Los expertos urgen a planificar y a invertir a largo plazo para atajar la brecha entre ingresos y gastos durante la jubilación
Las dinámicas demográficas en España, con una caída significativa tanto de la tasa de fecundidad como de la de mortalidad con la prolongación de la esperanza de vida, llevan años modificando la estructura poblacional. En 2025, según el INE, la población mayor de 65 años supone el 20,72% de la población. En 2050, se espera que este porcentaje sea del 30,3%, un envejecimiento acelerado de la población que tensiona el sistema público de pensiones. Prepararse económicamente y planificar debidamente la jubilación resulta, dado el contexto, más importante que nunca para tener garantizada la autonomía y la estabilidad una vez llegada esa tan deseada etapa. Además, hay que tener en cuenta que sólo el 27,15% de las empresas cuenta con planes de jubilación para sus trabajadores y que para acceder al 100% de la pensión pública es necesario tener 37 años cotizados.
[–>[–>[–>Anticiparse y buscar maneras de complementar la pensión pública llegada la jubilación es «un ejercicio de responsabilidad», asegura Ferran Teixes, director general del Institut d’Estudis Financers (IEF), que remarca la importancia de empezar cuanto antes. «Cuando hablamos de finanzas personales, el factor tiempo es importantísimo. Es mucho mejor empezar muy joven ahorrando muy poco cada mes que poner mucho dinero en muy pocos años debido al interés compuesto, que hace que pequeñas aportaciones durante mucho tiempo acaben generando un volumen suficiente». Cuanto antes se empieza, menor esfuerzo y mayor capacidad de adaptación.
[–> [–>[–>Anticiparse y calcular el horizonte temporal
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El primer paso necesario para preparar la jubilación es calcular el horizonte temporal del que dispone para ahorrar. «No es lo mismo empezar a los 30 años que hacerlo a los 50. Igual que sucede cuando uno empieza a ir al gimnasio, es importante adquirir el hábito poco a poco y mantener la constancia.», expone Laura Rodríguez, directora del canal Bancaseguros de VidaCaixa, que remarca que «hay una gran diferencia entre disponer de 37 años para ahorrar a tan solo 17».
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Aunque sea complicado, hay que hacer una estimación de cuántos años se estará cobrando la pensión, es decir, planificar y poner cifras al futuro. Conocer tu nivel teórico de gasto y el estilo de vida deseado una vez jubilado te permite saber si con la pensión será suficiente o no, identificando así la brecha de ingresos. «Si entre lo que cobraré de pensión y lo que necesitaré gastar cada año tengo un diferencial determinado, debería tener ahorrado ese diferencial multiplicado por los años que espero vivir mientras cobre la pensión», expone Teixes.
[–>[–>[–>La tasa de sustitución media de las pensiones en España se sitúa en torno al 80%, una diferencia que suele ampliarse cuando los ingresos son elevados. Las personas con ingresos superiores a la pensión máxima, que se encuentra cerca de los 3.000 euros, «deben analizar especialmente cuáles son sus ingresos y gastos actuales, porque es muy probable que en el futuro exista una brecha significativa entre sus ingresos durante la vida laboral y la pensión pública que perciban».
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Llegar a los 50 sin haber planificado
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Aunque empezar a planificar cuanto antes es uno de los factores más determinantes, nunca es tarde para empezar a hacerlo. Eso sí, cuanto más tarde se empieza, más esfuerzos se deberán hacer y más importante resulta definir bien el objetivo y el tipo de decisiones que conviene tomar. «Esta situación no es la mejor, pero hay que pensar con calma. Hay que empezar a ahorrar de manera ordenada, aunque sea tarde, siempre que la capacidad económica lo permita. Mirar qué ingresos tenemos, qué gastos fijos tenemos, si tenemos patrimonio acumulado, si tenemos vivienda en propiedad, si tenemos deudas, etcétera. También hay que analizar qué inversiones tenemos y qué riesgo tienen», explica Teixes.
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[–>A cierta edad y en el corto plazo, hay que vigilar con las inversiones con riesgo, advierte el director general del Institut d’Estudis Financers. Llegados los 50 o 55 años, apunta, también hay que pensar en decisiones no financieras. «Plantearte si tienes que alargar o no tu vida laboral con fórmulas como la jubilación activa, la jubilación parcial u otras opciones que, de alguna manera, pueden ayudar a aportar recursos para afrontar la jubilación con más garantías y mantener cierto nivel de vida».
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Planificar para transformar la incertidumbre en previsibilidad
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Desde hace años, la planificación ya no se basa en un único producto, sino que los expertos recomiendan diversificar activos, productos y objetivos. «Debemos conseguir que las distintas inversiones que tenemos se vean afectadas de manera distinta por lo que pueda ir sucediendo en la economía y en las finanzas. Debe quedar un poco repartido, así evitamos que si la economía va en una dirección, todo caiga a la vez o que todo dependa de un único comportamiento», explica Teixes.
[–>[–>[–>- Tener objetivos claros
- Tener en cuenta la inflación
- Incluir renta variable a largo plazo en las inversiones
- Permanecer en el mercado
- Diversificar
- Adaptar la estrategia al ciclo vital
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«Desde nuestra experiencia, los productos con una asignación de activos ampliamente diversificada ayudan a mantener una visión de largo plazo y a evitar decisiones precipitadas impulsadas por los movimientos del mercado», afirma Rodríguez.
