“Tendrían que habilitar sitios para estos vehículos y no restringir tanto”
Los gálibos instalados hace unos meses en una de las zonas del aparcamiento de El Molinón sí han cumplido su función: las autocaravanas ya no pueden acceder a ese espacio. Sin embargo, la imagen este verano demuestra que el fenómeno no ha desaparecido, sino que simplemente se ha desplazado unos metros. El aparcamiento contiguo, donde no existen barreras de altura, vuelve a concentrar decenas de estos vehículos, reabriendo el debate sobre la eficacia de una medida que los propios usuarios consideran insuficiente.
[–>[–>[–>Para los caravanistas, la solución no pasa por colocar más impedimentos, sino por habilitar espacios específicos para este tipo de turismo. Aseguran que las restricciones terminan desincentivando las visitas y perjudicando a un perfil de viajero que consume en comercios, restaurantes y mercados locales.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>“Pagamos los mismos impuestos que cualquier vehículo” Bittor López y Yanire López de Abechucho, llegados desde El País Vasco, apenas acababan de estacionar cuando se encontraban con la polémica de los gálibos.
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“No la usamos mucho, pero me parece injusto. Pagas el impuesto de circulación igual que todo el mundo y cada vez está todo más restringido”, lamentan. A su juicio, las limitaciones no solo afectan a las autocaravanas, sino también a trabajadores que utilizan furgonetas de gran tamaño. “No deja de ser un vehículo más”.
[–>[–>[–>La pareja considera que este tipo de medidas terminará alejando a muchos viajeros. “En muchos pueblos hacen justo lo contrario: ponen facilidades porque saben que quienes viajamos en autocaravana consumimos producto local, hacemos turismo y dejamos dinero en los sitios que visitamos”.
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Un turismo que reivindica su impacto económico
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Ezequiel García y Ana Álvarez comparten esa sensación. Ambos creen que la solución no pasa por prohibir, sino por crear espacios adecuados para este tipo de vehículos. “Lo vemos muy mal. Tendrían que habilitar sitios para este tipo de vehículos y no restringir tanto”, afirman.
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[–>Reconocen que están dispuestos a pagar por utilizar áreas equipadas con agua, electricidad o puntos de vaciado. “Nadie se niega a pagar. Lo que queremos es que existan”. Para ellos, el riesgo es evidente. “La gente seguirá viajando, pero buscará otros destinos donde pueda estar a gusto”.
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David Alcalde, Marían Samillán y su hija Lara descargan las bicicletas antes de recorrer Gijón. Son de Cantabria y conocen bien la evolución del turismo en autocaravana durante los últimos años. “En Francia nos llevan mucha ventaja”, explican. Allí encuentran aparcamientos específicos, servicios y facilidades. “Aquí lo que hace falta son más áreas para autocaravanas. Si hay que pagar, se paga”.
[–>[–>[–>La familia rechaza además la imagen de que este tipo de viajeros apenas consume. “Dicen que somos unos tacaños, pero guarda las facturas de lo que gastamos en restaurantes, comercios, combustible o mantenimiento del vehículo y verás”. Durante su estancia buscan precisamente consumir en los establecimientos locales, igual que hacen en otros destinos.
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Menos facilidades, menos viajeros
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Los usuarios reconocen que cada vez encuentran más restricciones para estacionar o pernoctar. Los gálibos proliferan en distintos puntos de España y muchos destinos limitan el acceso incluso fuera de la temporada alta.
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David Alcalde asegura haber notado también un descenso de la actividad en el alquiler de este tipo de vehículos. “El año pasado bajó casi un 40%. Todas estas restricciones influyen”. Otros viajeros admiten que cada vez son más quienes optan por cruzar la frontera y recorrer Francia, donde consideran que la acogida es muy distinta.
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