Mi madre vivió con 7 años el bombardeo de Guernica. Mi casa era 100% cultura vasca
Javier AguirreActual entrenador de la selección mexicana, es reconocido mundialmente por su carácter franco, su liderazgo inquebrantable y su larga trayectoria en los banquillos.
Detrás de esta imponente figura del deporte se esconde una profunda historia familiar marcada por el exilio, el sufrimiento de la guerra y un tremendo apego a las raíces europeas.
Estos elementos han forjado su fuerte identidad desde su infancia transcurrida en las calles de la colonia. lindavista de la capital mexicana.
Los padres del estratega tomaron la dolorosa decisión de abandonar España, huyendo de un panorama desolador y de una posguerra plagada de carencias. Su madre, que luego se convirtió en pianista profesional, sobrevivió a uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil Española.
Durante una entrevista íntima concedida al canal Letras Gratis YouTubeEl técnico mexicano detalló esta conmovedora experiencia: “Mi mamá estuvo en el bombardeo de Guernica, estuvo allí cuando tenía 7 años, nunca habló de eso, excepto durante la posguerra”.
Además de esta historia, en una conversación con Canal de Javier AlarcónRecordó cómo su madre tuvo que esconderse en refugios con animales para protegerse de los bombardeos.
Su figura paterna también sufrió directamente los graves embates de la violencia. Fue un hombre sumamente trabajador que a su llegada a América priorizó con fervor la educación, inculcando a sus hijos la obligación innegociable de obtener títulos universitarios, valorándolos por encima de cualquier fama deportiva.
Javier Aguirre da instrucciones a Santiago Giménez durante el partido del Mundial de México.
En el mencionado espacio de cartas gratisAguirre describió la falta de oportunidades académicas de su padre debido al reclutamiento militar: «Mi padre era un campesino, que fue llevado a los 17 años a la guerra. Le dieron un rifle y no estudió nada más».
Aunque nacieron, crecieron y jugaron en territorio azteca, el ambiente familiar conservó celosamente sus tradiciones originales, creando una atmósfera que contrastaba marcadamente con el barrio exterior.
En los diálogos del mismo programa, el técnico confesaba cómo la comida y el idioma demostraban sus hábitos: «Hasta los 15-16, en casa comíamos pan, tomábamos un poco de vino… No había guindilla, no había tortillas, no había refrescos. Era cultura 100% vasca. Me hablaban en euskera desde que tengo uso de razón».
Este valioso legado de supervivencia y esfuerzo genuino cimentó la personalidad auténtica de un líder indiscutible. Acompañado incondicionalmente de su esposa, el entrenador supo trasponer estos valores ancestrales al deporte, recordando siempre las lecciones de quienes lo perdieron todo cruzando el océano.
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