250 ANIVERSARIO | ¿A qué presidente de los 250 años de EE UU se parece más Donald Trump?
Estados Unidos nació tras una revolución contra el dominio de un rey, el británico Jorge III. El 4 de julio de 1776, las Trece Colonias británicas en Norteamérica proclamaron su independencia del Imperio Británico. La Declaración de Independencia, redactada por Thomas Jefferson, establecía que todos los hombres son iguales y poseen derechos inalienables. No querían ser súbditos de ningún monarca.
[–>[–>[–>250 años después, el lema «no kings» (nada de reyes) es constante en las manifestaciones contra Donald Trump. Para sus críticos, el republicano está ejerciendo una suerte de «presidencia imperial». Le reprochan que concentre poder (ignorando al Congreso por ejemplo para lanzar la guerra contra Irán), ataque libertades básicas como la de expresión (acosando a periodistas y cómicos), movilice al Ejército como demostración de fuerza (desplegándolo en ciudades demócratas) o aplique una política cada vez más represiva contra la inmigración (con las redadas del ICE). Fuera de sus fronteras, se mueve guiado por un espíritu expansionista, de Venezuela a Irán, pasando por Groenlandia o Canadá.
[–> [–>[–>¿Qué tipo de presidente es Donald Trump? ¿A cuál de sus 44 predecesores se parece más? Los historiadores consultados señalan que Trump se asemeja, por su estilo político y su concepción de la presidencia, a Andrew Jackson, séptimo presidente de Estados Unidos, que gobernó entre 1829 y 1837.
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«Como Trump, Jackson decía ser un ‘hombre del pueblo’, un populista que representaba la voluntad popular pero prefería gobernar con mano de hierro, ignorando o manipulando al Congreso, a la prensa y las tradiciones institucionales», explica a EL PERIÓDICO Dane Morrison, doctor y profesor emérito de Historia de los primeros Estados Unidos de la Universidad Estatal de Salem (Massachusetts, Estados Unidos).
[–>[–>[–>Andrew Jackson, presidente de los Estados Unidos. / ARCHIVO
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Tanto Trump como Jackson han sido comparados con reyes por sus coetáneos. En la época de Jackson, proliferaron las viñetas políticas que lo representaban con vestimentas regias.
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Jackson no dudó en imponer la autoridad federal frente a los estados. Anuló las políticas de la asamblea legislativa de Carolina del Sur, que se negaba a apoyar los aranceles federales, y amenazó con enviar tropas federales para imponer su recaudación. «Del mismo modo, Trump ha anulado las políticas de diversidad, igualdad e inclusión –DEI– de varios estados. Y ha enviado a agentes del ICE y fuerzas de la Guardia Nacional para imponer su agenda racista«, apunta Morrison. Según el profesor, ambos comparten una visión racial de la política. Jackson era propietario de una plantación en Tennessee, en la que supervisaba a 150 esclavos a los que trataba con crueldad. «Se hizo tristemente célebre por la Ley de Traslado de los Indios de 1830 y por su postura favorable a la esclavitud. Trump es tristemente célebre por sus políticas contrarias a la DEI y contra los inmigrantes, dirigidas especialmente contra las personas de color», agrega Morrison
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[–>Hay otra semejanza entre ambos. Los dos consideraron ser maestros de los negocios y la economía. Pero Jackson desencadenó con sus políticas el Pánico de 1837 –una depresión económica– al vetar la renovación de la autorización del Banco de Estados Unidos. El presidente actual ha estado cerca de provocar una recesión global por su guerra contra Irán, según él mismo ha reconocido.
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Los presidentes de la Edad Dorada
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La comparación con Jackson no es para Trump una ofensa, sino un halago. Durante su primer mandato (2017-2021), el republicano colgó un retrato de Jackson en el Despacho Oval. También fue a depositar una corona de flores sobre su tumba en Nashville, Tennessee.
[–>[–>[–>«Trump cita a menudo a Andrew Jackson como su modelo. Sin embargo, en términos de políticas, creo que Trump aspiraría a parecerse más a presidentes de la Edad Dorada como William McKinley (1897-1901), un dirigente favorable a las empresas que creía en una regulación gubernamental limitada dentro del país, pero que apoyaba firmemente los aranceles a las importaciones y la expansión colonial», aporta a este diario Mitchell Lerner, profesor de Historia de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos).
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En política exterior, Donald Trump ha recuperado la Doctrina Monroe, formulada en 1823 por el presidente James Monroe, que gobernó Estados Unidos entre 1817 y 1825. Monroe advirtió a las potencias europeas que no intervinieran en América; dos siglos después, Trump emplea esa misma lógica para reivindicar la primacía estadounidense en el continente.
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En cuanto a personalidad, surge otro antecesor en las comparaciones. «Creo que el presidente al que más se parece Trump es Andrew Johnson (1865-1869), que también era egocéntrico, estaba lleno de resentimiento y de sentimientos de victimización. También instó a ejercer violencia contra sus enemigos políticos», opina a este diario Lawrence B. Glickman, catedrático de Estudios Estadounidenses de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos).
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Trump ha dado indicios de querer repetir en la presidencia, a pesar de que acaba de cumplir 80 años y del límite actual de dos mandatos. En ese sentido, el presidente de referencia sería Franklin D. Roosevelt, que fue elegido cuatro veces y ocupó el cargo durante más tiempo que cualquier otro presidente.
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Trump, ¿un rey?
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Los tres profesores consultados coinciden en señalar que Trump ha concentrado el poder de la presidencia más allá de sus predecesores.
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«Sus ataques contra organismos gubernamentales independientes, por ejemplo, y su resistencia a reconocer las competencias del Congreso en ámbitos como la autoridad sobre el gasto y la política exterior son, sin duda, ejemplos de acumulación de poder presidencial», opina Mitchell Lerner.
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Ha exigido poderes sin precedentes para regular las elecciones y se ha negado a respetar las normas tradicionales que limitan la acumulación de riqueza personal en el cargo y la participación de su familia en la presidencia, añade el historiador. «Esta consolidación del poder no es completamente nueva; la ‘presidencia imperial’ lleva un siglo creciendo en Estados Unidos, ya que otros presidentes anteriores a él también ampliaron los poderes de la presidencia. Aun así, Trump la ha llevado a lugares nunca vistos y que rara vez habían sido siquiera imaginados», concluye Lerner.
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Donald Trump, en la Oficina Oval. / SAMUEL CORUM / CONTACTO / EUROPA PRESS
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En la misma línea abunda Lawrence B. Glickman: «Considero justificada la crítica de que Trump actúa como un rey. El propio Trump destaca su admiración por los hombres fuertes y los líderes duros, como Putin, Xi y Kim Jong-un. También se ha comparado con anteriores hombres fuertes como Mao, Stalin e incluso Hitler».
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Hay una gran cantidad de pruebas que respaldan la acusación de actuar como un monarca, dice Dane Morrison: «Trump continúa con sus esfuerzos por reducir la libertad de expresión mediante demandas contra medios de comunicación. Trump continúa con sus esfuerzos por reducir la libertad de voto. Y Trump continúa eludiendo las directrices de gasto del Congreso».
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Estas comparaciones históricas ayudan a identificar los rasgos conocidos de Trump: el populismo autoritario de Jackson, el resentimiento de Andrew Johnson, el proteccionismo y el expansionismo de McKinley o la ambición de permanencia de Roosevelt.
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Ninguno de esos precedentes lo explica por completo. La presidencia de Trump está siendo singular y disruptiva. Y está poniendo a prueba los límites que Estados Unidos estableció hace 250 años para impedir que un gobernante pudiera comportarse como un rey.
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