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selecciones eliminadas antes de tiempo y ‘biscottos’

selecciones eliminadas antes de tiempo y ‘biscottos’
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  • Publishedjunio 26, 2026


El Mundial de 2026 trajo muchas cosas nuevas. La ampliación a 48 equipos, los dieciséis grupos de tres equipos y la clasificación de los ocho mejores tercios pretendían aumentar la emoción del torneo. Hay, sin embargo, una regla que causa enorme controversia: el llamado desempate olímpico.

Lejos de aumentar la competitividad, este criterio ha provocado precisamente algunos de los escenarios que la propia FIFA quería evitar: equipos eliminados matemáticamente antes de la última jornada, partidos sin consecuencias y empates que benefician a ambos equipos.

¿Qué es el desempate olímpico?

Hasta el Mundial de Qatar 2022, donde dos equipos estaban empatados a puntos, el primer criterio para decidir la eliminatoria era la diferencia global de goles. No más.

En el Mundial de 2026, la FIFA ha dado máxima prioridad al enfrentamiento directo entre equipos empatados a puntos. Es decir, si un equipo pierde ante otro durante la fase de grupos, ya está por detrás, independientemente de que después consiga una mejor diferencia de goles.

El sistema se llama desempate olímpico porque fue utilizado por el Comité Olímpico Internacional durante el torneo de fútbol de los Juegos de París 2024.

El principio es simple: recompensar el desempeño contra rivales directos más que las victorias contra equipos más débiles. Sobre el papel esto parece una medida lógica, pero en la práctica genera efectos muy diferentes.

Equipos eliminados antes del tercer juego

La consecuencia más destacable es que varios equipos quedaron matemáticamente eliminados en la última jornada. Con el antiguo sistema, todavía podían aspirar a clasificarse entre los tres primeros si conseguían una gran victoria… pero ahora eso ya no funciona.

Turquía, por ejemplo, perdió sus dos primeros partidos del Grupo D contra Australia (2-0) y Paraguay (1-0). Con el criterio del enfrentamiento directo quedó eliminada antes incluso de disputar el tercer partido.

Los más significativos llegaron después. Los turcos vencieron a Estados Unidos por 3-2… pero esta victoria no les sirvió de absolutamente nada. Ni siquiera si hubieran marcado 80 goles.

Haití, Túnez, Jordania o Panamá

Con el sistema utilizado entre Francia 1998 y Qatar 2022, esta victoria habría mejorado su diferencia de goles manteniendo sus posibilidades de clasificarse entre los mejores tercios. Con las nuevas reglas, el juego era prácticamente un trámite.

Este no es un caso aislado. Haití, Túnez, Jordania y Panamá también quedaron matemáticamente eliminados tras la segunda jornada tras perder ante sus rivales directos de grupo. Esto vació de contenido deportivo varios partidos de la última jornada, reduciendo la emoción que tradicionalmente acompañaba a los últimos días de la fase de grupos.

El otro gran problema: el ‘biscotto’

Si la consecuencia son eliminaciones prematuras, el llamado biscotto es la otra gran preocupación. El término italiano se refiere a un acuerdo implícito entre dos equipos para lograr un resultado que beneficie a ambos. No hay necesidad de hacer un pacto explícito: ambos simplemente saben qué puntaje les clasifica y ninguno tiene interés en alterar este equilibrio.

El caso más obvio ocurrió en el Grupo F. Japón y Suecia llegaron al partido final sabiendo exactamente qué resultado necesitaban para clasificarse. En la primera parte apenas arriesgaron y en la segunda llegaron los goles de Daizen Maeda y Anthony Elanga para poner el 1-1.

A partir de ese momento ocurrió algo muy llamativo: ambos equipos desaceleraron, prácticamente dejaron de atacar y dieron por logrado el empate. El resultado sitúa a Japón en segundo lugar del grupo y a Suecia en el tercio superior. Ambos aprovecharon… y varios equipos eliminados en los grupos anteriores quedaron definitivamente eliminados.

La ventaja de jugar más tarde

El formato también introduce otra desigualdad. Los grupos que juegan últimos saben perfectamente cuántos puntos necesitan para superar el ranking de los mejores terceros.

Esto nos permite calcular con mucha precisión qué resultados son apropiados. Por otro lado, equipos que jugaron sus partidos unos días antes jugaron sin conocer este escenario.

También promueve las rotaciones.

También hay un efecto secundario: algunos equipos ya llegan primeros clasificados el último día. Este es el caso de equipos como Alemania, Argentina o Estados Unidos.

Esto les permite introducir muchas rotaciones, de modo que, sin querer, puedan aprovechar a su rival en ese partido final contra otros equipos que compiten por entrar en los tercios superiores.

Una situación que también genera desigualdades entre colectivos.

¿Es un sistema más justo?

Éste es precisamente el gran debate. La FIFA defiende que la confrontación directa premia mejor el rendimiento deportivo y evita que las derrotas ante rivales débiles afecten a las clasificaciones.

Sus detractores responden que el sistema elimina la emoción, favorece los cálculos estratégicos y multiplica las posibilidades de partidos sin interés competitivo real. Algunos ya piden un Mundial de 64 equipos para evitar el problema del “mejor tercio”.

Todo indica que una vez finalizada la competición, la FIFA tendrá que decidir si mantiene un criterio nacido para hacer más equitativo el campeonato… o si acaba modificándolo tras la polémica vivida en Estados Unidos, México y Canadá.

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