Tour de Francia: Induráin, Tirano de Bergerac
Hubo una época en la que el Tour jamás habría incorporado al Tourmalet en la primera semana de la carrera. La fase inicial estaba dedicada a los velocistas, que se daban unas tortas de consideración mientras peleaban entre ellos por las bonificaciones y el jersey amarillo. No era, con vistas al espectador, la mejor fase de la prueba y con el calor, los que se tumbaban en el sofá de casa, siempre terminaban en un estado de éxtasis con sensaciones que muchas veces no tenían nada que ver con el ciclismo.
[–>[–>[–>Pero, entonces, al igual que ahora, podía surgir un monstruo montado sobre una bici, que destrozaba la carrera, que se ponía de líder y que no soltaba la prenda amarilla hasta que llegaba a su hotel de París para ducharse. En aquella época, 1994, por ejemplo, a nadie se le habría ocurrido decir que el Tour a la novena etapa, pese a dar la sensación de estar sentenciado por Miguel Induráin, se había acabado e incluso llegar a pensar cómo y de qué manera se iban a afrontar las etapas que quedaban para llegar a los Campos Elíseos. Hablar de aburrimiento habría sido un pecado, una tarjeta roja con sanción grave al que se le ocurriese insinuar tal hecho.
[–> [–>[–>Hazañas hermosas
[–>[–>[–>
Los Tours de Induráin resultaron hermosos y se convirtieron en hazañas inolvidables para los seguidores españoles, pero habría que ver lo que pensaban belgas, neerlandeses, italianos y hasta franceses cuando todavía no se había incorporado a la fiesta el público esloveno y hasta danés.
[–>[–>[–>
El de 1994 no tuvo en los inicios ni Pirineos, ni Alpes, ni Vosgos, ni Macizo Central, ni Jura, ni siquiera colinas incómodas por el norte de Francia como se dibujó el año pasado. Fue un Tour a la vieja usanza, clásico como la obra teatral Cyrano de Bergerac, estrenada en los escenarios de París en 1897, por gracia de Edmond Rostand, con un notable éxito de público.
[–>[–>[–>La pieza teatral se inspiraba en la vida real de un militar del siglo XVII, que escribía con brillo, desafortunado en el amor y que poseía una nariz tan grande como es el dominio de Tadej Pogacar en el Tour.
[–>[–>[–>
La ciudad de Bergerac
[–>[–>[–>
La obra sirvió para situar en el mapa a Bergerac, una bellísima ciudad de 27.000 habitantes, con carácter medieval que es famosa por el foie, la trufa negra y los vinos. Enclavada en el Périgord tuvo hace 32 años una etapa del Tour que, como ahora, partió de Périgueux, aunque bajo la modalidad de la contrarreloj; la friolera -aunque también hizo un calor poco saludable- de 64 kilómetros puso los dientes largos a Induráin, en una novena etapa que lo animaba a destrozar la ronda francesa, tal cual le sucedió a Pogacar, el jueves, en la sexta etapa que atravesó el Tourmalet.
[–>[–>
[–>Ahora a ningún organizador de carrera se le ocurre presentar una ‘crono’ de 64 kilómetros. Este tipo de etapa difícilmente superan los 40 de recorrido; se evita de este modo que cierto tipo de ciclista deje aniquilada la prueba, lo que actualmente no se contrarresta en la montaña.
[–>[–>[–>
Induráin rompió todos los esquemas en 1994 para comenzar a dejar la victoria lista con 12 etapas más por cumplimentar. Cuenta la leyenda que Miguel salió por la mañana de su hotel para conocer y grabar en la memoria el trazado de la contrarreloj y que se fue a dormir, a mitad de trazado y a media mañana, como si el Tour no fuera con él, a una casita que había alquilado su amigo José Joaquín Pérez de Óbanos, que luego fue una de las víctimas en el accidente del 20 de agosto de 2008 cuando un avión de Spanair se estrelló en Barajas.
[–>[–>[–>Dos minutos al segundo, como ahora
[–>[–>[–>
En esa etapa, Induráin le sacó dos minutos al segundo, Tony Rominger, y ya no soltó la prenda amarilla hasta el fin de la prueba. La diferencia entre el primero y el segundo fue pareja a la lograda el jueves por Pogacar con Jonas Vingegaard en la persecución. Luego, al término de la prueba, cambió el podio, pero siempre en los puestos segundo y tercero que ocuparon el letón Piotr Ugrumov y el italiano Marco Pantani, que ya empezaba a entusiasmar en su país de origen. Miguel sacó al segundo de la tabla más de 5 minutos, como prueba de su dominio en la que fue la cuarta victoria en París. Quedaba todavía una.
[–>[–>[–>
En Bergerac, Induráin se ganó una de sus denominaciones de origen tras aniquilar a todos los rivales. Lo llamaron ‘Tirano de Bergerac’. Quien le sacó el apodo fue su director deportivo, José Miguel Echávarri, mientras hablaba con un pequeño grupo de periodistas que seguía a su lado el recorrido de Induráin a través de unas pantallas que había instaladas en la meta.
[–>[–>[–>
Por cierto, ese día Induráin dobló a Lance Armstrong, que ya era un ciclista con fama después de ganar en 1993 el campeonato del Mundo, que se celebró bajo la lluvia y el frío de Oslo, en pleno mes de agosto y ante los ojos de todas las casas reales europeas, incluida la española.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí