La asfixiante ola de calor en Francia pone en entredicho los icónicos tejados de París
Son patrimonio de la ciudad y forman parte del skyline de París junto a la Torre Eiffel y al Sacré Coeur. Con los años se han convertido en uno de los elementos más fotografiados, pero para los parisinos, sin embargo, han dejado de ser un bonito elemento para convertirse en toda una pesadilla.
[–>[–>[–>Los techos grises de zinc, que ocupan cuatro quintas partes del cielo de París, pueden llegar a alcanzar los 70ºC en plena ola de calor, afectando a los vecinos que viven en las últimas plantas de estos edificios. Unos espacios ocupados normalmente por estudiantes o personas con bajos recursos, puesto que se tratan de apartamentos minúsculos que en su día fueron los hogares de las personas de servicio, conocidas como ‘chambres de bonnes’.
[–> [–>[–>Para demostrar hasta qué niveles de calor llegan a alcanzar estas placas, algunos franceses publican videos en internet cocinando un huevo sobre ellas. En cuestión de minutos, el huevo está listo para comer. Una situación cómica, sino fuera porque con la llegada de esta histórica ola de calor que azota a todo el país, se ha generado un gran debate en la capital francesa. ¿Debería París replantear su arquitectura para hacer frente a las olas de calor?
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La respuesta es sí, pero en la práctica no es tan fácil. Existe un amplio reglamento patrimonial que abarca gran parte de los elementos urbanos de la ciudad, y que ante cualquier cambio, por menor que sea, tienen que ser evaluados por la oficina del Ministerio de Cultura llamada Arquitectos de la Construcción de Francia, cuyas decisiones son vinculantes, incluyendo aquellas relacionadas con las adaptaciones al cambio climático.
[–>[–>[–>Dan Lert, el alcalde adjunto, afirmó recientemente que dicha oficina bloqueó un tercio de los proyectos impulsados para proteger los edificios de las olas de calor en París, por el hecho de atentar contra el patrimonio. Estos históricos techos son relativamente nuevos en la ciudad. Antes de la década de 1850, la imagen del skyline de la París era muy distinta; los edificios contaba con tejados a dos aguas cubiertos de pizarra o tejas de arcilla. El zinc apareció tras el macroproyecto urbanístico impulsado por Georges-Eugène Haussmann que remodeló toda la ciudad e instauró el actual estilo Haussmann en sus edificios.
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El zinc es un material relativamente barato, ligero y maleable, capaz de plegarse y perfecto para ofrecer espacio en la parte superior de los edificios para crear pequeñas habitaciones. Sin embargo, con la aceleración del cambio climático y el aumento de las temperaturas, este material se ha convertido en todo un desafío para mantener la temperatura de la ciudad.
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[–>“Todos estos apartamentos, sobre todo los de los pisos superiores, serán inhabitables en los próximos años”, afirmó durante una entrevista, Dan Lert, alcalde adjunto encargado de la transición ecológica de la ciudad y de su plan sobre el cambio climático.
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El aire acondicionado, la gran discordia
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No solo sus techos generan, hablar de aire acondicionado en París es abrir una importante caja de pandora. Pocos espacios públicos cuentan con aire acondicionado y menos los apartamentos. Hospitales, residencias, comisarías, escuelas… Ni rastro de sistemas de climatización. El debate sobre su instalación genera una gran discordia entre la clase política, donde incluso la polarización de opiniones está la posición ideológica de los partidos. Para los detractores, en su mayoría partidos de izquierdas, instalar los aparatos en las fachadas de los edificios no solo se considera un acto criminal, sino también un gesto contaminante. Varios estudios confirman que estas máquinas no solo generan contaminación acústica, también una masa de aire caliente que potencia las altas temperaturas.
[–>[–>[–>Los partidarios a su instalación, más de derechas, consideran que ante estas olas de calor cada vez más frecuentes y en las que los termómetros superan los 40 grados en algunas zonas de París es imperativo instalar estos sistemas, mientras la administración adapta paulatinamente la ciudad.
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Los ciudadanos, por su lado, se muestran más críticos sobre estas adaptaciones. “En la ola de calor de 2003 murieron miles de personas. Fue hace 23 años, y desde entonces, seguimos sin aire acondicionado en transporte público, escuelas y hospitales. Realmente no sé quién debe encargarse, pero no está haciendo su trabajo”, explica Geneviève, una vecina del distrito 17, quien se aísla estos días en una cafetería climatizada del barrio para poder soportar las altas temperaturas.
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Instalar sistemas de climatización en una ciudad con un patrimonio histórico como París, no es tan fácil, supondría modificar la normativa de patrimonio y llevar a cabo importantes remodelaciones en los edificios. En el transporte público, también supone un gran desafío. Solo 6 de 16 líneas de metro de la capital cuentan con aire acondicionado. Las autoridades insisten en que los nuevos vagones ya han sido solicitados, pero tardarán al menos hasta 2033 en completar toda la red ferroviaria de la capital.
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Más zonas verdes, menos asfalto
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La vegetalización de París junto con la reducción de tráfico, ha sido una de las principales batallas de la última alcaldesa, Anne Hidalgo, que ha luchado por transformar el centro de la ciudad en espacios más verdes, construyendo cerca de 300 calles libres de coches y 1.000 kilómetros de vías ciclables. Además de marcarse como objetivo plantar 170.000 árboles entre 2020 y 2026.
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Durante este tiempo, las asociaciones han demostrado que en las zonas donde se han sustituido el asfalto y los coches por árboles y parques, la temperatura ha disminuido un par de grados. Por ello, insisten en que el futuro de París debe ser sin coches y con más zonas verdes para poder reducir la conocida “isla de calor urbana”, pero también para mejorar la calidad vida de sus ciudadanos.
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Sin embargo, esta transformación no será cosa de unos pocos años, los urbanistas coinciden en que la ciudad fue concebida para responder a los retos del siglo XIX, no a las olas de calor del XXI.
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Entre las exigencias de la conservación y la urgencia climática, París se enfrenta a un delicado equilibrio: proteger uno de los patrimonios urbanos más reconocibles del mundo y adaptar la ciudad para que no se convierta en una trampa térmica.
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