los trabajadores españoles. En general, suelen cobrar salarios bajos, muy lejos de los ingresos de los gibraltareños, que rondan los 42.000 euros. Su sistema de pensiones incluye un fondo que se reparte entre los residentes. El de los españoles, no. ¿Es justo que un español que trabaja en Gibraltar tenga una pensión radicalmente menor que la de un gibraltareño, aunque haya trabajado allí toda la vida? Eso también está en el tratado, pero hay flecos.
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“Para empezar, se ha conseguido que un trabajador español se rija por la legislación laboral gibraltareña y tenga los mismos derechos”, dice Manuel Triano, secretario general de CCOO en el Campo de Gibraltar, que representa a unos 5.000 trabajadores. Para equilibrar las pensiones hay en el tratado un fondo financiero para la resolución de desequilibrios, pero se desconoce la cuantía que tendrá y quién aportará. «Por el momento, la Seguridad Social española va a ser la que va a corregir esos desequilibrios», dice que le ha asegurado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
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“Que venga Abascal si quiere”
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Cuando abran la Verja pueden pasar cosas inesperadas. Por ejemplo, en Gibraltar no se descarta que un grupo de españoles vaya en tromba, por ejemplo, a manifestarse a Gibraltar, aprovechando que el paso es libre. Nadie lo descarta. El ex líder de Vox Javier Ortega Smith nadó hasta la costa de Gibraltar el 20 de junio de 2016 para participar en una protesta política.
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“¿Que quieren venir a manifestarse los de Vox? Que vengan. ¿Que quiere venir Abascal? Que venga, le espero en el ring”, responde con sarcasmo Darren Cerisola, boxeador y presidente el citado Grupo Transfronterizo.
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A ese Grupo lo iban a llamar «el club Margallo”, bromea Manuel Triano, que también es miembro. José Manuel García Margallo restringió el paso en la frontera y generó colas en cuanto llegó al Ministerio de Exteriores, recuerda Triano. “Una bofetada a Gibraltar en la cara de los trabajadores transfronterizos, que no sabían ni a qué hora levantarse para llegar a su trabajo ni a qué hora llegarían a casa. Patronales y sindicatos de ambos lados nos sentamos para que nos dejara tranquilos”.
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Darren Cerisola insiste en la misma idea. “La historia enseña que la opresión no trae nada. De Franco en adelante, estas medidas solo han traído odio”.
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Posición del PP sobre Gibraltar
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No es descartable que en la próxima legislatura haya un ministro en la línea ideológica de Margallo, que prioriza la reclamación de España sobre la soberanía del Peñón. Gibraltar está en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonizar de Naciones Unidas y cada año se discute sobre esta anomalía histórica en la sede de Nueva York.
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El Partido Popular y Vox se oponen al tratado. Es previsible que voten en contra en el procedimiento de ratificación en el Parlamento Europeo tras su entrada en vigor provisional. La duda es si los populares lo harán solo a modo de rechazo simbólico o si tratarán de movilizar a sus socios del Partido Popular Europeo para que lo tumben. Es complicado, porque este acuerdo ha sido negociado por la Comisión de la popular Ursula von der Leyen.
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Si, como prevén las encuestas, el próximo Gobierno de España lo forma una coalición de PP y Vox, la implementación del tratado puede encontrarse con problemas. Para empezar, el Tratado puede impugnarse a los cuatro años por las partes, que deberían convencer a Bruselas de que no se ha aplicado bien la legislación del espacio común europeo Schengen. Y en cualquier momento puede pedirse la paralización por otros motivos.
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Los trabajos para derribar la Verja
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El puesto fronterizo es ahora mismo un caos total de andamios, máquinas excavadoras y vallas que distribuyen de forma tortuosa el tráfico de personas y vehículos. Se están desmontando los tornos y los controles. Los vehículos privados pasarán sin más por el túnel bajo la pista del aeropuerto, que cruza de lado a lado y supone una barrera artificial. Los peatones tendrán que cruzar por la misma pista, como llevan haciendo décadas, cuando no pasan aviones.
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Imágenes de la frontera entre España y Gibraltar. El 19 de junio de 2026 en Gibraltar. / Francisco J. Olmo / Europa Press
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Desguaces El Malagueño recoge los escombros de las obras, según publicó la edición de este jueves del Gibraltar Chronicle. El dueño de la empresa les ha dicho que todo tiene que estar listo antes del 15 de julio.
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En portada, el Chronicle llevaba este jueves otro asunto que preocupa a los llanitos: una previsible avalancha de ciudadanos británicos y de otras nacionalidades que soliciten la residencia en Gibraltar. Sin la Verja, son casi todo ventajas.
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“Hemos pasado de mil solicitudes a tres mil en tres meses”, dice Fabián Picardo, el ministro principal de Gibraltar, territorio de cerca de 40.000 habitantes. “Teníamos que parar y crear un sistema nuevo”. La solución que han encontrado es imponer requisitos. No puede solicitarla quien tenga más de 55 años, quien no tenga trabajo o quien gane menos de unas 38.000 libras, cerca de 40.000 euros. “Queremos que la residencia la solicite quien tenga una relación real con el lugar, que no sea simplemente para entrar en la zona Schengen de forma fácil”.
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También hay mucha preocupación por la seguridad. “El acuerdo es positivo, pero temo que lleguen carteristas o incluso okupas”, afirma Carlos, conductor gibraltareño de origen español.
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El Ministro Principal, Fabián Picardo, conversa con su sucesora Gemma Arias-Vásquez durante un encuentro con periodistas españoles. El 19 de junio de 2026 en Gibraltar. / Francisco J. Olmo / Europa Press
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Picardo asegura que han hecho previsiones y que se ha invertido en la Policía Real de Gibraltar. “Se utilizarán cámaras de reconocimiento facial en la zona del aeropuerto y en las vías principales para identificar a individuos que estén en bases de datos de Interpol o de las policías británica y de Gibraltar”, afirma el político socialista. “Se está instalando una red de cámaras en todo Gibraltar para dar visibilidad a las fuerzas del orden”.
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Otros temen también que la identidad gibraltareña se pueda diluir ante el influjo de la española. En Gibraltar todos hablan inglés (cada vez más) y español (cada vez menos), además de un híbrido entre ambos conocido como “llanito”, una mezcla de andaluz y spanglish. “Los españoles que viven junto a Francia siguen siendo españoles. Estoy plenamente convencida de que el gibraltareño seguirá siendo muy gibraltareño, más gibraltareño”, sentencia Gemma Arias Vasquez, política socialista destinada a sustituir a Picardo en el puesto, que este dejará dentro de unos meses.
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Los habitantes de Gibraltar y del Campo de Gibraltar se preparan para que, en unos días, sus vidas sufran un pequeño gran cambio, resultado de un enorme tratado y del peso implacable del tiempo y la historia. Un tiempo que en Gibraltar se mide en las horas que tarda uno en casarse, en lo que se tarda en cruzar la Verja y en las décadas de disputas sobre la soberanía. Eso continuará.
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