El estrés crónico podría alterar la microbiota intestinal, acelerar el envejecimiento del sistema inmunitario y debilitar las defensas
Vivir estresado es un riesgo para la salud. Y no solo porque nuestro cuerpo no está preparado para sobrellevar largos periodos en tensión, sino porque, tal y como apuntan innumerables estudios, esta sobrecarga emocional y física tiene graves implicaciones para nuestra salud. Varios trabajos ya han demostrado que el estrés crónico puede aumentar nuestro riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes. A todo esto, además, podría sumarse un efecto hasta ahora inexplorado. Según sugiere un estudio realizado en ratones y publicado este jueves en la revista ‘Cell Stem Cell’, el estrés crónico podría alterar la microbiota intestinal y acelerar cambios asociados al envejecimiento en las células madre de la médula ósea que, a su vez, podría traducirse en una menor capacidad del organismo para producir células inmunitarias. Los expertos afirman que todo esto, en la práctica, acabaría debilitando la respuesta de nuestro cuerpo frente a infecciones y haciéndonos más susceptibles a caer enfermos.
[–>[–>[–>El estudio se centra en el análisis del cerebro, intestino y médula ósea de ratones expuestos a varios tipos de estrés crónico
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El estudio, liderado por un equipo de científicos de la Universidad de Guangzhou, en China, se llevó a cabo en modelos de ratón sometidos a distintos tipos de estrés crónico. Durante el estudio, los científicos analizaron la actividad cerebral, la composición de la microbiota intestinal y la función de las células madre de la sangre presentes en la médula ósea de los animales. Tras monitorizar estos parámetros durante largos periodos de tiempo, los científicos vieron que los roedores expuestos a estrés crónico registraban una menor actividad en regiones cerebrales implicadas en la regulación del comportamiento y la respuesta fisiológica al estrés, como es el caso de la corteza prefrontal medial y la sustancia gris periacueductal. Todo esto, a la larga, se reflejaba en cambios en el intestino, donde se observaban fenómenos como una disminución de bacterias beneficiosas, así como en la médula ósea, donde se detectó una pérdida de células madre y una disminución en la producción de linfocitos.
[–> [–>[–>Alteraciones en el intestino
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Entre los resultados más llamativos, según recoge el estudio, está la disminución de la bacteria ‘Lactobacillus reuteri’, una de las piezas clave que ayuda a mantener el equilibrio de la microbiota y el buen funcionamiento del entorno intestinal. Junto a esto, también se observó una reducción de los niveles de espermidina, una sustancia producida por las bacterias intestinales que contribuye a la eliminación de células dañadas y al mantenimiento de procesos de limpieza celular. Los científicos afirman que, a largo plazo, un deterioro de la microbiota intestinal podría contribuir a un peor funcionamiento del sistema inmunitario y a una menor capacidad para hacer frente a infecciones o procesos inflamatorios. Y esto, con el tiempo, podría hacer que los organismos estresados fueran más vulnerables a sufrir ciertas enfermedades.
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Los científicos creen que el estrés podría desencadenar un «efecto dominó» con implicaciones en varias partes del cuerpo
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Los expertos afirman que uno de los hallazgos más relevantes de este estudio es que el impacto del estrés no se limita a una sola zona del cuerpo sino que parece propagarse a través de una red de comunicación que conecta el cerebro, el intestino y la médula ósea. Este eje, afirman los cientificos, podría funcionar como una especie de «un efecto dominó» dentro del organismo en el que el empeoramiento de una pieza acaba afectando a todas las demás. Por ahora, este fenómeno ha sido observado en ratones. Pero no es descartable que también se de en humanos. De confirmarse, este fenómeno ayudaría a explicar cómo un problema aparentemente psicológico como el estrés puede terminar teniendo consecuencias biológicas sobre el sistema inmunitario y el proceso de envejecimiento.
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