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un gol, 13 remates menos y una ‘Unidad B’ desconectada

un gol, 13 remates menos y una ‘Unidad B’ desconectada
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  • Publishedjunio 29, 2026



éxito en un Mundo Mucho depende de los detalles y de la coherencia colectiva a lo largo de los 90 minutos. En el caso de una selección dirigida por luis de la fuenteEl torneo muestra una marcada diferencia en el rendimiento entre períodos. Se observa una versión dominante, fluida y eficiente antes del descanso frente a un perfil más plano y predecible tras el paso del vestuario.

Esta falta de continuidad en la segunda parte se ha convertido en el principal foco de atención del cuerpo técnico, que debe estabilizar el juego del equipo en las fases decisivas de los partidos. La tesis que explica esta tendencia a la baja pone de relieve la falta de acoplamiento de la “Unidad B” en la interpretación de los diferentes escenarios tácticos.

Los datos confirman esta desconexión: un magro gol marcado en los últimos compases, una evidente caída de la producción ofensiva – ilustrada por estos 13 tiros menos en momentos clave – y un banquillo que no aporta soluciones definen la radiografía de esta crisis en la segunda parte.

Más que un problema físico, los cambios introducidos en la segunda parte modifican los automatismos de los titulares en lugar de mejorar el juego del equipo.

Análisis de un cambio.

Para valorar de forma justa la actuación de España en la segunda parte es fundamental analizar el escenario particular de cada partido.

Las razones del apagón difieren significativamente entre la gestión de ventajas y la impotencia táctica. Las estadísticas revelan una tendencia a la baja en los duelos contra Arabia Saudita, Uruguay y Cabo Verdepero el ayuntamiento explica que las causas no son siempre las mismas.

El choque contra Arabia Saudí representa el perfecto ejemplo de desconexión por gestión del esfuerzo. En la primera parte, España disputó unos 45 minutos de mucha calidad. Dominaron al rival con un 72% de posesión, generaron un índice de goles esperados de 1,10 y dominaron el área rival con un total de 17 tiros.

Con el partido absolutamente sellado por esta ventaja inicial, el equipo levantó conscientemente el pie del acelerador tras el descanso.

Luis de la Fuente, pensativo durante el partido contra Cabo Verde.

Luis de la Fuente, pensativo durante el partido contra Cabo Verde.

REUTERS

EL Selección Se concentró en retrasar y proteger sus piernas, lo que provocó que el flujo ofensivo cayera. Sólo se intentaron 4 tiros (13 tiros menos de los que dicta el propietario) y el índice de goles esperados se situó en un mínimo de 0,30, convirtiendo la fluidez en un 81% de posesión horizontal.

Una situación muy diferente se vivió contra Uruguay. Ante la selección uruguaya, el descenso no se debió a un relajamiento del deber, sino a una clara dificultad para ofrecer alternativas a un rival descendido.

Aunque el monopolio del balón se amplió al 68% en la reanudación, la producción ofensiva fue escasa: sólo 2 tiros en total y ningún tiro entre los tres palos. La única nota discordante en medio de este atasco creativo fue una ocasión aislada y clarísima en las botas de Ferran Torres, cuyo disparo acabó estrellándose en el larguero.

Unai Simón charla con Gavi durante la primera pausa de hidratación.

Unai Simón charla con Gavi durante la primera pausa de hidratación.

Reuters

Más allá de esta chispa, la falta de fluidez demostró la falta de recursos mientras que el plan inicial no encontró fisuras en el rival. Incluso en el partido contra Cabo Verde se repitió la misma tendencia en la recta final.

La selección aumentó su porcentaje de posesión del 70% al 78% en la segunda parte. Sin embargo, esta acumulación de pases en zonas intermedias no se traduce en una mayor agresividad, demostrando que el control del ritmo se confunde en ocasiones con la parálisis conforme pasan los minutos.

Nombres propios

Este escenario colectivo tiene sus raíces en el desempeño de los hombres llamados a perturbar los partidos desde el banquillo. La profundidad teórica del gabinete. España Sufrió una mezcla de falta de ritmo, problemas de confianza y una inoportuna acumulación de contratiempos médicos que limitaron el margen de maniobra del técnico.

En los extremos, el panorama es complejo. nicolas williams Llegó a este Mundial en una situación complicada, condicionada por la inactividad física que actualmente le impide mostrar su habitual chispa y exceso en las situaciones presenciales. Además, su lesión en el aductor hace sonar las alarmas para el resto del torneo.

Por otro lado, Yeremy Pino tampoco logra dar el shock que pide el equipo. Su situación se complicó tras recibir un violento golpe en el hombro ante Uruguay que le provocó una fisura en la clavícula.

Por su parte, Ferrán Torres encarna la crisis del éxito del ataque. El futbolista valenciano llega al terreno de juego activo, unido ante la presión y tremendamente voluntario en sus movimientos. Sin embargo, la definición plantea muchos problemas. Esta falta de eficiencia, en última instancia, le quita la confianza necesaria para completar las jugadas.

En el mediocampo, Fabián Ruiz perdió presencia en el segundo tiempo, mientras que Mikel Merinos Actualmente se encuentra lejos de su mejor nivel físico y técnico, mostrando un rendimiento impreciso.

A esto se suma la inactividad de Martín Zubimendi. El pívot aún no ha debutado en este Mundial, una decisión que sobrecarga de minutos a Rodri Hernández y priva al equipo de un perfil natural para asegurar el equilibrio en minutos de ansiedad.

Dani Olmo y Mikel Merino se felicitan.

Dani Olmo y Mikel Merino se felicitan.

REUTERS

En medio de este desierto de soluciones, Daniel Olmo aparece como la única nota positiva. El base es el único integrante del filial B que brilla con luz propia cada vez que suma minutos. Olmo aporta la agresividad, el juego entre líneas y el tiro que tanto falta en el resto de sustituciones.

Sin embargo, un solo jugador no puede llevar el peso de la segunda parte. Si España aspira a progresar con regularidad en este Mundial, el cuerpo técnico debe encontrar la fórmula para reactivar el rendimiento de su banquillo antes de que las clasificaciones directas penalicen estos apagones.



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