La política exterior no es ‘La isla de las tentaciones’
Un comentario más ácido que socarrón del ministro de Defensa italiano resumía bien el ambiente en Roma tras «el divorcio» de telenovela entre Donald Trump y Giorgia Meloni. Le preguntaron esta semana si iría a la recepción del 4 de julio en la embajada estadounidense en Roma. Guido Crosetto respondió con otra pregunta: «¿Cuándo es? ¿Qué día?». Le dijeron que el jueves. «Si tengo tiempo, iré», contestó. Y remató: «Las hamburguesas siempre están muy ricas«. La pulla llegaba justo cuando la primera ministra italiana intentaba poner hielo sobre la crisis que el propio Trump abrió la semana pasada con sus ataques verbales a Italia por la poca implicación de Roma con la guerra de EEUU contra Irán.
[–>[–>[–>La primera reacción de Meloni —»ni yo ni Italia suplicamos»— fue orgullo herido. Días después, prefiere bajar el tono. «Ya he dicho y reitero que no tengo intención de seguir alimentando este enfrentamiento», dijo el martes en una entrevista a un medio próximo a su entorno. «Nuestro trabajo bilateral con Estados Unidos debe volver a la normalidad«, añadió. La relación entre EEUU y Europa sostiene «uno de los pilares extraordinarios de la fuerza de Occidente», agregó la líder, que hasta ahora hacía de puente diplomático entre Bruselas y Washington.
[–> [–>[–>Pragmatismo
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Traducido, el mensaje de Meloni es que el enfado debe ceder el paso al pragmatismo. Una cosa es tragarse una humillación pública, otra convertirla en crisis de Estado. «A veces hablamos de política exterior como si fuera, no sé, Temptation Island [‘La isla de las tentaciones’]», ha ironizado incluso, en referencia al programa de telerrealidad y al avalancha de memes que generó el episodio. «Pero la política exterior es un poco más compleja que eso».
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La frase no era casual. Meloni intenta sacar el enfado de Trump –quien la ha acusado de un escaso apoyo en su guerra contra Irán– del terreno sentimental y devolverla al de los intereses nacionales. De ahí también el anuncio de la italiana de que ministros del Gobierno italiano acudirán a la recepción del 4 de julio en Villa Taverna, residencia del embajador estadounidense, cita a la que ella misma asistió en años anteriores.
[–>[–>[–>«Creo que el ministro [de Exteriores, Antonio] Tajani hizo bien en cancelar inmediatamente [tras las declaraciones de Trump contra Meloni] su viaje a Washington para enviar una señal, pero una vez que llega el mensaje no hace falta ir más lejos», explicó. «Empezando precisamente por la recepción en Villa Taverna, fecha tradicional que se celebra cada año el 4 de julio y al que el Gobierno también asistirá el respeto al embajador [de EEUU en Italia, Tilman] Fertitta», añadió.
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Aranceles
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La ecuación es compleja para Meloni porque, por una parte, en el Ejecutivo italiano temen que a la retórica le sigan medidas tangibles, entre ellos, nuevos aranceles estadounidenses a medida para Italia. Hasta ahora Roma había esquivado bien los zarpazos de Trump. Nadie da ya eso por garantizado. Por el otro, la jefa del Gobierno italiano necesita mantener el equilibrio ante su electorado, en el que la índole nacionalista y patriótica no falta.
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[–>El embajador Francesco Maria Talò, veterano diplomático y exconsejero de la Presidencia del Consejo, lo ha resumido en una fórmula, en su opinión, sencilla. «Nuestra posición puede resumirse en cuatro palabras: aliados sí, súbditos no. Estamos entre los defensores más convencidos de la Alianza Atlántica y precisamente por eso defendemos nuestra autonomía de juicio. El Gobierno de Meloni se ha comprometido más que otros a preservar la unidad de Occidente, pese a las dificultades surgidas entre ambas orillas del Atlántico».
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«Una globalista»
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Todo ello cuando el universo más extremista de Trump ya la ha condenado. «El presidente se ha expresado: el mensaje que publicó en redes sociales es ya la línea oficial de la Administración de Estados Unidos. Ya no estamos en el nivel de una conversación con un periodista que puede malinterpretarse o no. Esta es la línea oficial y por el momento documenta una ruptura clara«, ha explicado al diario italiano Repubblica Paolo Zampolli, enviado especial del Gobierno estadounidense para las Global Partnerships y amigo personal de Trump.
[–>[–>[–>El exconsejero de Trump, Steve Bannonm fue más lejos: «Habrá consecuencias. Meloni no es amiga de Estados Unidos, nunca ha sido puente entre nosotros y la UE». Y añadió: «Ya no la tomo en serio, y nadie en Estados Unidos lo hace. Era fantástica, pero se ha convertido en una globalista total. Ha jugado el juego de la Unión Europea porque necesitaba el dinero, y el de la OTAN».
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La verdadera prueba llegará en pocos días. Meloni había sí logrado hasta ahora hacer de puente entre Washington y Bruselas, pero esa posición ahora parece tan útil como incómoda. La cumbre de la OTAN del 7 y 8 de julio —cuando los dos tienen previsto volver a verse— dirá si el episodio fue una tormenta pasajera o una grieta más honda en una relación que Meloni consideraba estratégica.
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