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Rodríguez defiende que «lo importante es mantener el plan: invertir con sensatez, hacerlo de forma sistemática, contar con acompañamiento profesional, diversificar y asumir que los mercados pueden subir y bajar». El objetivo, añade, «no es perseguir rentabilidades extraordinarias, sino construir una rentabilidad sostenible a largo plazo. Esta filosofía está muy presente en los denominados target date funds en Estados Unidos, productos diseñados para personas que tienen un objetivo concreto y un horizonte temporal determinado».
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Uno de los errores que Rodríguez identifica es no invertir mucho más en renta variable a largo plazo y estar preparado para afrontar los altibajos del mercado. «A largo plazo, con la renta variable, históricamente se acaba ganando. Esperemos que siga siendo así. Si yo empiezo a invertir en renta variable con 20 años y llego a los 70, durante esos 50 años habrá pasado de todo: subidas, bajadas, etcétera. Pero históricamente el resultado final de esas subidas y bajadas ha sido positivo», analiza Teixes, pues en el largo plazo, «el riesgo queda diluido«; no así en plazos más cortos de 10 o 5 años.
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Cómo elegir el producto adecuado
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Elegir el producto adecuado depende de las necesidades de cada persona, apuntan los expertos. «Lo que debemos buscar son productos que entendamos, que sean transparentes y que estén diversificados», aconseja Teixes. «También hay que mirar los costes y revisar bien las condiciones de las inversiones y de los productos. Y, a partir de ahí, adecuarlo un poco a nuestra capacidad de aceptar riesgo y, sobre todo, al horizonte temporal con el que estamos trabajando».
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Para analizar el producto que mejor nos encaja es importante analizar tres elementos fundamentales: la liquidez, la fiscalidad y la planificación y protección financiera.
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Los Unit Linked, fondos de seguro diversificado en español, son unos productos financieros que combinan una estrategia de inversión diversificada con una cobertura de seguro de vida riesgo. Es el caso del producto Valor Futuro 10 Unit Linked de VidaCaixa, que está diseñado para clientes jóvenes que desean planificar su ahorro para la jubilación mediante aportaciones periódicas, pudiendo elegir entre tres carteras de inversión adaptadas al perfil de cada persona. El producto incluye una cobertura por fallecimiento garantizada durante los primeros 10 años o hasta cumplir los 66. Existe la posibilidad de rescatar los ahorros de manera total o parcial en cualquier momento y sin penalizaciones.
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Con una aportación de 50 euros mensuales, una persona de 30 años lograría un capital estimado de 72.906 euros a los 67 años.
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Más enfocado a clientes a partir de 35 años, VidaCaixa recomienda MyBox Jubilación. Este producto ofrece la combinación de las ventajas de tres productos en uno: la fiscalidad de los planes de pensiones o EPSV, la liquidez de un seguro unit linked y la protección de un seguro de vida que cubre situaciones de invalidez absoluta permanente o fallecimiento. Este producto se caracteriza por favorecer las inversiones en renta variable en el largo plazo mientras que los activos de renta fija empiezan a cobrar mayor importancia a medida que se acerca la jubilación.
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El capital objetivo para la jubilación está protegido en caso de invalidez absoluta permanente o fallecimiento, mediante un seguro de vida incluido, que cubre la diferencia entre el ahorro y el capital estimado objetivo para la jubilación. En caso de ser autónomo, MyBox Jubilación Autónomos, cuenta con una ventaja añadida: el importe límite de aportación genérico de 1.500 € al plan de pensiones o EPSV se incrementa hasta 5.750 € anuales, pudiendo optar así una mayor reducción fiscal.
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Con una aportación mínima de 107,26 euros mensuales, una persona de 45 años tendría un capital ahorrado de 46.379 euros a los 67 años. Con una aportación recomendada de 203,70 euros mensuales, conseguiría un capital ahorrado de 88.120 €.
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Los seguros de vida permiten cubrir dos grandes riesgos, el fallecimiento prematuro y la supervivencia, entendida como la posibilidad de vivir muchos años y necesitar recursos suficientes para mantener el nivel de vida durante toda la jubilación.
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Este tipo de productos, como MyBox Vidacare 10, combinan un seguro de vida y de enfermedad, ofreciendo protección económica en caso de invalidez provocada por enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o demencia, Parkinson o la ELA. El seguro también ofrece cobertura de supervivencia a la invalidez, cobertura de supervivencia a los 90 años y cobertura de fallecimiento.
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Contratar Vidacare10 requiere una prima inicial de 5.000 euros y unas primas periódicas de unos 200 euros mensuales, invariables durante los diez años del periodo de pago. El producto ofrece una protección económica de hasta 60.000 euros brutos. En primer lugar, se abona un capital inicial de 30.000 euros cuando la persona asegurada se encuentre en una situación de invalidez derivada de falta de autonomía, como consecuencia de padecer una de las enfermedades neurodegenerativas previstas. En segundo lugar, la persona asegurada recibirá un capital adicional de 30.000 euros brutos pasados tres años desde la anterior prestación.
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