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No, los neandertales no se extinguieron por casarse entre primos

No, los neandertales no se extinguieron por casarse entre primos
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  • Publishedjulio 4, 2026


Un análisis de ADN de restos encontrados en Bélgica y Francia descarta la endogamia como principal motivo de la extinción de los neandertales.

La endogamia es una mala idea para la supervivencia de una especie. Cuando los individuos se reproducen con parientes cercanos, primos o incluso hermanos, la falta de diversidad genética hace que al cabo de unas pocas generaciones empiecen a aparecer enfermedades congénitas en la descendencia. Algo que es muy conocido gracias a siglos de bodas de primos en familias reales europeas. ¿Pero fue ésta también la causa de la desaparición de los neandertales?

Hace unos 45.000 años, en las cuevas de lo que hoy es el valle del Mosa, entre Bélgica y Francia, vivía un grupo de neandertales que gozaban de una buena salud genética. No se apareaban entre parientes cercanos, no cargaban con la carga de la consanguinidad y formaban parte de una red de comunidades que intercambiaban genes en grandes zonas de Europa occidental. Dos milenios después, esa población había desaparecido para siempre. La paradoja acaba de ser retratada con un detalle sin precedentes gracias al mayor conjunto de genomas neandertales analizados hasta la fecha.

Veintisiete genomas para una imagen inédita

Hasta ahora, los científicos sólo disponían de cuatro genomas neandertales de alta calidad, y tres de ellos procedían del extremo oriental de su territorio, en las montañas de Siberia. Con tan pocos datos era muy difícil responder preguntas básicas sobre cómo se organizaban estos humanos en una región específica. El equipo liderado por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, junto con la Universidad de Leiden y la UCLA, ha cambiado el panorama recuperando material genético de 27 individuos que vivieron hace menos de 52.500 años en diez yacimientos arqueológicos de Bélgica y Francia.

Entre estos restos destaca un genoma de altísima cobertura, obtenido de un individuo de Goyet, en Bélgica, conocido como GN1, que vivió hace unos 45.000 años. Recuperar ADN antiguo de los neandertales sigue siendo una tarea extraordinariamente delicada (la contaminación con material moderno y la degradación de los tejidos lo complica todo), por lo que disponer de una muestra tan limpia permite repetir los análisis muchas veces y garantiza la fiabilidad de los resultados.

Comunidades conectadas en lugar de grupos aislados

El primer hallazgo sorprendente es que la mayoría de estos individuos estaban más estrechamente relacionados entre sí que con otros neandertales tardíos en Europa, pero sin signos de endogamia. Es decir, los grupos locales eran lo suficientemente grandes y estaban lo suficientemente conectados como para que sus miembros pudieran tener descendencia con parejas que no fueran parientes cercanos. Algunos individuos incluso portaban ADN de un linaje neandertal anterior a la separación de los neandertales tardíos, lo que apunta a una rica historia poblacional con múltiples contribuciones.

Esto contrasta marcadamente con lo que se había observado en poblaciones más antiguas, como las de las cuevas de Denisova o Chagyrskaya, donde los apareamientos entre parientes cercanos habían reducido la diversidad genética a niveles que vemos hoy en algunas especies en peligro de extinción. Esta pérdida de variabilidad (lo que los genetistas llaman depresión endogámica) favorece la transmisión de genes nocivos, dificulta la adaptación a los cambios ambientales y puede empujar a una población hacia su desaparición. La comunidad de Bélgica y Francia no mostró ninguno de estos síntomas.

No hay rastros de mestizaje reciente con nuestra especie

Los investigadores también buscaron rastros de contacto reciente con Homo sapiens. Se sabe que los neandertales y los humanos modernos coincidieron en el noroeste de Europa desde hace unos 47.000 años, por lo que compartían el mismo paisaje. Sin embargo, ninguno de los genomas estudiados mostró signos de cruces recientes con nuestra especie. Los pocos fragmentos que recuerdan al genoma humano moderno eran demasiado cortos para indicar un mestizaje cercano en el tiempo, lo que sugiere que la mayor parte del intercambio genético entre ambas especies ocurrió fuera de esta región.

El retrato que surge es el de los neandertales que permanecieron socialmente conectados y genéticamente sanos casi hasta el final. Ni el aislamiento progresivo ni el declive genético sirven como explicación central de su extinción, al menos para estas poblaciones occidentales.

Lo que nos dicen los restos sobre su desaparición

Si estos grupos estaban bien y aún así desaparecieron en un par de milenios, la ciencia debe buscar otros factores. Los bruscos cambios climáticos de la época, la competencia por los recursos con las poblaciones llegadas de humanos modernos o una combinación de presiones ambientales y demográficas vuelven a ganar peso frente a la vieja idea del colapso por consanguinidad. El trabajo también demuestra que incluso los genomas de baja cobertura pueden aumentar significativamente la resolución con la que reconstruimos la diversidad neandertal, lo que abre la puerta al estudio de muchas más poblaciones en el futuro.

Lejos de cerrar el debate, esta investigación lo reformula con datos mucho más precisos. La próxima vez que alguien resuma la extinción de los neandertales atribuyéndola a la maldad de los austriacos y los Borbones, conviene recordar que sus últimos representantes conocidos en Europa occidental no fueron una reliquia agonizante, sino comunidades vivas y diversas cuyo fin sigue siendo uno de los grandes enigmas de nuestra prehistoria.

Referencia

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