La empresa de Carreño que resucita suelos castigados y está digitalizando la pumarada con drones e inteligencia artificial
«En la naturaleza, la I+D+I tiene millones de años de evolución». Dolfo Blanco de la Parte, ingeniero de montes, piloñés afincado en Carreño, acaba de enunciar la idea que da cuerda a su empresa. «Hay problemas que la naturaleza ha resuelto siempre por sí sola con mucha facilidad» y tal vez la respuesta para sanar los ecosistemas heridos del presente siga estando ahí mismo, donde ha estado siempre. Quizá sólo haya que prestar atención a esas estrategias de autorregulación natural y desarrollarlas y adaptarlas «a base de conocimiento científico e ingeniería». Bízkares Biosolutions, una firma de consultoría ambiental con muchas ramificaciones, radicada en Candás y con proyectos en toda Asturias y diferentes puntos del país, brotó de esa semilla y aplica esta filosofía en diferentes direcciones a la regeneración o descontaminación de terrenos, a la depuración de aguas o el cultivo de la «agricultura regenerativa, el empleo del conocimiento sobre los procesos biológicos convencionales para mejorar la fertilidad de suelos y aumentar su producción o su rentabilidad prescindiendo de herbicidas y fertilización inorgánica, que tiene muchos impactos desde una perspectiva biológica».
[–>[–>[–>Así han planificado, por ejemplo, remedios para el agua que devuelve al río Nalón la Central Térmica de Soto de Ribera, la renaturalización del cauce del Piles en Gijón, las dunas castigadas por los coches en la playa de Cueva (Valdés) o la rehabilitación del parque avilesino de La Magdalena y de suelos lastimados por la minería, el fuego o las variantes múltiples de la acción humana. «Lo que más nos motiva», subraya Blanco, es la parte de su trabajo que consiste en «activar el terreno para que se produzca una restauración prácticamente espontánea», o en saber «sentar las bases para que eso suceda». Les satisfacen especialmente los proyectos que les permiten orientar la ingeniería ambiental hacia la transformación de un ecosistema maltratado por la actividad humana que vuelve al aspecto que la naturaleza le había dado. Les agrada «partir de una zona degradada o desnaturalizada y transformar el territorio mejorando el paisaje y la biodiversidad, incrementando la calidad del agua o de los recursos» y comprobar que se puede hacer «en un río, un monte, una mina a cielo abierto», y así casi hasta todas partes.
[–> [–>[–>Bízkares Biosolutions se llama Vízcares en homenaje al pico más alto de Piloña, el concejo natal de un emprendedor asentado con su empresa en Candás, y Biosolutions por la vocación de búsqueda de remedios regenerativos con «un componente natural». El proyecto nació en 2019, ha recibido el mayor impulso a partir de 2023 y ha llegado hasta aquí con una nómina de diez empleados y una carga de trabajo abundante y diversa. Trabajan para instituciones y empresas de toda España en la resurrección de terrenos y entre otras direcciones también en la experimentación para la generación de «biochar«, básicamente un carbón vegetal producido a partir de biomasa de orígenes muy heterogéneos –de residuos forestales a subproductos de café, por ejemplo– con usos igualmente diversos que se mueven entre el tratamiento de los purines del ganado a la fertilización de suelos.
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Pumaricultura regenerativa
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Los conceptos de la «agricultura regenerativa» que dan aliento a la actividad de la empresa toman tierra en un sentido muy singular en las diez hectáreas de pomarada que la firma tiene repartidas por los concejos de Gozón y Piloña. Ahí se convierte en «pumaricultura regenerativa» y se solapa con la apertura de canales de comercialización agraria. En Bízkares también producen y comercializan manzana de variedades seleccionadas por el consejo regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) y certificada en ecológico y están a punto de ampliar la superficie en cinco hectáreas y media más entre las dos parcelas, que utilizan para llevar al terreno sus modelos restaurativos y para ensayar el futuro de un sector al que se le ve, señala Dolfo Blanco, un recorrido abundante por delante. El ingeniero invita a profundizar en la mejora de la productividad de un sector al que el amparo de la denominación de origen debe darle «una esperanza de futuro», pero que necesita desarrollar un modelo productivo rentable que requiere «hacer cambios, innovar, invertir».
[–>[–>[–>Ellos se han esforzado por dar una base científica y de conocimiento a esa tarea con su seguimiento de los suelos y la aplicación de sus modelos regenerativos a la pomarada, pero también, últimamente, como parte de un plan que se vale de la más avanzada tecnología. Bízkares participa en el proyecto «Pumar-IA«, una iniciativa para digitalizar el ciclo productivo del manzano y monitorizar con drones e inteligencia artificial las variables fisiológicas o ambientales que influyen en el proceso. La propuesta aplica la última tecnología disponible a la búsqueda de patrones de comportamiento que ayuden a los productores a anticipar escenarios y a tomar decisiones sobre el punto de maduración o los volúmenes de las cosechas para resolver una de las grandes asignaturas pendiente del sector sidrero, el incremento de las producciones y la mejora en la gestión y la rentabilidad del pomar. El proyecto, fruto de una colaboración asturvasca, tutelado por el clúster Smart City Asturias y Gaia, su homólogo en el País Vasco, está todavía en desarrollo en la plantación de Bízkares en Gozón y se replica en otra de Astigarraga (Guipúzcoa) en una sugerente tentativa de fusión entre un cultivo tradicional y las tecnologías de vanguardia que se asocian a los entornos industriales y urbanos.
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La simplificación altera ecosistemas
La opción de Bízkares por activar procesos naturales para la regeneración de espacios degradados incluye una explicación sobre el perjuicio de los herbicidas y los productos químicos que «agreden al ecosistema y hacen que pierda fertilidad y procesos biológicos más complejos». Normalmente, reflexiona Dolfo Blanco, «la agricultura moderna establece modelos productivos extremadamente simples», cuyos elementos son básicamente dos, «la planta que me interesa y el suelo». Pero un ecosistema tiene más equilibrio y menos problemas cuando es más complejo, añade. Los simples «se desequilibran enseguida», y no es útil «tratar de mantenerlo a base de abonos, fertilizantes o pesticidas para controlar plagas». Un entorno natural «con muchos elementos, muchos insectos, hongos, bacterias o microorganismos está siempre autorregulándose». En este esquema unos insectos son depredadores de otros» y no necesitan intervenciones artificiales.
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