De médicos y enseñantes
El curso finaliza y comienzan las vacaciones. No sé si realmente será así, aunque el calendario lo anuncia. Me lo he pasado en medio de dos corrientes troncales que me han tenido en vilo desde hace meses. Cosas de familia. Descendiente de dos grandes progenies formada una de doce hijos y de diez la otra y principalmente compuestas por
[–>[–>[–>Enseñanza y medicina, profesiones o vocaciones de por vida. El curso lo han pasado en lucha con el poder económico y el político. Dignidad y categoría por medio. En ambos hay reivindicaciones históricas. Sabiduría y salud. Puntos neurálgicos de la vida.
[–> [–>[–>Los sanitarios de la familia suman varias decenas; los enseñantes, un número parecido. Ambos han tenido cursos problemáticos, unos con el estatuto de su consideración, otros con la dignidad de su cometido en la sociedad. Pero el poder político no les ha hecho mucho caso. Por ello han tenido un curso problemático y las vacaciones estivales no creo que remedien su problema.
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Por una parte la escuela infantil ha solicitado mejores condiciones económicas y mejoras en la condición de trabajo, unos ratios adecuados para la educación de los pequeños alumnos. El estatuto del médico quizá sea más problemático por ser considerado separador del resto de la familia sanitaria. De todas formas, desde el punto de vista exterior, me parece una reivindicación formal más que real. Sin que esto les reste razones. Su preparación son unos estudios realmente duros y quizá mucho más profundos y exhaustivos. En estos tiempos en que se cuestiona la profesión periodística (hoy parece que todo el mundo lo es porque participa en alguna tertulia) y la informática se generaliza, cuando la Inteligencia Artificial lo invade todo y la especialización es más necesaria cada día, el estatuto puede ser importante.
[–>[–>[–>Respecto a la enseñanza hemos de tener en cuenta que es la base de nuestra vida, cada vez más competitiva. Una buena preparación es imprescindible para andar luego por la vida. Pero sin tener que depositar toda la educación en los enseñantes. Cosa que se tiende a confundir con frecuencia. La escuela no es un almacén donde se depositan los/as niños/as y ¡hala!, que les enseñen a afrontar la vida. La educación es otra cosa, es la que se imparte en familia, mientras la enseñanza es la que se imparte en la escuela, en los diferentes tramos de la enseñanza para aprender una profesión, un camino en la vida. La falta de una educación suele truncar el desarrollo de la enseñanza. Y la masificación no es buena para el aprendizaje individual. Un profesorado que debe atender a un aula masificada no puede conseguir una enseñanza eficaz y en muchos casos individualizada.
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En este punto, ambas profesiones pueden converger. Un profesional de la sanidad necesita tiempo para la atención personal de sus pacientes. Si ha de pasar largas consultas con numerosos pacientes no los atenderá convenientemente. Una/un profesora/or con demasiados alumnos no podrá asistir a los alumnos con menor capacidad de comprensión.
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[–>Y la política de privatización de la escuela y la sanidad es una política clasista, escasamente democrática, que no atiende a la mayoría de la población, que también paga sus impuestos y ha de disfrutar de los mismos derechos que tiene todo contribuyente. La política que anuncia la disminución de impuestos es contraria a la igualdad de derechos, porque representa un recorte de prestaciones (infraestructuras, vivienda, igualdad de oportunidades…). La convivencia de sociedad pública y privada es la demostración de que es una sociedad democrática. Los recortes normalmente anuncian la disminución de las oportunidades públicas en favor de las privadas. Y, generalmente, producen desigualdades. El hecho de pasar unas pruebas de admisión son una garantía de calidad que no se exigen, habitualmente, en la economía privada. Quizá sea necesario un nuevo estatuto de la función pública, un sistema de actualización de actividades, pero la prueba de inicio es una garantía. Debemos de olvidarnos de aquel lastre antiguo de «gana menos que un maestro de escuela» y de que dura menos que la consulta del médico (de la Seguridad Social).
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(Cuando redacto esto los profesionales afectados siguen negociando con su correspondiente departamento autonómico).
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