La dimensión humana de la IA
juanjo cano
Presidente de KPMG en España
14/07/2026 a las 10:02
La inteligencia artificial ha irrumpido en el mundo en un momento especialmente exigente para el tejido productivo. El entorno económico acumula una serie de tensiones geopolíticas y volatilidad en el comercio global. Vivimos en un período de incertidumbre, marcado por sucesivas crisis, que se ha vuelto aún más tenso con los recientes conflictos bélicos. En un escenario como este, la tecnología es un elemento disruptivo y una oportunidad para repensar qué tipo de empresa y, en un sentido más amplio, qué sociedad se quiere construir y sobre qué bases.
Un buen ejemplo de ello es la integración de la IA, que avanza con paso decidido, consolidándose como una herramienta que amplifica capacidades y genera valor, ya que permite automatizar tareas repetitivas y dedicar más tiempo a aquellas que son diferenciales y aportan más al cliente.
De hecho, según la última edición del KPMG Global Tech Report, el 65% de las empresas españolas ya generan valor de negocio a partir de casos de uso de IA y casi una de cada cuatro obtiene rentabilidad en múltiples casos.
La integración de la IA, sin embargo, no debe entenderse como una reducción de la dimensión humana de la empresa. A decir verdad, estos resultados no se habrían conseguido sin la acción de los profesionales de las empresas.
La tecnología es un elemento disruptivo y una oportunidad para repensar qué tipo de empresa y qué sociedad queremos construir.
En KPMG creemos que cuanto más peso tenga la IA, más necesarias serán habilidades como el pensamiento crítico, la reflexión o la creatividad para transformar las aportaciones de esta tecnología en resultados tangibles. Los equipos del futuro serán híbridos, pero el corazón seguirá siendo humano.
Un salto cualitativo
Nuestro gran reto como empresa en la que trabajan más de 6.400 personas es cómo hacer más humana la organización en un entorno caracterizado por la integración de la IA y el análisis avanzado de datos. Es aquí donde comienza a tomar forma la idea de la regeneración empresarial. No se trata de adaptarse a una nueva herramienta, sino de aprovechar este momento para dar un salto cualitativo. Regenerar implica revisar la estrategia, transformar la forma de trabajar y actualizar los valores que la sustentan.
En KPMG hemos lanzado un programa para formar a todos nuestros empleados en el uso de la inteligencia artificial. La iniciativa comenzó el año pasado y continúa durante todo este año. En total, hemos impulsado más de 140.000 horas de formación en IA. Es un proceso de renovación de conocimientos que tiene como objetivo mejorar la empresa en su conjunto.
Además de ello, hemos actuado como cliente cero en el despliegue de diferentes sistemas de IA, lo que nos ha permitido validarlos en entornos reales y asegurar tanto su fiabilidad como la calidad del servicio ofrecido. Y no sólo eso.
También hemos desarrollado un enfoque propio, KPMG Trusted AI, para ayudar a las organizaciones a utilizar soluciones de IA seguras, éticas, confiables y transparentes, incorporando el cumplimiento de los requisitos regulatorios y la gestión de riesgos tecnológicos.
La IA aporta escala y precisión; las personas dan responsabilidad, juicio y propósito
No podemos olvidar que la integración de la IA obliga a definir mejor cómo se toman las decisiones y cómo se garantiza un uso responsable. Y esto implica incidir en la formación de los profesionales, el desarrollo de marcos éticos que acompañen el despliegue tecnológico y la definición de controles que garanticen la integridad de los sistemas. Y la innovación por sí sola no acelera los cambios: estos elementos son necesarios para darle consistencia y forma.
También debemos recordar que la IA reconfigura el modelo de trabajo dentro de las organizaciones. La incorporación de sistemas inteligentes no se trata sólo de sumar herramientas, requiere reorganizar procesos y redefinir roles dentro de la organización. Nuestra experiencia demuestra que el liderazgo, la cultura y la gestión del talento determinan decisivamente los resultados.
Y por tanto, aspectos como la formación y la propuesta de valor de los empleados no pueden separarse de cualquier estrategia de integración de IA. Así se construyen equipos más implicados, con mucha más capacidad de adaptación y más alineados con un proyecto común.
Además, la dimensión humana de la IA también implica el impacto positivo que esta tecnología puede generar en la sociedad. Y esto va más allá de la eficiencia y la productividad: mejorar el bienestar y la salud, crear oportunidades de prosperidad o impulsar la innovación también probablemente alcancen nuevas alturas gracias a la integración de la IA.
Y precisamente estas oportunidades nacen cuando la transformación está sustentada en valores. De hecho, en un entorno competitivo como el actual, en el caso de las organizaciones europeas estos valores constituyen un elemento diferenciador.
Capacidades propias
Es un hecho que Europa se ha quedado atrás en la primera ola de digitalización de principios de este milenio. Pero es un error intentar alcanzar a otras potencias haciendo lo mismo que ellas. La clave será desarrollar nuestras propias capacidades apoyándonos en aquellos ámbitos y sectores en los que el bloque comunitario es más competitivo, como la agricultura, los procesos industriales o el turismo, y en aquellos en los que urge ser competitivo, como la sanidad o la defensa.
No sólo podremos hacer de la IA un motor de crecimiento, sino también una palanca para avanzar en la autonomía estratégica en un momento de crisis del multilateralismo y un contexto internacional más turbulento.
Pero seríamos muy ingenuos si no fuéramos conscientes de la complejidad de transformar nuestra forma de trabajar porque supone una nueva forma de comportarnos en la sociedad. Y hay quienes hablan de un impacto similar al de la Revolución Industrial.
Y para que este proceso desemboque en un escenario de beneficios compartidos será imprescindible seguir fomentando la colaboración público-privada y el diálogo entre agentes sociales.
En definitiva, lejos de enfrentarse, la tecnología y la dimensión humana avanzan juntas. La inteligencia artificial proporciona escala y precisión, mientras que las personas aportan juicio, responsabilidad y propósito. De esta combinación surge una nueva empresa, capaz de reinventarse.
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