Es surrealista, está perfectamente alimentada
«Es algo surrealista, nunca en la vida me pasó esto. El mundo se acaba». Quien habla es el ganadero asturiano César Arruñada, al frente de la ganadería Arruñada, en Querúas (Valdés). Lo que le ocurrió el pasado domingo parece más propio de un malentendido de película que de una explotación ganadera del Occidente asturiano.
[–>[–>[–>Arruñada recibió una llamada desde una protectora de animales de San Cristóbal, localidad del mismo concejo donde se encuentra su explotación, con 40 cabezas de ganado. «Llegué a casa de trabajar y me dicen que tengo que ir a por la perra, que la acababan de decomisar por abandono».
[–> [–>[–>La protagonista de la historia es Tuca, una perra pequeña, ya veterana y sin raza conocida, que pertenecía a la abuela de Arruñada. Vive habitualmente suelta en la nave de la explotación, de 580 metros cuadrados, donde convive con el ganado. En un momento dado, probablemente durante un breve lapso en el que cruzó la carretera para acercarse a la casa de una vecina, alguien se la llevó al creer, erróneamente, que estaba abandonada.
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La dejaron en la protectora de San Cristóbal, a varios kilómetros de la ganadería. «Con los truenos de las tormentas de los últimos días la perra andaba nerviosa y se metía en el gallinero. Igual tenía algo de pluma o de suciedad y parecía peor de lo que estaba, pero estaba perfectamente. Está bien alimentada y no le falta de nada», defiende su dueño, que aún sigue sorprendido: «No doy crédito a lo que sucedió».
[–>[–>[–>Treinta euros para recuperar a Tuca
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Arruñada tuvo que desplazarse hasta la protectora y, según explica, tuvo la «suerte» de que un policía local que se encontraba allí le reconociera. Aun así, el fugaz «robo» le costó 30 euros, la cantidad que tuvo que abonar para recuperar a Tuca, que ya ha vuelto a casa.
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«¿La perra está flaca? No. ¿Está desnutrida? No. Es una perra de una ganadería, acostumbrada a estar con los animales, pero hay mucho desconocimiento«, lamenta.
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[–>No está del todo claro quiénes se llevaron a la perra, aunque en el pueblo existe la sospecha de que pudieron ser personas ajenas a la zona que interpretaron que el animal estaba abandonado al verlo suelto.
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Lo ocurrido en Valdés provocó la reacción de la Unión Rural Asturiana (URA), organización de la que Arruñada es vocal.
[–>[–>[–>Piden más prudencia
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«Resulta absolutamente inaceptable que cualquier persona, desconociendo por completo el funcionamiento del medio rural y de las explotaciones ganaderas, se considere legitimada para retirar animales de una propiedad privada por el simple hecho de verlos sueltos en una finca o una explotación. No se trata de rescates, sino de una actuación que puede constituir una apropiación indebida de animales que tienen propietario», sostiene la organización.
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URA asegura que estos episodios no son aislados, sino que se producen «con una frecuencia cada vez mayor», impulsados por «el desconocimiento del modo de vida en el campo y por una visión completamente alejada de la realidad ganadera asturiana».
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El mismo domingo también se produjo una discusión entre el propietario de otra ganadería del Occidente y varios turistas, que exigían un mayor control sobre unos perros que se encontraban dentro de una finca privada destinada a la actividad ganadera. «La gente viene a los pueblos, piensa que sabe y ve un perro suelto con las vacas y se asusta. Hace falta educación«, resume este ganadero.
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Según URA, «los perros de trabajo forman parte de las explotaciones, viven en ellas y están adaptados a ese entorno», por lo que reclama a las administraciones públicas, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y a las protectoras de animales que extremen la prudencia antes de dar por válidas denuncias o actuaciones promovidas por particulares que desconocen la realidad del medio rural. «La primera actuación debe ser siempre comprobar la existencia de propietario y el estado real del animal, nunca facilitar su retirada de la explotación», reclama.
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Por último, la organización agraria hace un llamamiento a la responsabilidad de quienes visitan el medio rural. «No podemos permitir que el desconocimiento termine convirtiéndose en un problema para quienes viven y trabajan en él cada día», concluye.
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