HISTORIAS IMPORTANTES | «Mis hijos se lo pasan súper bien»: un verano para jugar, aprender y relacionarse
«Mis hijos se lo pasan súper bien. Hacen juegos nuevos, están con compañeros y vienen a casa contentísimos». Ángela es madre de tres hijos y dos de ellos, de ocho y seis años, participan este verano en las actividades de CaixaProinfancia impulsadas por Red XXI en Málaga. Para ella, estas semanas de colonias y salidas significan mucho más que una alternativa para ocupar el tiempo libre: son un apoyo para la conciliación, una oportunidad para que sus hijos disfruten del verano y un recurso al que, reconoce, difícilmente podría acceder por sus propios medios.
[–>[–>[–>«Ahora mismo estoy trabajando y esto me quita también la preocupación de qué hago con ellos, con quién se quedan o qué van a hacer», explica. Además de participar en actividades lúdicas y educativas, los menores reciben su almuerzo, algo que para muchas familias supone un apoyo importante durante los meses estivales.
[–> [–>[–>Niños participando en las actividades de verano de CaixaProinfancia. / Alvaro Cabrera
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El verano no es igual para todos, mientras muchas familias disfrutan de vacaciones o campamentos, otras afrontan esta época con mayores dificultades económicas y de conciliación. Para miles de niños y niñas en situación de vulnerabilidad, la llegada de las vacaciones escolares implica perder el acceso a espacios seguros, actividades educativas y oportunidades de ocio y descanso. Ante esta realidad, CaixaProinfancia, el programa de la Fundación La Caixa, impulsa un año más campamentos, colonias urbanas y centros abiertos para más de 30.000 menores en toda España.
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Ayudas y recursos
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En Málaga, Red XXI desarrolla estas actividades con niños y niñas de entre cuatro y trece años. La entidad trabaja principalmente con familias monoparentales o con hogares con escasos recursos económicos, donde compaginar el trabajo con el cuidado de los hijos durante el verano resulta especialmente complejo.
[–>[–>[–>«Este tipo de actividades les viene súper bien a los padres para poder conciliar y a los niños para pasar menos tiempo solos en casa o delante de una pantalla», explica Emanuela D’Angelis, trabajadora social y responsable de la entidad. Según señala, las colonias están diseñadas para que el ocio vaya acompañado de un componente educativo y social.
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Cada jornada tiene un objetivo concreto, hay almuerzos saludables, juegos tradicionales, dinámicas relacionadas con la memoria y el territorio, además de excursiones a la playa, parques acuáticos, espacios de aventura y actividades al aire libre: «son experiencias que muchos niños no podrían hacer con sus familias porque tienen un coste económico«, afirma D’Angelis.
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Más de 30.000 menores de toda España se benefician de las actividades de verano de la Fundación La Caixa. / Alvaro Cabrera
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Este año, además, cada semana gira en torno a una temática diferente: la primera está dedicada a la memoria y a descubrir cómo jugaban generaciones anteriores, mientras que otras se centran en conocer el entorno o fomentar la convivencia. Para D’Angelis, estas actividades permiten que los niños compartan tiempo con otros menores, aprendan y disfruten de experiencias a las que muchas familias no podrían acceder por sus propios medios.
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Los hijos de Ángela llevan tres años participando en las actividades de CaixaProinfancia y destaca que el apoyo va mucho más allá del verano: «No es solamente el campamento. Tienen muchísimas cosas, apoyo psicológico, ayudas y muchos recursos«, explica.
[–>[–>[–>En el caso de su hija, asegura haber observado cambios importantes: «Antes no era tan sociable. Ahora le gusta más relacionarse y estar con otros niños». También destaca el impacto que tienen estas actividades en la convivencia y las relaciones con otros menores: «les ayuda mucho a socializar», señala.
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Para muchas familias, el acceso a este tipo de recursos sería muy difícil sin apoyo externo: «Ahora mismo pagar una casa se lleva casi todo el dinero. Sería muy complicado poder llevarlos a campamentos», reconoce Ángela.
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D’Angelis coincide en que el impacto es especialmente significativo durante los meses de verano. «Las familias están muy preocupadas por conseguir plaza. Si trabajan, necesitan saber dónde dejar a sus hijos y poder aceptar oportunidades laborales que surgen en esta época del año», explica.
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Más allá del ocio, la entidad observa mejoras en las habilidades sociales, la convivencia y la gestión emocional de los menores. «Aprenden a relacionarse, a gestionar conflictos y a seguir rutinas», afirma la responsable de Red XXI.
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Ángela tiene claro el consejo que daría a otras familias que atraviesan una situación similar: «Nunca hay que tener vergüenza de pedir ayuda. ¿Por qué voy a privar a mis hijos de algo que pueden disfrutar?», reflexiona.
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Para ella, iniciativas como estas permiten que los niños hagan recuerdos, conozcan a otros compañeros y disfruten de experiencias a las que muchas familias no podrían acceder por sus propios medios.
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Las actividades lúdicas de verano contribuyen al desarrollo de los menores y facilitan la conciliación de la vida laboral y personal de los padres. / Alvaro Cabrera
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