Espías con ‘pizzini’ y teléfonos en microondas: la justicia italiana descubre una red que vendía secretos a Moscú
Hay una Italia que nunca se cansa de jugar a la Guerra Fría, o que quizá ha entendido que aquello nunca acabó. Las imágenes difundidas por el Raggruppamento Operativo Speciale (ROS) de los Carabinieri han vuelto este martes a sacar a la luz este mundo: exagentes italianos que vendían –de las maneras más diversas– secretos a espías rusos. El balance provisional: dos detenidos con medidas cautelares y otros cinco investigados, según ha informado la Fiscalía de Roma.
[–>[–>[–>Lo más llamativo, más allá del lenguaje técnico que habla incluso de «espionaje político o militar», es que las secuencias capturadas por la policía italiana parecen casi el retrato de una historia de espías de vieja escuela, mezclado con el costumbrismo de las calles de Italia. En uno de los encuentros, un sujeto extrae del bolsillo de su camisa una especie de pizzino —ese trozo de papel que la mafia elevó a arte de la comunicación clandestina—, lo desenrolla con parsimonia y examina su contenido junto a su interlocutor. En otra escena, grabada en lo que parece un piso, se ve a uno de los sospechosos pedir que aparte un teléfono móvil y, acto seguido, se levanta, abre un horno microondas y mete el aparato dentro, buscando posiblemente anular cualquier señal o micrófono oculto.
[–> [–>[–>Los lugares de las citas también son los clásicos de la clandestinidad: una calle cualquiera, una pared desconchada, cafeterías públicas, una habitación anónima. Las cámaras muestran a uno de los hombres manipulando una tarjeta MicroSD, la cual envuelve meticulosamente en un papel amarillo y la sella con cinta aislante. En otro momento, uno de los implicados camina pegado a un muro, se gira dos veces de forma espasmódica para comprobar si lo siguen, y luego se agacha para esconder el paquete en una cavidad de la piedra. El metraje cierra con una imagen cruda: una mesa rebosante de billetes de 50 y 100 euros desparramados tras un supuesto intercambio.
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Cuatro militares en activo
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Detrás de todo ello: una investigación penal iniciada en mayo de 2025 y coordinada por la justicia civil y militar de Roma. Su conclusión, según el comunicado oficial emitido este 7 de julio, es que el principal sospechoso sería un exmiembro de 59 años de los servicios de inteligencia italianos y excarabiniero (policía militar italiana) que actuaba en favor de un presunto agente ruso que cuenta con inmunidad diplomática en Italia.
[–>[–>[–>Más en detalle según la Fiscalía de Roma: el exagente italiano habría utilizado una red de seis fuentes para conseguir los documentos y el resto de información clasificada a su colega ruso. Y cuatro de sus informantes serían militares en activo que ocupaban puestos de alto nivel de confidencialidad. A cambio de dinero en efectivo, el excarabiniero saciaba así las «necesidades informativas» de Moscú, vendiendo pedazos de la seguridad nacional e internacional del Estado.
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Por ello, todos son ahora «considerados responsables, a diversos niveles, de haber facilitado informaciones que, por el interés de la seguridad del Estado o por el interés político, interno o internacional de la Nación, debían permanecer secretas o cuya difusión está prohibida», según ha informado la fiscalía romana. De hecho, el italiano habría facilitado, «a cambio de una compensación económica, informaciones relativas a las peticiones recibidas por el otro [el ruso] en reuniones anteriores y obtenidos a través de sus fuentes»han precisado las autoridades.
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