No podemos ni abrir las ventanas
«Es una locura. Cada vez que abres una puerta o una ventana Tienes que correr porque la casa está llena de moscas. Es repugnante»Nos lo cuenta Lina d’Hostalric. Los habitantes de este pueblo gerundense llevan una semana viviendo una auténtica pesadilla. Una invasión de moscas ha invadido el municipio, obligando a los vecinos a cambiar sus hábitos diarios y gastar dinero en trampas e insecticidas para intentar combatir a los insectos.
Es imposible sentarse afuera o abrir ventanas para ventilar la casa. Cientos de moscas rodean a vecinos y trabajadores en las terrazas de bares y restaurantes. «Es verano y hace calor. Tenemos que cerrar las ventanas y esconder la comida porque las moscas van directamente a la comida. Es estresante, horrible», explica Marc, una de las víctimas. El municipio ha instalado trampas de feromonas en las señales de tráfico, pero los vecinos nos dicen que esto no soluciona el problema y que la mayoría tiene que encontrar soluciones por su cuenta. «Gastamos mucho dinero en insecticidas», añade. La situación también desespera a Anna. Como muchos otros vecinos, optó por hacer trampas caseras. «Cuando la botella está llena la cambiamos por otra. No podemos vivir así».
José asegura que La convivencia se ha vuelto “insoportable”. «Es inaceptable. Estamos rodeados de moscas», lamenta. Además, considera que la acumulación de residuos contribuye a agravar el problema. «Los residuos no se recogen a diario y este es otro agravante». Incluso, afirma, algunas tiendas se están quedando sin insecticidas debido a la gran demanda.
El origen del hogar
El origen del brote parece ser una planta de reciclaje de envases de plástico situado en la zona industrial de Hostalric, que retenía algunos palés infectados. El ayuntamiento ha abierto un expediente administrativo contra la empresa. Las zonas urbanas más cercanas a la epidemia son las que más la sufren. Anna lleva más de una semana luchando contra la invasión de su casa. “Es horrible lo que hemos pasado y lo que nos queda”, explica. Cuenta que en tan solo un día logró recoger una palada de moscas de la cocina y, dos horas después, otra media palada. «Estoy cansada. El olor se mete en la casa y un día tuve que tirar comida a la basura. No es normal. Necesitan encontrar una solución».
La preocupación también afecta a las empresas del sector. Rosa asegura que en un supermercado cercano al supuesto foco de la plaga tuvieron que extremar precauciones. «El pescado está cubierto de plástico, pero la fruta fresca no. Lo estamos pasando mal». Según él, ni siquiera los insecticidas son eficaces. «Ya estoy hasta aquí. «No puedes sentarte en ningún lugar sin moscas a tu alrededor»..
Algunas empresas también enfrentan problemas e inconvenientes para seguir trabajando. Selvametall, por ejemplo, colocó trampas fuera de la fábrica para capturar insectos y también fumigó, pero “siempre vuelven”, nos cuentan los empleados. Los vecinos exigen ahora acciones inmediatas para localizar el origen de la plaga y poner fin a una situación que califican de insoportable. Mientras tanto, siguen recurriendo a matamoscas, trampas caseras y productos insecticidas para intentar volver a la normalidad.
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