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Heat ageing: cómo el calor extremo, la radiación y la contaminación afectan al envejecimiento

Heat ageing: cómo el calor extremo, la radiación y la contaminación afectan al envejecimiento
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  • Publishedjulio 6, 2026


Durante años, cuando hablábamos del envejecimiento de la piel, todas las miradas estaban puestas en el sol. Esto es totalmente comprensible ya que la radiación ultravioleta sigue siendo el principal factor ambiental responsable del fotoenvejecimiento y Uno de los mayores riesgos para la salud de la piel.. Sin embargo, la ciencia ha ampliado su alcance. Hoy en día, los dermatólogos advierten que no sólo los rayos UV envejecen, sino también el calor extremo y la contaminación, dos factores cuya presencia aumenta cada verano y cuyos efectos pueden acumularse con el tiempo.

Este fenómeno, llamado envejecimiento térmico, describe el envejecimiento causado por la exposición repetida a altas temperaturas. Aunque todavía es un concepto relativamente nuevo, cada vez tiene más respaldo científico y forma parte de una idea más amplia: el exposoma, es decir todos los factores ambientales a los que está sometida nuestra piel a lo largo de la vida. Por eso, además de estar siempre protegidos, debemos cuidar nuestra piel.

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El calor también deja marcas en la piel

Hasta hace relativamente poco tiempo, el calor se asociaba principalmente con malestares temporales como sudoración, sofocos o deshidratación. Sin embargo, investigaciones más recientes muestran que La exposición continua a altas temperaturas también desencadena cambios biológicos capaz de acelerar el envejecimiento de la piel. El dermatólogo Carlos Morales Raya, fundador de la Clínica Morales Raya y de la empresa de cosméticos Raya, explica que “desde hace muchos años hablamos del envejecimiento provocado por el sol, pero cada vez sabemos más que la radiación ultravioleta no es la única culpable: las frecuentes olas de calor y la mayor exposición a factores ambientales agresivos.

La dermatóloga Elena Martínez Lorenzo reconoce que se trata de “envejecimiento inducido por el calor, es decir, daños en la piel provocados por la exposición repetida a altas temperaturas, independientemente de la radiación solar”. Durante años, explica, la atención se centró casi exclusivamente en la radiación ultravioleta, pero “Ahora sabemos que el aumento global de las temperaturas también contribuye al envejecimiento de la piel.«. ¿Pero qué sucede exactamente cuando la piel experimenta temperaturas muy altas durante largos periodos de tiempo? Como explica el dermatólogo Carlos Morales Raya, el calor provoca una situación de estrés biológico que ““Promueve la inflamación, aumenta la producción de radicales libres y activa los mecanismos que degradan el colágeno y la elastina, dos componentes fundamentales para mantener la firmeza y elasticidad de la piel”. Además, puede afectar la función de barrera, favoreciendo la pérdida de agua y haciendo que la piel sea “más sensible, más reactiva y más propensa al enrojecimiento”.

Martínez Lorenzo añade que este proceso también aumenta la pérdida de agua transepidérmica y favorece la vasodilatación, por lo que aparecen con mayor facilidad enrojecimiento o pequeñas dilataciones vasculares. A largo plazo, advierte, todo esto se puede traducir en ““Piel menos firme, más apagada y con mayor tendencia a las rojeces”. El farmacéutico Eduardo Senante de www.farmaciasenante.com explica que este fenómeno responde a lo que ya se llama “estrés térmico. El profesional destaca que el calor intenso y sostenido provoca una “inflamación crónica de baja intensidad” que desencadena una cascada de reacciones responsables de la degradación del colágeno y la elastina. Como resultado, la piel va perdiendo paulatinamente parte de su capacidad de permanecer firme, hidratada y resistente a las agresiones externas.

Sol, calor y contaminación: el trío que acelera el envejecimiento

Aunque el calor ha ganado importancia, los expertos insisten en que no sustituye el daño solar, sino que lo empeora. “Ambos contribuyen al envejecimiento de la piel, pero no actúan exactamente de la misma manera”, explica el dermatólogo y fundador de la Clínica Morales Raya. Mientras que “la radiación ultravioleta tiene una gran capacidad de producir daño directo al ADN celular, el “calor”Actúa principalmente favoreciendo procesos inflamatorios y oxidativos. «que deterioran progresivamente las estructuras de soporte de la piel, particularmente el colágeno». Resultado: “la piel expuesta simultáneamente a la radiación solar y a altas temperaturas envejece más rápido que la piel expuesta a una sola de ellas”. Una idea que comparte Elena Martínez Lorenzo, que recuerda que, en la práctica, «la piel generalmente no se enfrenta a estos factores por separado: el sol, el calor y la contaminación generalmente actúan simultáneamente y sus efectos se suman».

