Estoy orgulloso de mis orígenes vascos, viví allí hasta los 15 años. Me gusta ir a ver un partido de pelota
Detrás del aire serio y la mentalidad extremadamente metódica de Didier DeschampsEl legendario entrenador que guió a Francia a la cima del fútbol mundial esconde una identidad cultural profunda y arraigada.
Aunque representa el éxito de la escuela francesa en el mundo del fútbol, el entrenador siempre se ha encargado de recordar al mundo que su carácter, su disciplina y sus primeros pasos en la vida se forjaron bajo el cielo de País Vasco francés.
Nació en Bayona en 1968 y creció en la ciudad de ánguloDeschamps nunca perdió la oportunidad de reivindicar públicamente de dónde viene. «Estoy orgulloso de mis orígenes, estoy orgulloso de ser vasco. Viví allí hasta los 15 años y tengo allí a toda mi familia. Me gusta ir a ver un partido de fútbol», declara abiertamente el técnico, hablando de los cimientos de su vida antes de la fama.
El límite cronológico que marca 15 años no es una fecha cualquiera de su biografía. Era 1983 cuando el explorador Jean-Claude Suaudeau descubrió el enorme talento táctico de este adolescente que jugaba en el Remo bayonés y decide reclutarlo para las categorías inferiores del FC Nantes.
Salir de casa siendo tan joven supuso un golpe a la madurez que, como él mismo reconoce, moldeó la resiliencia que más tarde le caracterizaría como capitán del equipo. Olímpico de MarsellaEL Juventus y su selección absoluta.
Didier Deschamps durante el entrenamiento con la selección francesa
Sin embargo, antes de que el balón de fútbol acaparara su rutina, el joven Didier creció inmerso en las tradiciones locales de su país. Su infancia estuvo fuertemente marcada por el polideporte y, de forma muy particular, por la pelota vasca.
En su entorno familiar y familiar era habitual verlo en el frontón practicando esta tradicional disciplina, pasatiempo que aún hoy, en sus raros momentos de desconexión, sigue buscando como espectador para reencontrarse con su juventud.
De hecho, en su antigua casa de Anglet colgaba una placa con la inscripción «Elgarrekin» (juntos, en euskera), claro reflejo del arraigo de su entorno. A pesar de pasar décadas en el centro de atención de las principales capitales europeas, el vínculo de Deschamps con Bayona permanece intacto. Su familia vive allí y regresa cuando el horario lo permite.
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