Argentina sufre otra vez pero gana a Suiza 3-1 y el martes decide el pase a la final nada menos que con Inglaterra
Argentina ya está entre los cuatro mejores del Mundial y el martes en Atlanta, ante Inglaterra, nada menos, pondrá a prueba sus sueños de bicampeón. La victoria ante Suiza por tres goles a uno llegó en Kansas con la acostumbrada dosis de sufrimiento. Ese es el signo de este equipo que tiene a Leo Messi con estandarte, aunque no brille como en otras oportunidades. Cuando se asomaba la definición por penales, Julián Álvarez abrió la lata de la fortuna. Golazo con su firma. Un disparo inalcanzable. Después vino la sentencia de Lautaro Martínez. «A los ingleses le tenemos que ganar», tronó el estadio. Más que una semifinal, un cara a cara especial a 40 años de la hazaña de Diego Maradona en México.
[–>[–>[–>Sufrir se ha convertido en un verbo nacional a la hora de disputar un partido. Se sufre en el campo y en las gradas, frente a los televisores y en las pantallas instaladas en las calles. Lo que los argentinos llaman la «cultura del aguante». Se soporta con la confianza de que casi siempre hay una luz de la victoria que titila al final del túnel. Argentina no luce ni se florea en el campo. Tiene un enorme tesón y el viento de la fortuna que sopla a su favor. La alegría le cuesta demasiado. Se fabrica con sudor y a veces cierta generosidad arbitral que destila la sospecha de beneficios celestiales.
[–> [–>[–>«Argentina siempre encuentra una figura que la salva «, dijo el diario La Nación. El fantasma de una posible amargura sobrevoló el estadio hasta que, a los siete minutos de la segunda parte del alargue, Álvarez dijo presente por primera vez en el certamen. El propio jugador del Atlético de Madrid reconoció lo difícil que fue superar a los suizos. «Habríamos preferido ganarlo antes. Intentamos hasta el final, se pusieron las cosas difíciles. Sin embargo, sabíamos que el gol iba a llegar. El grupo está unido y muy fuerte. Ahora a descansar y pensar en el próximo. Quedan dos partidos«.
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Lionel Scaloni, el entrenador, gritó desaforado buena parte del encuentro. La calma le llegó cuando el reloj del árbitro João Pinheiro marcó el final. «Sufrimos. Sabíamos que era un equipo muy físico. No fuimos capaces de resolver algunas situaciones. Cuando le expulsaron a un jugador pudimos atacar. Tenemos cosas que corregir, pero esto es histórico», dijo. Scaloni reconoció que Inglaterra es un desafío superior. «Nos encontraremos con un equipo que juega muy bien».
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Un partido con sobresaltos
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Cuando la cabeza de Aleixs Mac Allister puso el 1-0 a los 10 minutos del primer tiempo, Argentina parecía controlar la situación sin sobresaltos. No fue así. Le costó demasiado sostener el resultado. Como ha ocurrido a lo largo del torneo. Argentina, señaló el diario deportivo Olé, es «un equipo sabe en su interior que no jugó bien, que no supo aprovechar a fondo que Suiza». Messi, esta vez, «no andaba con la capa de superhéroe a mano». Y el seleccionado depende mucho de su imaginación.
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El empate suizo, a los 22 minutos del complemento, fue el premio a su esfuerzo. Dan Ndoye quebró a la defensa argentina y definió de manera inapelable ante el «Dibu» Martínez. Pero cinco minutos más tarde comenzó verdaderamente otro partido. Pinheiro le sacó la tarjeta roja a Embolo por simulación. Había recibido antes la amarilla y su expulsión comprometió seriamente las aspiraciones de Suiza. Los llantos de Embolo al abandonar el terreno lo decían todo.
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A pesar de tener un jugador de más, Argentina tuvo problemas para materializar esa superioridad Mac Allister y Messi se quedaron con las ganas de anotar. Los sudamericanos perdieron a algunos jugadores importantes como Romero y Paredes. El desgaste pesaba a ambos conjuntos. El alargue obligó a redoblar los esfuerzos. Y entonces apareció Álvarez. «Nos tiene acostumbrados a estos goles increíbles», dijo Thiago Almada. «Lo importante es que pasamos. Lo sacamos adelante». Después llegó la tercer diana con un contragolpe letal. Fue Martínez. Pudo haber sido Messi y era su novena diana. La «Pulga» lo festejó como si fuera un gol propio. Messi había tenido un pequeño desencuentro con el árbitro. «Háblame bien y no me faltes el respeto», le dijo mientras la cámara lo captaba en su molestia. El capitán asistió a Mac Allister en el primer gol y alcanzó las 10 jugadas de ese tipo en la historia de los Mundiales, un récord absoluto más en su haber. Le toca el martes otra prueba. El ex Barcelona nunca se ha enfrentado con Inglaterra. El choque lo pondrá otra vez frente al espejo de Maradona. Lo que ocurrió en México 86 fue un hito imborrable. Argentina volvió a ganar en Francia 98. Sin embargo, Inglaterra se impuso por la mínima diferencia en 2002.
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El triunfo en Kansas coincidió con la noticia del deceso a los 89 años de Antonio Rattin, capitán del seleccionado que fue expulsado en el mundial de 1966 por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein, justamente frente a los ingleses. Aquel episodio ha sido un combustible de la rivalidad deportiva. Rattin se negó a abandonar el campo por varios minutos. «Animals», le gritaron. El fútbol se mezcla desde entonces con la política. Los ecos de la guerra de 1982 por la posesión de las Islas Malvinas no hicieron más que amplificar esa combinación, como si se tratara de cosas equivalentes. Los hinchas juran en sus cantos «no olvidar» a los «pibes» que murieron en aquel otoño austral. Esos cantos volvieron a escucharse en la madrugada de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina durante la fiesta. El sufrimiento y el goce son parte de una moneda de dos caras que otra vez se lanzó al aire para caer del lado correcto.
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