Ya no sabemos qué hacer, es lamentable
Tienen una casa terminada en Viella desde febrero pero no pueden entrar a vivir en ella porque no logran tener acceso a internet. Se trata de un matrimonio que teletrabaja y, sin un enganche a la red, mudarse a este nuevo hogar que con tanta ilusión construyeron en Siero no es viable.
[–>[–>[–>La negativa de dos vecinos a facilitarles la conexión a través de sus propiedades, explican los afectados, ha sido el primer escollo. Después, según relatan, las sucesivas compañías telefónicas a las que han recurrido tampoco les han resuelto un problema que ha generado una enorme impotencia en esta familia que no entiende cómo puede estar sucediéndole esto.
[–> [–>[–>«Yo no necesito internet para ver Netflix, es que internet es el pan de mi casa y no puedo vivir en mi casa porque no puedo trabajar», explica la mujer, con gran desesperación ante lo que está viviendo.
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Hay una caja con un punto de enganche a unos cien metros de la casa, explica. Como vive en Lugones, pidió que la línea que tiene en esta localidad sierense se la trasladaran a su nueva casa en Viella. «Quedamos allí con el técnico. Y resulta que tienen que conectar nuestro cable a una caja de telecomunicaciones que está en la fachada de una casa cuyo dueño dice que no. No lo autoriza», explica.
[–>[–>[–>De nada sirvieron los esfuerzos por convencer al hombre, según explican los afectados. Ante esta negativa, se les plantea la posibilidad de recurrir a otro vecino. Habría que colocar un poste en su finca para poder pasar los cables por allí.
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«En un principio dice que sí, porque parece ser que incluso eso te puede revalorizar la finca. Dice que sí. Volvemos a lanzar la petición de alta. Pero ahora resulta que también dice que no», comenta la afectada, que prefiere mantener su identidad en el anonimato.
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[–>Ante esta segunda negativa, ella recuerda que hay una compañía de fibra que «también utiliza los postes del alumbrado público o de la electricidad» y ve que esta firma tiene una caja de conexión cerca de la vivienda.
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«Entonces llamamos y pedimos el alta. No nos llegan a mandar el contrato, pero se hace todo por llamada», explica. «Pues resulta que después nos dicen que no, que no se puede instalar. Digo, ¿pero por qué? Si tenéis una caja al lado. No hay que meterse en la fachada de nadie, ni en casa de nadie. ¿Por qué no? Bueno, pues estoy esperando a que me den una explicación coherente.Y de hecho les he puesto una reclamación en consumo porque yo tengo derecho a saber», relata.
[–>[–>[–>Intentan con otra compañía, pero resulta que esta, al igual que otras dos, usan en Viella la red de la primera empresa a la que habían recurrido, «con lo que volverían a estar en las mismas» que al principio, cuando se topó con la primera negativa de un vecino, según señala.
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Esa primera compañía a la que habían llamado «me ofrece una alternativa, Internet Radio, pero yo tengo que decirles que no porque la cobertura de móvil de allí es bastante mala».
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Sin entender muy bien por qué se están viendo sometidos a esta situación, indica que «no hemos tenido ningún problema jamás con nadie, nunca nos ha pasado nada, la obra estaba todo en regla de permisos, de todo…».
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«No entendemos el porqué de esta inquina», añade, mientras se lamenta de que se encuentra con que «el Ayuntamiento no puede hacer nada, el ministerio no puede hacer nada, nadie puede hacer nada y yo lo único que quiero es poder vivir en mi casa».
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Incide en la impotencia que le genera tener cerca un acceso a la conexión y que no les permitan el enganche. «Hay un poste de fibra óptica a menos de 100 metros de mi casa y voy a tener que poner internet satelital porque a esta persona no le da la gana», señala. Hay una empresa «que puede expropiar, pero para un alta solo no les compensa», señala indignada.
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Todo esto «me parece impropio en el siglo XXI» y «estoy ya en una situación que es que no sé qué hacer». «Yo he llorado muchísimo por esto. Yo no me meto con nadie, yo no soy de ese pueblo, no tengo enemigos allí, ni conozco a nadie, ni mi marido tampoco, porque no somos de aquí. Es que es lamentable», concluye.
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