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crónica de una caída política anunciada

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  • Publishedjunio 22, 2026




El primer ministro Keir Starmer se dirige a la nación para anunciar su dimisión.

– Europa Press/Contacto/Dinendra Haría

MADRID, 22 de junio (EUROPA PRESS)-

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, puso fin este lunes a la larga crisis que azotaba su mandato con su dimisión, tras ceder a presiones internas por la falta de liderazgo, sus continuos cambios de cargo y varias polémicas en su gabinete, además de una serie de debacles electorales que han precipitado su caída en pleno ascenso del ultraderechista Reform UK, liderado por Nigel Farage.

Starmer acaba siendo una nueva pieza de la voraz política británica, que ha aplastado a seis líderes en la última década, cuando este martes se cumplen diez años del referéndum para la salida del país de la Unión Europea.

En un discurso desde Downing Street y tras reivindicar los cambios iniciados desde 2024, cuando arrasó en las elecciones generales abanderando el retorno de la decencia a la política británica tras el periodo convulso de Boris Johnson y el error de sus sucesores conservadores Liz Truss y Rishi Sunak, anunció su dimisión como jefe del Ejecutivo británico, que se hará efectiva a finales de julio cuando concluya el proceso interno en el Partido Laborista que se inicia formalmente el día 9. de julio.

«Es la conclusión de una historia que ya estaba anunciada desde hace varios meses, de pérdida constante de credibilidad respecto de su gente, los laboristas y los representantes políticos del partido pero también respecto de la sociedad británica», afirma Moisés Ruiz, profesor de Comunicación y Liderazgo Político de la Universidad Europea, quien considera que Starmer es una nueva víctima del «desastre» del Brexit, un proceso que a su juicio ha sumido a los ciudadanos británicos en la confusión, la incertidumbre y la decepción.

Así, llega a hablar del líder británico como «un cadáver político desde hace meses». «Estaba enrocado en un cargo mientras el propio Partido Laborista exigía su dimisión. Ya no lideraba, no había confianza ni credibilidad, ni en sus maneras ni en sus decisiones», resume.

VICTORIA ELECTORAL APLASTADORA EN 2024

Starmer, que llegó con el impulso de una abrumadora mayoría después de obtener 412 escaños, frente a los 121 del Partido Conservador – siendo este el peor resultado del partido en su historia moderna – pronto tuvo que enfrentarse a críticas por la falta de dirección ideológica y de carisma político y fue encadenando diferentes crisis que han dañado su imagen como líder.

Considerado desde el ‘ala blanda’ de la izquierda del Partido Laborista, los problemas comenzaron a surgir poco después de asumir el cargo. En un primer momento, su estrategia de recortes sociales, que tuvo que revertir ante las críticas en sus propias filas, o su mano dura en materia migratoria son cuestiones que no se entendieron del todo en el seno del Partido Laborista, con la impresión de que el primer ministro no encontraba su tono y que tenía una representación en Westminster muy por encima de su popularidad.

Todo en un endiablado escenario político británico marcado por el ascenso de Reform UK, el partido de Farage, uno de los principales artífices del Brexit y que ganaría las elecciones en Reino Unido si se convocaran próximamente, según las últimas proyecciones de intención de voto.

CASO EPSTEIN

A las posiciones indecisas e inestables de Starmer se sumaron los tentáculos del caso del delincuente sexual Jeffrey Epstein, después de que salieran a la luz las relaciones de su ex embajador en Estados Unidos Peter Mandelson con el multimillonario, así como numerosas sombras sobre el proceso de elección del propio político como representante diplomático en Washington. El primer ministro se vio obligado a disculparse públicamente por la confianza depositada en Mandelson, mientras poco después la atención se centraba en las irregularidades y la falta de revisiones para nombrarlo embajador.

Con su imagen muy deteriorada, el escándalo acabó con su jefe de gabinete, Morgan McSweeney, y varios cargos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, mientras crecían las críticas internas y el líder del Partido Laborista escocés, Anas Sarwa, le pedía que dimitiera al considerarlo un obstáculo para el trabajo del Ejecutivo.

En cualquier caso, el elemento que determinó su salida llegó el 7 de mayo tras la debacle laborista en las elecciones locales, en las que la crisis se hizo evidente con la pérdida de cientos de concejales en toda Inglaterra, incluso en bastiones como Birmingham, y retrocesos importantes en los parlamentos de Escocia y Gales, que los dejaron muy lejos del porcentaje de voto en las elecciones generales de 2024.

Así, el colapso electoral no hizo más que acelerar el debate sobre la sucesión con la revuelta de decenas de diputados y funcionarios gubernamentales que pedían la salida de Starmer y la apertura de un proceso interno, con la figura del Ministro de Salud Wes Streeting como principal crítico en el gabinete mientras los focos empezaban a mirar hacia el norte, donde el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, se presentaba a las elecciones parciales en Makerfield, no sin antes un tira y afloja con la dirección del Partido Laborista por una candidatura. eso, de tener éxito, abriría el escenario para las primarias, que requieren que el candidato sea miembro del Parlamento británico y reúna 80 apoyos.

En este punto no ayudó que el ex primer ministro Tony Blair minara la falta de dirección del jefe del Ejecutivo, asegurando que carecía de un plan de gobierno claro y uniéndose a las voces que pedían un debate interno dentro del Partido Laborista para «elegir una dirección».

De esta forma, el vertiginoso escenario político se ha precipitado en las últimas semanas con una nueva dimisión importante dentro del Gobierno, la de John Healy, ministro de Defensa, que alegó diferencias con Starmer sobre los planes de gasto militar, en un momento en el que la seguridad y la defensa han subido a lo más alto de la agenda política.

Todo como preámbulo de las elecciones de Makerfield de la semana pasada que, lejos de ser una disputa local, han acabado catapultando a Burnham como una figura laborista llamada a revertir el declive del Ejecutivo y revitalizar el partido en el apogeo de Farage. Su favoritismo ha quedado confirmado después de que Streeting confirmara este lunes que no competirá en las primarias y haya ofrecido su apoyo al Burnham.

Según Moisés Ruiz, Burnham sale «con mucha fuerza» tras su victoria en las elecciones parciales, lo que ha generado «confianza» entre los descontentos y ha elevado la presión hasta un punto inasumible para el primer ministro. «El Partido Laborista ya ha visto que hay un candidato visible que puede recuperar los votos perdidos», sostiene.

El propio Streeting ha indicado que las elecciones de Makerfield han demostrado que el Partido Laborista todavía puede ganar «si tiene el coraje de cambiar». «Fue una victoria de la unidad y de la esperanza sobre la división y el odio. También fue una victoria para Andy Burnham», indicó, para subrayar que sus ideas tienen cabida bajo el liderazgo del ex alcalde de Manchester. En cualquier caso, está por ver si la crisis del laborismo británico se debe a una simple cuestión de carisma y se resuelve con un cambio de cara, ya que a Burnham se le atribuyen posiciones políticas similares a las de Starmer.

En opinión del catedrático de la Universidad Europea, la crisis política en el Reino Unido sólo se podrá afrontar a través del liderazgo de un político «con visión, carismático y que arrastre a la población hacia la toma de decisiones correctas», al tiempo que recuerda el «tremendo error» de la salida del Reino Unido de la UE y que los indicadores económicos y sociales son peores que hace diez años.



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