las enfermedades transmitidas por animales que sí están en España
El pasado fin de semana, el Ministerio de Sanidad español puso fin al brote de hantavirus, detectado en un crucero en mayo, después de que todos los afectados hubieran completado su cuarentena o fueran dados de alta del hospital. Una crisis terminó silenciosamente … que durante una semana recibió una enorme atención mediática. Esta historia nos muestra el creciente interés que existe en torno a las enfermedades transmitidas por animales (zoonosis), pero también nos recuerda que no todas se tratan de la misma manera. De hecho, hay ejemplos de zoonosis ya presentes en España que pasan desapercibidas a pesar de su mayor impacto.
Comprender cómo ocurren nos permite evaluar mejor los riesgos reales y evitar interpretaciones alarmistas.
Riesgo y atención mediática no siempre coinciden
En la transmisión de zoonosis intervienen diferentes animales. Los mosquitos, garrapatas y roedores forman parte de nuestro entorno urbano y, en determinadas circunstancias, pueden transmitir enfermedades.
Sin embargo, la presencia de un animal no implica necesariamente un riesgo directo de infección. Si bien los llamados “reservorios” permiten que el microorganismo causante de la enfermedad permanezca en la naturaleza, son los “vectores” los que transportan el patógeno a los humanos.
Las zoonosis no son un fenómeno nuevo: El 60% de las patologías humanas tienen origen animal. Esto sucede porque compartimos una parte importante de nuestra biología con otras especies y porque hemos convivido con ellas durante miles de años. En determinadas circunstancias, algunos microorganismos son capaces de superar las barreras de las especies y adaptarse a nuevos huéspedes (nosotros).
La atención que los medios de comunicación prestan a estas enfermedades no siempre refleja su impacto real en la salud pública. Algunas zoonosis raras generan gran impacto porque aparecen en contextos sorprendentes o inesperados, y el interés reciente por los hantavirus es un ejemplo.
Mientras tanto, otras enfermedades transmitidas por mosquitos, flebótomos o garrapatas reciben menos atención, aunque están presentes en España desde hace años.
Esta diferencia puede distorsionar la percepción del riesgo. En muchos casos, el miedo se concentra en determinados animales, mientras que la transmisión depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales.
Comprender esta complejidad nos permite interpretar mejor este tipo de amenazas sin caer en alarmismos innecesarios.
Zoonosis urbanas que preocupan en España
Las zoonosis normalmente se asocian con ambientes exóticos o lejanos. Sin embargo, algunos de los problemas más preocupantes en España están relacionados con animales y vectores presentes en nuestro entorno cotidiano.
Uno de los ejemplos más conocidos es el virus del Nilo Occidental. Este patógeno circula principalmente entre aves y mosquitos, pero en determinadas circunstancias también puede infectar a humanos y otros mamíferos.
En los últimos años se han detectado brotes y casos esporádicos en diferentes regiones de España. La mayoría de las infecciones pasan desapercibidas o producen síntomas leves, pero en una pequeña proporción de casos pueden ocurrir complicaciones neurológicas que requieren atención médica.
Las marcas de verificación representan otro ejemplo relevante. Ciertas especies pueden transmitir bacterias responsables de patologías como la enfermedad de Lyme, y otras participan en la transmisión del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.
Aunque los casos humanos son raros, la gravedad que puede alcanzar la enfermedad ha convertido su vigilancia en una prioridad sanitaria. Su expansión está ligada al aumento de las temperaturas y a los cambios en los ecosistemas.
La leishmaniasis es también una de las zoonosis presentes en las zonas urbanas y periurbanas españolas. Transmitida por flebotomos (un diminuto insecto parecido a los mosquitos), encuentra uno de sus principales reservorios en los perros. Aunque es conocida principalmente por su importancia veterinaria, también puede afectar a los humanos y forma parte de la vigilancia sanitaria.
Los roedores urbanos constituyen otro ejemplo de convivencia diaria con animales capaces de mantener y diseminar determinados patógenos. En general, el riesgo de transmisión es bajo en contextos donde las condiciones sanitarias son buenas.
Sin embargo, estos animales pueden ayudar a propagar bacterias como Leptospira y Salmonella a zonas con problemas de saneamiento o acumulación de desechos.
En todos estos casos, el riesgo depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales. La mera presencia de estos animales no implica necesariamente un peligro inmediato.
¿Por qué están aumentando estas enfermedades?
En los últimos años, determinados factores ambientales y sociales han favorecido la expansión de determinados vectores y zoonosis.
Uno de los factores más importantes es el cambio climático. El aumento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones fomentan la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores a zonas donde antes eran menos comunes. Los inviernos más suaves también les permiten sobrevivir más tiempo.
La urbanización juega otro papel importante. La expansión de las áreas urbanas y periurbanas aumenta las zonas de contacto entre humanos, animales domésticos y vida silvestre.
Al mismo tiempo, ciertos vectores se adaptan fácilmente a estos entornos. Pueden encontrar condiciones favorables en las ciudades para completar su ciclo de vida. La disponibilidad de refugio, agua y alimentos facilita su presencia cerca de las personas y aumenta las posibilidades de contacto entre vectores, animales y humanos.
A esto se suma la movilidad humana y animal. Los viajes y el transporte de mercancías pueden facilitar la llegada de vectores y patógenos a nuevas regiones. Algunos de estos organismos encuentran posteriormente condiciones favorables para establecerse y desarrollarse en nuevos territorios.
Sin embargo, el aumento del riesgo no significa que exista una amenaza constante: los sistemas de vigilancia epidemiológica y control de vectores permiten detectar cambios en la circulación de estos patógenos y reducir su impacto en la población.
Las zoonosis nos recuerdan que la salud humana, la salud animal y el medio ambiente están estrechamente vinculados. En un contexto marcado por cambios climáticos, urbanos y ecológicos, comprender cómo circulan los agentes patógenos provenientes de los animales es cada vez más importante.
En lugar de centrar la atención en amenazas específicas, saber cómo se transmiten estas enfermedades nos permite interpretar mejor los riesgos reales y fortalecer las estrategias de vigilancia y prevención que protegen la salud pública.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
*Raúl Pérez Caballero. Catedrático de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí