Diez años del Brexit: la metamorfosis del euroescepticismo
El 24 de junio de 2016, los pasillos de las instituciones comunitarias de Bruselas vivieron un día de pánico institucional. La victoria del Brexit en el Reino Unido fue interpretada entonces como el paciente cero de un efecto dominó que contagiaría a otras naciones con fuertes corrientes euroescépticas. Diez años después, la realidad demuestra que el complicado divorcio y el posterior estancamiento británico no han actuado precisamente como modelo, sino más bien como inmunización colectiva para los Veintisiete.
Mientras el bloque comunitario ganaba cohesión, el Reino Unido afrontaba las consecuencias del aislamiento: barreras arancelarias, burocracia, escasez de mano de obra en sectores clave y una evidente pérdida de influencia geopolítica. Este desgaste sirvió de lección exprés para los países que alguna vez dudaron de la viabilidad del proyecto europeo. Los datos del Eurobarómetro de mayo de 2026 confirman este apoyo a nivel social: el 72% de los ciudadanos encuestados afirma que su país tiene se benefició de ser miembro de la Unión y el 60% se muestra optimista sobre el futuro del bloque.
Un «profundo fracaso»
Como explica Jorge Tamames, investigador de Política Exterior y Democracia del Real Instituto Elcano, el proceso de salida ha funcionado como un «jarro de agua fría» para aquellas formaciones que proponían una ruptura, como tanto «inmensa complejidad del proceso» como el estancamiento económico del Reino Unido. En este sentido, Tamames destaca que el Brexit finalmente se ha revelado como un «profundo fracaso del país que lo puso en práctica».
Esta evidencia ha obligado a una reconfiguración en la estrategia de la extrema derecha. Formaciones populistas que en 2016 pidieron referendos de salida, como el Grupo Nacional Francés por Marine Le Pen o el Partido de la Libertad del holandés Geert Wilders, han ido dejando de lado ese discurso tras observar el coste económico, el caos en las aduanas británicas y la permanente inestabilidad en Downing Street.
Según el informe «Contrarrestar a la extrema derecha en el Parlamento Europeo» del Fundación de Estudios Progresistas Europeos (FEPS), Ha habido un «cambio cualitativo» en su enfoque político: el objetivo ya no es una salida dura de la UE o del euro, sino normalizar e integrarse estratégicamente en los procesos parlamentarios para remodelar la agenda y transformar la Unión desde sus propias estructuras.
La extrema derecha opta por reformar la UE
Esta estrategia se ve favorecida por una creciente dificultad para mantener el tradicional cordón sanitario. Su éxito electoral y su progresiva normalización en el tablero político europeo complican el aislamiento de fuerzas que ya no sólo buscan bloquear leyes, sino también condicionar a las grandes mayorías del Parlamento Europeo. Tamames coincide en que «no hay motivos para la complacencia», señalando que «hoy los partidos de extrema derecha prefieren reformar la propia UE porque su fuerza y capacidad para condicionarla es mucho mayor que hace diez años». El investigador recuerda, sin embargo, que el modelo de «Europa de las Naciones» que pretenden imponer –mantener el mercado único pero eliminar la integración política y el derecho comunitario es una «entelequia» a largo plazo.
Tamames recurre al histórico caso ‘Costa contra ENEL’ para desmontar esa tesis. Esta sentencia de 1964 -que nació casi anecdóticamente cuando un ciudadano italiano se negó a pagar una factura de electricidad tras la nacionalización del sector eléctrico- estableció el principio fundacional de la primacía del derecho comunitario: la regla de oro de que las leyes de la UE están por encima de las nacionales. Al recordar este hito, el investigador destaca que «la integración económica y el derecho comunitario van de la mano», siendo jurídicamente imposible desmantelar una parte sin que la otra caiga.
Aun así, reconoce que a corto plazo «las contradicciones no suelen ser un obstáculo para la extrema derecha» y que sus prioridades ya se notan en agendas clave, como la inmigración. Incluso en el ámbito económico, Tamames observa que Estas fuerzas han sabido adaptar su discurso culpar a los inmigrantes de los problemas estructurales, una dinámica que se ha agravado en el Reino Unido porque otros partidos han validado parte de esa retórica. «Que los hechos contradigan la narrativa política no suele ser un problema para estas fuerzas», reconoce.
Diez años después, el Brexit no ha conseguido fragmentar Europa, pero, como advierte Tamames, El éxito pasado no garantiza el futuro.ya que la disputa por el poder se libra ahora con fuerza desde el centro mismo de las instituciones.
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