Los 10 momentos que más han marcado los 250 años de historia de Estados Unidos
Este sábado 4 de julio, Estados Unidos celebrará sus 250 años de existencia. En menos de tres siglos, un pestañeo cósmico, las colonias británicas en América se convirtieron en superpotencia, un fulgurante ascenso que ha condicionado el rumbo del mundo contemporáneo.
[–>[–>[–>Estos son los 10 momentos más importantes de su historia:
[–> [–>[–>[–>[–>[–>El 4 de julio de 1776, en plena guerra con el Reino de Gran Bretaña, las 13 colonias en América del Norte que se había sublevado rompieron definitivamente con la Corona británica para aprobar su Declaración de Independencia. El documento redactado principalmente por Thomas Jefferson proclamó principios como la libertad o la igualdad de oportunidades que, en 1787, cristalizaron en la redacción de la Constitución de Estados Unidos.
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La Carta Magna del país definió también una arquitectura política basada en el federalismo y la separación de poderes; un hito revolucionario para una época protagonizada por la tiranía de las monarquías absolutistas. Aun así, el texto dejó sin resolver contradicciones profundas como la exclusión de las mujeres o, especialmente, la esclavitud, que más tarde desgarraría la nación.
[–>[–>[–>Cuadro que representa la presentación al Congreso del documento que estableció la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. / Declaration of Independence (1819), by John Trumbull
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En 1789, George Washington, el comandante en jefe del ejército revolucionario, fue elegido unánimemente el primer presidente de los EEUU.
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En 1803, EEUU inició su era de expansión con la compra de Luisiana a Francia, gobernada por Napoleón Bonaparte. La adquisición duplicó aproximadamente el tamaño del país y lo convirtió en una potencia colonial. Un año después, en 1804, la expedición de Lewis y Clark, encargada por el entonces presidente Jefferson, abrió una ruta hacia al Oeste para su exploración, explotación comercial y colonización. EEUU pasó de agrupar 17 estados en 1803 a 34 en 1861 y 44 a finales de 1890, cuando se dio por finalizada la conquista e integración de la franja occidental del continente. Ese proceso de ocupación y sometimiento del territorio supuso la casi aniquilación de los pueblos indígenas.
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[–> [–>[–>[–>La conquista del Oeste de EEUU se vio truncada en 1861 cuando 11 estados del sur proclamaron su secesión de la Unión, lo que desembocó en una cruenta Guerra Civil. El conflicto entró en erupción poco después de la victoria presidencial del republicano Abraham Lincoln, que se oponía frontalmente a la expansión de la esclavitud, defendida por los democrátas sureños que formaron la llamada Confederación. La guerra se saldó en 1865 con la victoria de la Unión, unos 600.000 muertos y la abolición del sistema esclavista que liberó a millones de personas. Aun así, la desigualdad racial quedó profundamente arraigada en el país hasta el día de hoy.
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Recreación de la Batalla de Gettysburg, un punto de inflexión en la Guerra Civil estadounidense. / Nathaniel Currier y James Merritt Ives
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Tras la devastación causada por la Guerra de Sucesión, EEUU trató de reconstruir el Sur y de garantizar los derechos de los millones de personas afroestadounidenses que habían sido esclavizadas. Con la aprobación de las Enmiendas Decimocuarta y Decimoquinta, Washington estableció el sufragio masculino negro, el derecho a la ciudadanía y a ser iguales ante la ley. Esta transformación democrática fue posible gracias al abolicionismo del Partido Republicano, promovido por figuras como Frederick Douglass, asesor de Lincoln.
[–>[–>[–>No obstante, en 1877, la retirada de las tropas federales del sur devolvió el poder a los demócratas blancos, que recuperaron el control social mediante la imposición de las leyes Jim Crow, que impulsaron la segregación racial, normalizaron la violencia supremacista contra la población negra y los grupos étnicos no blancos y reforzaron las bases de una discriminación económica, educativa y social cuyos efectos aún perduran.
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Durante el cambio de siglo entre el XIX y el XX, EEUU metamorfoseó, pasando de ser una república agraria a una potencia industrial. Con la Segunda Revolución Industrial y el capitalismo por bandera, el país asistió al florecimiento de industrias como el petróleo o el automóvil —algunas de ellas controladas por monopolios— de la mano de magnates empresariales como John D. Rockefeller y Henry Ford. La producción industrial en serie del fordismo y la división del trabajo del taylorismo disparó el poder de EEUU.
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La industrialización afianzó la importancia de las grandes ciudades, que se convirtieron en polos de atracción para millones de inmigrantes que llegaron desde Europa y Asia. Esa época consolidó el «sueño americano», el ideal que defiende que cualquier persona puede tener éxito y prosperar, pero también la desigualdad social, la explotación laboral, los conflictos sindicales o la exclusión racial.
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Los niños migrantes saludan a la Estatua de la Libertad a su llegada a Nueva York. / Library of Congress
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Si la Primera Guerra Mundial (1914-1918) convirtió a EEUU en el centro financiero internacional, la Gran Depresión, iniciada con el crack bursátil de 1929, puso en jaque ese liderazgo al hundir bancos, empresas, empleos y hogares en todo el país. Se calcula que la riqueza cayó un 29% entre 1929 y 1933.
