María Lorenzo es la primera mujer en tener un implante metálico en el fémur y en «sentir» lo que pisa
A sus 33 años, María Lorenzo Ortea ha tenido que volver a aprender a caminar, «como si fuese una niña pequeña». El pasado 2 de febrero se convirtió en la primera mujer asturiana amputada en someterse a una cirugía de osteointegración. Se trata de una novedosa técnica que permite fijar la prótesis directamente al hueso y que ofrece una marcha más natural, mayor estabilidad y mejor calidad de vida. «Viene a ser como un implante dental, pero en vez de en el diente, se coloca en el hueso, en mi caso en el fémur», explica esta castrillonense, que es trabajadora social. La operación, que duró siete horas y media, supuso, dice, un «halo de esperanza».
[–>[–>[–>Con solo 5 años, María perdió la pierna, tras ser atropelladas ella y su madre en Piedras Blancas. Desde entonces, cuenta, siempre ha intentado llevar «una vida normal entrecomillas»: «Yo creo que he hecho de todo. Me educaron en la superación y en tirar ‘palante’. No guardo rencor a ese conductor. Bastante tiene para él…». A consecuencia del accidente, la joven perdió su pierna derecha y hasta los 12 años usó prótesis. Un día decidió dejarlas y empezar a caminar con muletas. «Las prótesis convencionales me hacían daño, heridas y rozadoras», señala.
[–> [–>[–>Gracias a Hamada, un niño saharaui
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Cuando ya pensaba que, más tarde o más temprano, acabaría en una silla de ruedas, María conoció «por casualidad» al doctor David Alonso, del Hospital Universitario Central de Asturias. Eso ocurrió hace más de un año, cuando acudió al HUCA para ayudar a Hamada, un chico saharaui (hoy tiene 19 años y está trabajando en Palma de Mallorca) también amputado, que acogía en su casa todos los veranos. Un dron bomba le dejó sin pierna. Está feo decirlo, pero «gracias a que Hamada le tiraron una bomba», María ha vuelto a caminar.
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Allí le hablaron a la castrillonense de la osteointegración, una cirugía desarrollada en el Macquarie University Hospital de Sídney y aplicada en España en un número reducido de centros. La técnica ancla un vástago metálico en el fémur o la tibia, de modo que la prótesis se conecta directamente al esqueleto. Gracias a ello, María «siente» ahora lo que pisa: si es asfalto, si es gravilla, si es prao… «Al estar el implante enganchado directamente al hueso, las vibraciones las siento».
[–>[–>[–>María Lorenzo, en Oviedo. / Miki López / LNE
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Más de siete horas en el quirófano
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El equipo de Traumatología del HUCA, que es el segundo de España con más experiencia en esta técnica, lleva realizadas seis operaciones y prevé completar otras seis a lo largo de este año. María Lorenzo es la primera mujer asturiana sometida a la osteointegración. «Vinieron especialistas del Hospital Universitario Valle de Hebrón a operarme. Estuve siete horas y media en el quirófano y a las cuatro horas ya empecé la rehabilitación, que es muy intensa y exigente«, describ
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e. Antes, estuvo un año entero sometiéndose a pruebas para comprobar que su fémur podría soportar ese gran trozo de titaneo que ahora lleva anclado al hueso. María lo muestra sin reparos: el implante sobresale el fémur y ahí, enroscado, va la prótesis.
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[–>Primero, la rehabilitación consistió en apretar el implante metálico «para que se fuese integrando». Después, vino la parte más dura: volver a aprender a caminar. «Es ir deshaciendo todo lo que había hecho hasta ahora. Tuve que aprender a distribuir el peso en las dos piernas, porque yo lo cargaba todo sobre la izquierda y eso me generó muchos problemas en la columna vertebral». Como es lógico, María descargaba todo su peso sobre la única pierna que tenía.
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A rehabilitación todo los días
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La joven sigue yendo todos los días a rehabilitación en el HUCA. Ahora es una hora, pero meses atrás fueron muchas más. Nunca tuvo molestias ni dolores. Espera poder empezar a trabajar «por fin» en unos días y, más adelante, dejar las muletas en casa. Ese será su gran salto. Porque las muletas son para ella mucho más que un dispositivo ortopédico; son una prolongación de su cuerpo, después de veinte años usándolas a todas horas. María está tan acostumbrada a ellas que no sabe ni qué hacer con las manos. «Es un cambio de mentalidad», resume.
[–>[–>[–>Pero el día que deje las muletas, su calidad de vida habrá mejorado por mil: «Podré coger algo tan simple como un paraguas en días de lluvia o agarrar las bolsas de la compra en el supermercado».
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María Lorenzo no tiene suficientes palabras de agradecimiento para el doctor Alonso y subraya la calidez humana del servicio de Traumatología del HUCA, con especial mención para las enfemeras Paula y Sheila. Gracias a todos estos profesionales, ha vuelto a caminar con 33 años.
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