La contaminación es el otro eje que influye en el envejecimiento térmico. Para Morales Raya, es “probablemente uno de los factores más subestimados cuando hablamos de salud de la piel”. Las partículas del tráfico o de la actividad industrial generan estrés oxidativo, favorecen la inflamación crónica y Aceleran la aparición de manchas, arrugas y pérdida de luminosidad. Además, alteran la función barrera y pueden agravar patologías como el acné, la rosácea o la dermatitis atópica. La dermatóloga Elena Martínez Lorenzo recuerda que diversos estudios ya han demostrado una asociación entre la exposición crónica a la contaminación urbana y un mayor número de signos visibles de envejecimiento de la piel.

Por su parte, Eduardo Senante va más allá y destaca que estos tres factores no sólo se acumulan, sino que pueden reforzarse mutuamente. «Algunas investigaciones sugieren que la combinación de contaminación, radiación solar y calor puede ser muy dañina, porque Lo que hacen es reforzarse mutuamente. y refuerzan mutuamente los efectos negativos de los radicales libres en la piel. Es por ello que cada vez más dermatólogos prefieren hablar de envejecimiento ambiental en lugar de centrarse exclusivamente en el fotoenvejecimiento.

Cómo saber si la piel sufre el impacto del calor

A diferencia de una quemadura solar, cuyos efectos son inmediatos, el envejecimiento térmico es un proceso silencioso. Sus consecuencias se acumulan poco a poco hasta hacerse visibles con el paso de los años, lo que explica que muchas veces pase desapercibido. Para Eduardo Senante, es un proceso en el que los daños se acumulan. «Mucha gente cree que el envejecimiento ambiental sólo causa arrugas, pero no se trata sólo de arrugas, Lo que empeora es la calidad de la piel en general.. La pérdida de brillo, el tono desigual de la piel, la textura desigual o la piel que parece cada vez más deshidratada y reactiva también son señales de que el exposoma está dejando su huella.

“Normalmente no aparecen de la noche a la mañana, sino de forma paulatina”, explica Carlos Morales Raya. Entre los signos más comunes encontramos “piel más apagada, menos luminosa, con tendencia a la deshidratación, más sensible o con más rojeces”. También pueden aparecer “manchas, pérdida de firmeza, textura desigual o arrugas que aparecen antes de lo esperado para la edad de la persona”. Recuerde también que la exposición continua al calor puedeagravar patologías inflamatorias existentes, como rosácea, melasma o ciertos tipos de acné. En la misma línea, Elena Martínez Lorenzo señala que el envejecimiento ambiental se manifiesta generalmente por «aparición de manchas o pigmentación irregular, pérdida de luminosidad, deshidratación persistente, mayor sensibilidad o irritación, enrojecimiento, pérdida progresiva de firmeza y elasticidad». Se trata de alteraciones que, advierte, “muchas veces son paulatinas y pasan desapercibidas hasta acumularse a lo largo de los años”.

Más allá del protector solar: protección global contra el exposoma

“La protección solar sigue siendo la medida más importante, pero hoy sabemos que proteger la piel va mucho más allá de aplicar protector solar”, explica Carlos Morales Raya. El dermatólogo recomienda evitar la exposición en las horas centrales del día, buscar la sombra siempre que sea posible y utilizar medidas físicas como sombreros, gafas de sol o ropa protectora. A esto se suma la importancia de incorporar antioxidantes tópicos, como la vitamina C, la niacinamida o el ácido ferúlico, capaces de ayudar a neutralizar parte del estrés oxidativo generado por el sol, el calor y la contaminación. “Por la noche cobra especial importancia una buena limpieza para eliminar las partículas contaminantes acumuladas durante el día, y no debemos olvidarnos de mantener una buena hidratación de la piel y del cuerpo”, añade la experta.

La dermatóloga Elena Martínez Lorenzo reconoce la necesidad de ampliar el concepto clásico de fotoprotección. Según él, “proteger la piel ya no es sólo protegerse del sol, pero protegiéndote de la exposición totalPara ello, se recomienda utilizar fotoprotectores de amplio espectro, reforzar la barrera cutánea mediante una adecuada hidratación, incorporar antioxidantes a la rutina y mantener hábitos de vida saludables que ayuden a reducir el impacto del estrés oxidativo. Desde su punto de vista, Eduardo Senante recuerda que la protección solar sigue siendo “el pilar fundamental y el cosmético antiedad más eficaz que existe”, aunque insiste en que “hoy nos hemos dado cuenta de que por sí solo no es suficiente”. El farmacéutico recomienda complementar la fotoprotección con lo que llama “fotohabitación”: favorecer la sombra, evitar exposiciones innecesarias en las épocas de mayor intensidad solar, usar sombreros y gafas de sol e hidratar bien la piel y el cuerpo.

Además, el experto destaca el papel de los sérums antioxidantes aplicados antes del protector solar. Ingredientes como vitamina C, niacinamida, ácido ferúlico o polifenoles Ayudan a combatir parte del daño oxidativo que el protector solar logra atravesar.. “La protección total no existe”, recuerda, estos activos actúan por tanto como una segunda línea de defensa contra los radicales libres.

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