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Ese año, Franklin D. Roosevelt se convirtió en presidente e inauguró su mandato lanzando el New Deal, una ambiciosa política de intervención estatal en la economía que impulsó obras públicas, reguló las instituciones financieras para evitar otra gran contracción económica, garantizó los derechos laborales, protegió a los sindicatos y erigió un Estado del bienestar al crear la primera Ley de Seguridad Social.
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La lucha contra la crisis siguió hasta que, el 7 de diciembre de 1941, el ataque japonés a Pearl Harbor llevó la Segunda Guerra Mundial a EEUU y el país movilizó su economía y su poderío industrial para orientarlos al conflicto. Bajo el liderazgo de Franklin D. Roosevelt y, tras su muerte, Harry S. Truman, el Ejército estadounidense fue vital para la liberación de la Europa ocupada por los nazis y el hundimiento de Japón.
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Con el uso de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, EEUU emergió de la guerra como indudable superpotencia militar, económica y nuclear. Se abría un nuevo período de diplomacia internacional y multilateralismo, pero también de rivalidad directa con la Unión Soviética.
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A lo largo de más de 40 años, el mundo quedó partido en los dos bloques de la Guerra Fría. El enfrentamiento entre el modelo capitalista estadounidense y el comunista soviético definió la política exterior, militar, tecnológica e ideológica del país, llevando al mundo al borde de la guerra nuclear con la crisis de los misiles en Cuba de 1962.
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Ese período de casi medio siglo también estuvo marcado por el asesinato en 1963 del presidente John F. Kennedy, el escándalo del Watergate, que llevó a la dimisión de Richard Nixon en 1974, y la guerra de Vietnam, de la que EEUU salió derrotada en 1975. Esos eventos alimentaron una era de sospecha política, protestas sociales masivas y una profunda crisis de legitimidad de las instituciones públicas. La presidencia del conservador Ronald Reagan aprovechó ese recelo del Estado para consolidar el dominio del neoliberalismo, que profundizó la desregulación y el libre mercado a costa del debilitamiento del Estado del bienestar.
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La disolución de la Unión Soviética en 1991 precipitó el fin de la Guerra Fría y dejó a EEUU como hegemón mundial. El politólogo Francis Fukuyama proclamó célebremente que el triunfo de las democracias liberales suponía el «fin de la historia» que sepultaba de un golpe el comunismo y las grandes luchas ideológicas. Bajo la presidencia de Bill Clinton, el gigante americano protagonizó una era marcada por la globalización, el crecimiento económico, la expansión del libre comercio y la revolución digital que supuso el auge de internet.
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Una imagen de las torres gemelas tras ser impactadas por aviones el 11 de septiembre de 2001. / Reuters
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Sin embargo, ese periodo de cierta estabilidad se vio truncado con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. El grupo yihadista Al Qaeda derrocó las Torres Gemelas y asestó el peor golpe en territorio estadounidense desde Pearl Harbor. La agresión evidenció que organizaciones paramilitares no estatales eran capaces de aterrorizar al mundo y llevó a la presidencia de George W. Bush a disparar el intervencionismo militar en el exterior con las guerras de Afganistán e Irak. Todo ello sembró el pánico social, transformó la seguridad nacional y sirvió como base para implantar sistemas de vigilancia masiva, un cóctel de elementos que sembró la desconfianza en las instituciones.
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En 2008, la quiebra de Lehman Brothers pinchó la burbuja inmobiliaria en EEUU, arrastró al sector bancario, hundió la capacidad adquisitiva de las familias y causó la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. La sacudida económica dejó una profunda desconfianza hacia Wall Street, Washington y las élites económicas.
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La elección de Barack Obama a finales de ese año como primer presidente afroamericano del país tuvo un enorme valor simbólico y político. El demócrata encarnó una promesa de renovación democrática tras la crisis, pero su presidencia, que se alargó un segundo mandato hasta 2016, despertó cierta indignación entre las clases populares y desencadenó una violenta reacción conservadora tanto en el plano cultural como racial.
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El progreso social logrado por Obama no siguió con Hillary Clinton, sino que se dio de bruces con la sorprendente victoria de Donald Trump. La elección del magnate inmobiliario abrió una fase de populismo nacionalista y xenófobo, rechazo a la globalización, ruptura de los consensos políticos tradicionales y una polarización mucho más aguda.
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Tras su derrota electoral frente a Joe Biden en 2020, Trump negó sin fundamentos la legitimidad de los comicios y trató de revertirlos, alentando a una masa enfurecida de sus seguidores a asaltar el Capitolio, sentando un peligroso precedente para la historia de la nación. Aunque el presidente demócrata volvió a dar protagonismo a la justicia social y a los sindicatos, mantuvo el repliegue industrial de su predecesor.
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La reelección de Trump en 2024, esta vez frente a Kamala Harris, confirmó que el trumpismo no era un accidente, sino una profunda reconfiguración de la política estadounidense, ahora marcada a fuego por la fragmentación civil, la corrupción, el unilateralismo, la desinformación, la concentración de poder estatal, el intervencionismo militar en el exterior o las crecientes tendencias plutocráticas. El historiador Robert Paxton, referente mundial en el estudio del fascismo, ha descrito a Trump como el Duce americano.
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